28.10.13




....mira como te ves, 
estás más triste, 
estás más solo hoy 
de lo que estuviste ayer 
antes de perderlo todo,
hablando lo que se fue.


25.10.13

67. Soy

Una pared adornada con cartones. Un muro pintado de logros de los cuales en tu familia se sienta el orgullo cuan aroma perfuma una habitación vacía. Cinco años de estudios para que tus padres o tus abuelos, por ejemplo, vanaglorien sus referencias de mi a partir de mi título de pre-grado. Realmente, ¿eso es lo único que vale?, ¿eso es lo que seré?, ¿soy nada pese a lo nada que me siento?
El casi reglamentario pensamiento a alguien que comienza una carrera universitaria es "serás alguien en la vida", "con esto lograrás ser alguien". ¿Broma?, por ende, puedo afirmar, a partir de esos ideales, que realmente no soy nada ni nadie hasta que un cartón me defina como persona. Sé lo pésimo que soy como intelectual, sé lo que mi baja y paupérrima autoestima ha hecho de mi a lo largo de veinte años (veinte porque desde ahí tengo noción de existencia -recuerdos-), pero, realmente condicionarme a lo que un David futuro podrá ser diciendo que hoy es sólo un capullo sin inteligencia que está resguardado por paradigmas guiados por la irresponsabilidad de lo que muchos llaman flojera, ¿flojera?, yo siento que eso va mucho más allá, siento que ese concepto realmente se llama DESMOTIVACIÓN. ¿Hacia qué? Bien, en palabras de Alejandra Pizarnik, "El título y los medios. Medios para defenderme en la lucha con (contra) la vida, para que no me pisoteen. ¡Bah! Jamás voy a morir de hambre. Me entristezco. Soy un ser sin futuro. Me dejo llevar. Debe ser por eso por lo que amo las hojas. Sin embargo, debo estudiar para decir que estudio. De lo contrario no valdré nada. Mi madre quiere que estudie. Quiere que tenga un título. (Sonrío despreciativa.) ¡Qué me importan los títulos! Digo que quiero ser escritora. ¡Bah! Son cosas al margen dicen. ¡Al margen! Ellos no saben lo que es llorar sobre una hoja vacía y llenarla pacientemente con signos creados por una misma. Parece cola de magia. Llenar un cuadernillo que estaba desnudo y triste. Darle vida entregándole lo mejor que una tiene dentro." (Diarios, 2003)
 No saben. No saben que a lo que realmente quiero aspirar, no saben que ya no soy una ideología adolescente con la que pisoteaba la sociedad hace unos años. He crecido, lo sé, pero pese a eso no entiendo por qué no saben la raíz de la desmotivación. Mis investigaciones no radican dentro de aburridas cátedras sobre revoluciones latinoamericanas en el siglo XX, ni menos sobre el surgimiento de los personajes excluidos dentro de la hegemónica historiografía nacionalista, ¡nada de eso!, menos las luchas de clases que me resultan tan obvias, tan necesarias y tan aburridas. Sé de eso, no soy experto, lo sé,  pero le tomo el peso a mi intelecto cuando comprendo de ellas. Comparto el hecho de que debemos saber de todo, como me ha enseñado hasta el cansancio mi abuelo, hasta de lo que no nos interesa, pero no me hablen de flojera cuando me obligan a ahondar más en temas que la verdad no son de mi interés personal. Mis ramas académicas fotografían otros paisajes, otras miradas y otros contextos. 
Siento aquellas miradas menospreciables hacia mis conocimientos a partir de mi "flojera", o de mis ganas de masturbarme antes de estudiar el movimiento obrero de las fábricas textiles en Tomé. No miro en menos aquél conocimiento ni menos me siento superior al respecto, son las miradas casi ignorantes que aluden a visiones mediocres respecto a mi persona por mi escaso interés frente a ellas. Quiero escribir. Es lo único que tengo claro. No quiero la docencia. No comencé mi carrera aferrándome a ese sueño. No tengo la vocación para hacerlo ni menos las ganas de serlo. No me interesa.

Mi autoestima cada vez va en declive, mi vida personal cada vez es más y más compleja. Mis ánimos no son los mejores, lo sé, me esfuerzo en ser el mejor, pero realmente todo me sale al revés. 

Pese a mi crítica, pese a mi queja ahogada en el silencio de estas letras respecto a lo que es la visión clásica de una persona en el mundo académico, lo sé, estoy en crisis. Lo sé. Mi nihilismo aumenta cada día y ya poco trasciende el conocimiento que voy adquiriendo. Me empapo de él pese a no tener las mejores calificaciones, pero no necesito un sistema de números que evalúe lo que yo sé-que-sé, siento que la gente que espera calificaciones excelentes es realmente estúpida, sólo se esfuerza por una número positivo y no por lo que realmente aprendió al leer esas páginas. Aunque está bien, cada quién avanza con los zapatos que más les acomode, pero yo quiero verme bien, por eso utilizo siempre el tacón en mis zapatos bien lustrados de joven burgués. Da lo mismo cómo camine, pero siempre pretendo caminar bien, elegante y significativo, con clase y seguro de lo que soy y de cómo avanzo.

¿Flojera?
No, no es flojera. Sé que soy irresponsable en bastantes aspectos y mediocre en otros más, pero soy calculador. Maquiavelo afirma que los hombres en general juzgan más por los ojos que por las manos; porque el ver pertenece a todos, y el tocar a pocos. . . El vulgo se deja siempre coger por las apariencias. . . Y en el mundo no hay sino vulgo(El Príncipe). Vale decir que el juicio de los otros respecto a sus opiniones infundadas me son tan intrascendentes como cualquier materia que realmente no me importe; la conozco y la critico. Me aburro y sigo en busca de aquél interés que es el motor de mi existencia.

No me hablen sin saber de mi antes. No se refieran a David Latapiatt sin si quiera conocer lo que él sabe ni lo que él piensa. No menosprecien la experiencia porque realmente éste personaje trascenderá. Da lo mismo la baja autoestima, sé lo que soy, sé lo que valgo, sé-lo-que-sé y hasta donde puedo llegar. Da lo mismo que piensen que el (los) título lo es todo. 
Un militar no es bueno por la cantidad de estrellas que tiene en su uniforme, sino que es bueno por la forma y la inteligencia que tiene al pelear, aunque esté aún haciendo el Servicio Militar.

6.10.13

66. Éramos.

Somos más de lo que el mismo saber-pudo-saber aquél día cinco en esa cantina de aspecto deplorable, ayer se cumplió un año de la existencia de nuestro hoy, ayer, recuerdo tan lucidamente casi todo aunque ambos sabemos que no lo estábamos, ninguno de los dos sintió que esa noche hizo frío, ninguno de los dos se percató de la neblina o de los dedos congelados, ninguno de los dos sintió nada más que la presencia del otro, que el cuerpo del otro, las manos, las miradas que escapaban de la trascendencia, los ojos estaban tan cerrados que ninguno se percató de nada, nada importó, nada, no importaron nuestras penas; yo no estaba bien, tú tampoco, pero no lo supimos esa noche, aunque el diálogo sin importancia no se detenía, teníamos mucho de qué hablar, pero el alcohol nos tocó muy pronto. No fue en aquél momento en el cual realmente te vi, pero fue la primera vez te sentí, sentí tus dedos y besos que realmente me embriagaron aún más de lo que ya estaba, dedos y besos en círculos, bailando en la noche, en una noche que no tuvo sentido, una noche en la cual jamás pensamos un hoy.

Es un año, una fecha extraña y deforme, pero fue esa noche en la que unimos los destinos, nacimos de la casualidad del alcohol, de la casualidad de las lágrimas, de la casualidad de los desamores, de la casualidad de la nada misma que nos juntó aunque no de inmediato. Ambos teníamos que volver a caer para encontrarnos en el suelo por última vez, ambos debíamos besar a la persona equivocada, ambos debíamos sufrir por aquél cuerpo que nos abrazó pero que no tenía calor, un cuerpo que no trascendió, que se encontraba en el fondo de una caña  de vino y que al día siguiente no recordáramos por la resaca. 

Pasaron tantos nudos en la garganta antes de que realmente nos conociéramos, después de que nos besáramos, antes de que nos miráramos. Ya no recuerdo cuántos, no sé cuántas veces habré escapado de mí mismo e imagino cuántas veces también lo hiciste, sé cuán solos nos solíamos sentir. Cuán perfumados de tristeza éramos. El glamour de la desesperanza.
Un año del que recuerdo todo, del que no me arrepiento de nada y del que he aprendido mucho y llorado poco. 
No nos conocimos en el mejor momento de nuestras vidas, nuestros ojos aún tenían lágrimas secas y las marcas oscuras de la soledad que cubríamos con maquillaje, pese a eso seguíamos siendo apuestos. No me sentí feliz de haberte conocido, no me importó en lo absoluto dentro ese instante, sólo quería seguir bebiendo de tus besos y embriagándome con ellos después de haber fumado con mis dedos impregnados con las partículas de tu cuerpo. 

No me sentí feliz de haberte conocido ayer, pero hoy todo es distinto, hoy celebro aquella primera casualidad, hoy eres de mí y me siento feliz. Hoy no es igual que ayer, ya no hay lágrimas, ya no hay fantasmas, ya no hay dedos fríos ni ojos apagados, sólo cuerpos tibios y labios que son sólo para el otro. Te amo hoy, agradezco el ayer, ya que gracias a éste nos encontramos después de haber estado tan perdidos en el laberinto con un sólo camino. Un laberinto sin salida. Éramos y estábamos. Solíamos ser y estar. Un día ayer no fue igual.

No creo que haya sido casualidad que nuestros dos caminos se cruzaran en la mitad de ésta carretera que es la verdad, la mayoría de las veces sólo da soledad.

De pronto te amé. De pronto solíamos ser algo tan diferente que hoy sólo somos un recuerdo del ayer que vencimos. De pronto somos hoy, de pronto seremos mañana.













Gracias por ser mi mejor casualidad, mi mejor hoy y esperar el amanecer de nuestro mañana.


28.9.13

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...con la frente marchita, la nieve del tiempo la aclaro en mi sien.

27.9.13

65. Yo mismo.

                                                De mis vivencias las penas que oculto bajo una sonrisa, un cigarrillo en la mañana y no pararé jamás.  Acostumbro tanto a fumar como a sonreír para esconderme a mí mismo, ese David que habita tras una mesa en donde la luz no le llega, ese David que sólo éstas palabras escribe, ese David que llora en silencio por cada día de vida esperando el climax de su existencia. 

                                                Nada, no reprocho nada, he aprendido de ideales y sonetos, he aprendido de fábulas y cuentos, he observado las estrellas con recelo y envidia por su brillo eterno. No reprocho el silencio de una mirada ciega ni el aullido elegante de historias oprimidas (¿o suprimidas?), no reprocho nada, sólo lo que no tengo y no conozco, sólo lo que no beso ni miro, lo que no lamo y conozco, lo que no he leído ni visto. No reprocho más que lo que no he tenido. Por eso leo y observo, para sentir que alguna vez he sido algo más que nada. 

20.9.13

64. Ropero.

                                      (...) Sobre el pasto sus ojos miraban al cielo, pero su boca me hablaba sin distancia y su mente se alejaba a aquellos años en los que las arrugas sólo eran algo distante. 
Sus canas brillan al sol y sus párpados se achicaban al momento que sonreía. He escuchado historias sin fin pero creo en setenta y cinco años la eternidad ya existe. Él trabajó en FFCC del E. Él viajó en ferrocarril
como polisonte desde la infancia; él no tuvo infancia. 
Sus ojos risueños como sus arrugas también poseen la tristeza de la experiencia. Pienso que los años nos vuelven cada vez más tristes y expertos en la vida, pero cada vez nos volvemos infantes al momento que el cabello se colorea a blanco. No me detengo a parpadear pero pienso que necesito una grabadora para inmortalizar las voz de sus palabras, no quiero olvidarlas jamás aunque sé que jamás lo haré.


                                       Él es un hombre acorde a sus años, su pensamiento es bastante culto para tener una educación entre árboles (la cuál entre vinos y aire puro me ha infectado para bien), no juzgo sus actuares sino que pretendo e intento comprenderlos, es difícil ya que soy de valores impuestos, pero lo hago porque él mismo me enseñó unos cuantos de esos.
Su presente fue mejor en el pasado cuando sus arrugas no habían atacado sus párpados cansados, sé que él trabaja desde los seis años y sé también que él hasta su último día mirará sorprendido aquellos árboles que lo han acompañado desde infante, solitario.

 Orgulloso estoy de mi abuelo que cada día me enseña cómo vivir, orgulloso de cada palabra que orienta mi futuro a una mejor madurez, quizás enmendando sus errores, aunque creo que es más bien con el pensamiento que aprendió entre los bosques, entre los ferrocarriles y su arquitectura, entre agriculturas y paisajes. Aquél pensamiento ha construido gran parte de lo que ahora soy, gracias a ese pequeño hombre soy más grande, a él le debo la responsabilidad y la poesía, a él le debo la experiencia de las nubes y la rosa de los vientos, a él le debo los kilómetros que recorro y los latidos de mi corazón cuando viajo en ferrocarril. A él le debo mi vida que gracias a él los mapas son mis recuerdos.

Aún en el pasto hablándome sobre su vida sin perder voz ni letras. Yo veo sus ojos brillantes y pienso que él siente los míos, pienso que soy el único que alguna vez ha oído (todas) sus historias de su presente en el pasado. Sin vino, sólo cigarrillos, sólo yo preguntando y él respondiendo alegre como describiéndose desde el pasado hacia el futuro, jamás perdiendo aquella chispa que a sus ojos alumbra, sólo él al desnudo mientras su nieto es el fiel testigo de su vida.
¿No te das cuenta?, tu alma es demasiado joven para tu cuerpo que día a día se pone lento, tus ojos siguen brillando como en aquellos dorados años cuarenta, pero de repente no sabes hacia donde tu mirada observa.  Aún se reflejan aquellos campos inhóspitos que tus pies descalzos recorrían de niño cuando viajabas de un lugar a otro sin saber dónde ibas; tu mirada arrugada y altanera, culta y sensible.


                                         Desearía escribir su historia pero soy egoísta, sólo yo quiero conocerla porque siento que nadie se ha sentado como yo a fumar y escuchar la voz sincera del brillo de sus ojos mientras sus labios sonríen cuando de repente cae una vergonzosa lágrima.
¿No te das cuenta?, con tu experiencia los vacíos ya están llenos y el cemento no se quiebra. Los puentes siguen de pie. Los trenes ya no son los mismos que tú mirabas desde abajo hace años, pero  recorren las mismas vías en las que tú arreglaste lejos de tu familia, con frío y hambre, sed y calor, solo con tus ideas de un mundo mejor, solo con ese corazón pobre que bajo el sol trabajaba para que el pan jamás faltase.
  
Mi abuelo, mi amado hombre, mi ejemplo, el que me enseñó el amor por el vino y de su sangre el de los ferrocarriles. ¿Cuántos trenes él vio con admiración desde los andenes o suelos mientras él vivía?. Aquellos trenes que tanto amo y estudio son los mismos que hasta día de hoy ve desde la puerta de su casa en silencio, junto a sus recuerdos, su vida entera. No dejes que el brillo de tus ojos apague la luz de tu alma, no te opaques ni apoques a una caja de madera, aún tienes muchos pasos para dar.



5.7.13

63. Sangre

"La sangre correrá igual", yacía escrito entre mis hojas vacías que se llenaban de tinta al mismo tiempo que la lluvia golpeaba fuertemente mi ventana, en el mismo instante que el viento sacudía y desnudaba aquellos árboles que ya no eran de otoño. No sabía qué más escribir porque las gotas parecían cristales pegados al paisaje. Triste. La mano temblorosa comenzó a moverse cuando el corazón volvió a latir. Aquella oración que ocupaba el primer párrafo de mi escrito  comenzó a complementarse poco a poco, letra por letra en cada segundo, a través de esos segundos que ahora son minutos, que, remontándose al pasado no pisado, de un momento a otro trasciende dentro del presente.

Juglares cantando en silencio bailan al ritmo de un corazón que late. La luna yace impune e incolora, el planeta da la vuelta tan rápido que el refugio que construimos entre las sábanas es práctico; no avanza el reloj cuando te acuestas en mi pecho y yo beso amoroso tu frente. Tu brazo me amarra aunque no deseo escapar, tu aliento respira dentro de mi aliento después de que las estrellas son cubiertas por nubes de lluvia. Tu nombre es partícula, partícula que de forma de sudor ilumina mi rostro entero y juntos somos luz, dentro de nuestras bocas, dentro de nuestros cuerpos que siguen danzando sin plañir.

Somos envueltos en pieles vivas, un rompecabezas de terciopelo azul se arma. No sé si sigue lloviendo, o si volverá a llover, el invierno abyecto es noble para los que gustan de un buen café y un paisaje verde. Abrázame. Sigue. Ahora fumaré a destajo.
No sé qué pasa afuera, no sé si hay más nubes grises a punto de explotar ni la hora que verba el reloj, sólo sé que nuestros corazones bombean la misma sangre cuando me tomas la mano. Luego te miro y existimos. Luego te beso y me abrazas, luego aprieto mi cabeza contra tu pecho  como si fuese ayer, hoy, queriendo hacerlo mañana y pasado, hasta que nuestros corazones dejen de latir. 
"La sangre correrá igual", pero al unísono, al mismo tiempo, hasta que, como un cerezo, florezcamos junto al sol. 

10.5.13

62. Un día ayer



Fue un día ayer que presente hoy se mantiene entre mis ojos, la esencia entre mis dedos es mañana lo que conservé desde ayer masticando entre mis dientes las partículas de tu cuerpo, que aún están entre mis poros. Tu perfume, tu sudor, tus caricias y tus sonrisas, eso recuerdo y eso siento, eso conservo y sonrío al respecto.
Son dos meses de cerros que tenemos que subir y bajar con bastante peso sobre nuestras mochilas, de repente nos cansamos, pero siempre estamos en la hora de volver a nuestra hostal, siempre queremos volver a vernos viéndonos en cada instante que pasa en el reloj. Te llevo en mi piel, dice la canción, mi corazón haz sabido cuidar, digo yo. Aquellas partes ya rotas que antes estaban desquebrajadas en invierno y primavera has sabido pegar, hoy por hoy creo que llevas un buen trabajo, casi una obra de arte, pero falta; no te preocupes que estoy ayudándote. Juntos pegando aquellas partes de corazón roto con algún pegamento inquebrantable que fabricamos nosotros mismos, juntos escribiendo aquellas frases de amor que despiertan a esas libélulas danzando en el estómago, que a su vez, cristalizan los ojos que reflejan nuestro cuerpo mutuo. 


Fue un día ayer caminando entre árboles  pisando adoquines sin caernos, fue un día ayer que el cielo celeste contrastaba con las hojas amarillas, casi anaranjadas, con nuestros zapatos bien lustrados, pisándolas sin piedad mientras que los grises edificios nos miran con recelo cuando sentados en la banca verde nos encontramos fumando un cigarrillo, yo, mientras me miras esquivando el humo que se dispersa entre más humo de la ciudad de Santiago. Son dos meses de caminatas y lágrimas, de sonrisas y orgasmos en los que tengo la tetera puesta para que tomemos desayuno para que conversemos sobre eso, y lo otro, o eso mismo que pensamos sobre lo otro. Quizás una monarquía, quizás un príncipe o el rey con sus esclavos; somos tan académicos como amantes dentro de la cama infinita como diccionario, somos tan grandes como pequeños entre verborreas infantiles o diálogos profesionales que concluimos con aquél beso fugaz que conlleva a mirarnos por tanto tiempo como pasto en los bosques que conozco. 

Lejos ya están nuestros paisajes pasados, lejos ya están aquellas sensaciones que los esquemas juveniles condicionaban nuestra existencia, pero presente está el presente que vivimos en cada momento, estamos tan cerca de nosotros mismos que nuestra presencia pone la mesa del desayuno con un café bien cargado y un pan con huevo revuelto mientras pasa el tren a lo lejos; te prometo que después te llevaré a verlo, sólo termina tu café.
Fue un día ayer, mi amor, un día ayer que dejé esas heridas atrás para poder caminar junto a ti, fue un día ayer cuando comencé a sonreír como jamás creí que volvería a hacerlo. Escribimos nuestros ojos a favor de lo que hemos llevado sintiendo entre tic-tacs del reloj que no ha parado de sonar desde que te vi. Gracias por el día de ayer, gracias por el día de hoy, sigamos entre adoquines, sin caernos, hasta mañana. Estamos en la hora de llegar a nuestra hostal. 
 

7.4.13

61. Afortunado, aunque no esté de moda



Como si ya fuera una costumbre ritual el otoño colorea las calles de la aún calurosa metrópoli, dándole a ésta una melodía silenciosa, monocromática, y desgastada pero ya no solitaria como en aquellos alfabetos tristes que inventé por mucho tiempo. No temo al otoño ni menos a la lluvia, no temo a sombras húmedas ni a adoquines grisáceos pisados por mis botas negras. Camino y avanzo.
Todo lo que alguna vez  importó  se esconde en el mismo lugar por donde el sol se acurruca; donde el frío comienza y las nubes se oscurecen, pero no tengo nada más que perdonar solo las huellas que he pintado y conocido a través de mis largos viajes por distintos cielos sin límites. A partir de ese momento deberé contar lo mucho que he visto, lo vívido que me he sentido, y lo nítido de mi presente. Debo contar que desde hace mucho que no sonreía sintiendo desde el fondo de mí mismo aquella felicidad intoxicada de recuerdos que me limitaba a observar. 
El otoño aún no llegaba en ese entonces pero no importó tanto en aquellos momentos, caminé de dos formas y en dos sentidos, ésta vez no fue como estaba acostumbrado a hacerlo, sino que ésta vez no andaba solo. Éramos dos solitarios, amargados, e infelices entes caminando juntos con el corazón destruido, sólo éramos conscientes que el desconocido sur nos esperaba y el viento nos desnudaba. Cada paso hizo que conociéramos nuevas experiencias en nuevos sitios, maravillosos sitios manteniéndonos insomnes ante paisajes de luces y árboles verdes, araucarias altas y lagos celestes, niebla espesa, ferrocarriles a vapor y arquitectura vieja. ¿Recuerdas?. Vivimos una realidad onírica la cual nuestros pasos eran la brújula que al amor aumentaba la intensidad. Cada día añoro aquellos recuerdos, cada día pienso que el abandonado Hotel Marsano en Temuco me unió aún más a tu cariño. Juntos hicimos que el avanzar por dentro de la geografía derribara nuestros propios límites; cada día tomamos nuestras manos más seguros de lo que sentíamos. La niebla era espesa pero podíamos vernos. Los techos eran altos pero aún así alcanzábamos a  mirar por las ventanas hacia la cordillera. 
Nuestros pasos nos acercaban alejándonos del punto de partida, cada beso y caricia me hizo tocar el presente y sentirlo tan real que por algunos momentos desconfié de su veracidad. Me estremecí, mis huesos se calentaban y mis músculos se relajaban; hace tanto que no me sentía tan vivo dejando atrás mi piel gastada. Jugaste a unir mis trozos destrozados, fuiste silencioso y coqueto, lo hacías mientras dormía. Al despertar me sentía fresco y libre. Cuando dormías hice lo mismo. 
Llegamos al destino que quisimos dentro del mapa y lo adornamos con besos y errores, lo coronaste con aquella etiqueta que me aterraba pero nos definiste tan bien que lucíamos muy guapos juntos. Te quise hasta el día de hoy y hoy te quiero aún más, te deseo desde el primer día y mastico tus deliciosos labios sin cansarme nunca. Me he aferrado a tus manos como tú a mis ojos, me has sentido seguro borrando aquella inseguridad a la cual ambos estábamos acostumbrados, hemos llenado de sonrisas la noche y hemos recurrido al alcohol no para intoxicarnos en lágrimas, sino que para compartir juntos una realidad diferente y colorida.
Aquél viaje me hizo conocerte y conocerme, quererte más sin dejarme de querer un momento, agradecerte los pasos y las huellas que temerosos marcamos por adoquines y caminos de tierra, entre árboles y nubes, mojándonos en la lluvia o en un río en San Rosendo bajo un puente. Besándonos frente al Calle-Calle en Valdivia o extrañando nuestros cuerpos  en Lonquimay. Eres más de lo que pensé que serías, eres más de lo que pedía y me llenas de hojas de otoño que pisamos juntos con nuestros lustrados y elegantes zapatos. Agradezco los paisajes porque entre ellos abandoné una pena que volaba cada día, una pena con nombre y apellido que ha quedado atrás en el andén de la estación mientras nosotros abordamos el tren hacia el presente.

Agradezco nuestro primer mes, nuestro mes de etiqueta y canciones bonitas, de fruta y té. Somos afortunados porque nos tenemos, somos afortunados aunque no esté de moda. Me has sanado y yo te quiero, ahora tomaré tu mano más fuerte y sé que no soltarás la mía. Aún quedan paisajes, guardemos pulmones para gritar fuerte, ya que también, quedan muchos momentos para sonreír. 


Gracias. Hoy quedamos los que puedan sonreír.


20.11.12

60. Metáfora de un perfume

Las luces de una ajetreada ciudad, tenues, oscuras y nuevamente tenues pero ésta vez en movimiento se difuminan entre cada edificio de cada calle haciéndose tentadoras y a veces atractivas. Caminando, sin camino detenido en el centro mirando el anochecer estoy. Mirando los pasos de la gente estoy. Parado, inmóvil e inmerso en el tic-tac monótono de los segundos en los que observo los pasos de la gente estoy. Pero ésta vez me muevo, de repente mis pies comienzan a tambalearse y a generar su propia corriente para crear huellas vacías; ésta vez salgo del trance y de la monotonía anterior para caer en la siguiente, comienzo a avanzar y a sentirme cautivado por el movimiento hipnótico de las calles de Santiago al momento de anochecer, poco a poco, lentamente. Los personajes ésta vez son totalmente diferentes que en el día, la homogeneidad de las caras y el constante movimiento de los pasos atiborran de silencios las luces que se difuminan entre cada edificio. Ésta gente en sus ojos no tiene brillo particular y aparentemente lucen extrañamente vacíos por dentro, de la misma forma que una hoja de otoño arrojada en la acera o una planta cualquiera moviéndose al compás del viento. 
No escucho mayores ruidos ni veo grandes formaciones, no siento mayor alegría ni menor tristeza, no distingo lo bueno de lo malo, ésta vez en la ciudad todo se transforma en una ameba que deambula sin sentir ni avanzar, sólo está ahí moviéndose sin rumbo, sólo está como yo estoy, sólo estoy como ésta está; Nada.

Nada, no siento nada mirando la nada pero debo admitir que el silencio me atrae y cautiva, me hace danzar dentro de la misma soledad que siento bajo estas luces semi-amarillas olvidando por completo que nadie está (ni estará) allí. De vez en cuando la ciudad camina junto conmigo hacia algún parque para fundirme en un paisaje desconocido, de vez en cuando sentado en alguna fría banca de fierro verde recuerdo que soy una figura omnisciente del silencio y un personaje de algún recuerdo tal vez lejano y ya olvidado, de vez en cuando miro la herida de mi brazo que describe mi corazón ensangrentado en una frase suicida, de vez en cuando mis ojos se empañan con agua y las luces se hacen más bonitas y el silencio se destaca aún más en lo profundo. La nada de la nada dentro de un todo en donde no hay nada. Ese soy yo sentado ésta vez en una fría banca de fierro verde, no sé qué ni a quién espero, no sé por qué espero ni menos sé por qué me embriago tan rápidamente con movimientos tan hipnóticos, como pasos y miradas vacías. No siento mayor alegría ni menor tristeza, sólo voy desapareciendo poco a poco en el vacío que expongo en mi mirada, en el vacío que siento de la esencia, en el cigarrillo que acabo de pisar al terminar. 

Cigarrillo en mis manos perfume entre mis dedos. Vuelvo al letargo del camino pero ésta vez ciego ante perfumes heterogéneos que iluminan las huellas que voy dejando atrás, cada perfume (muy diferente el uno del otro) esconde la historia de su autor, cada perfume me envuelve de distintas sensaciones: Asco, repulsión, amor e interés. No distingo las unas de las otras pero me es fácil alejarme cuando éste hace picar mi nariz. Ésta vez he sentido algo distinto. Ésta vez he sentido algo tan distinto al resto que me resulta tan familiar como el vacío en mi mirada. Hace mucho tiempo me pasó lo mismo y ya convivía con aquél silencio que tanto me caracteriza, hace mucho tiempo me pasó exactamente lo mismo y mis ojos reaccionaron de la misma manera: Caminaba ya más de prisa saliendo del subterráneo queriendo respirar y sentir un poco de aire, continúo con el ritual de observar los pasos que la gente despecha una y otra vez, continúo mirando las luces tenues semi-amarillas cuando un puño golpea mi rostro; Aquél perfume, aquél maldito perfume que tanto amaba se hizo presente en el mismo lugar que hace ya mucho tiempo. Inconsciente y totalmente embriagado comencé a buscar al portador de la esencia, inconsciente y destruido busqué y caminé por horas sin dejar de oler y masticar esas partículas que ya antes había devorado. Me detuve y la razón fue la que abrazó mi pena. No seguí y la luz verde del semáforo ya teñía aquella mirada perdida que adornaban mis pestañas. No supe qué hacer más que tomar mis propias manos para detener el temblor que en ellas se sentían. Sólo caminé y caminé mezclando colores en las huellas junto a  penas y odios, odios que conllevan a la pena y el perfume, ese perfume que sólo terminó destruyendo lo bueno que alguna vez hubo en mi. 

Erase una vez  en una ciudad con luces tenues y oscuras, en una ciudad nocturna adornada de movimientos monótonos e iguales en donde a veces existen frías bancas de fierro verde perdidas entre árboles: un yo inmortalizado por pasos en vano y descoloridas huellas aplastadas por el silencio de mis ojos vacíos. Un yo que viaja a su casa y tiene una aventura fantasiosa, un yo estancado en la nada de un todo, sólo un yo, perfumado y maldito, pálido de sensaciones y con esencias incoloras dolorosas. Un yo que acaba de apagar su cigarrillo para intentar continuar el camino. Intentar, otra vez.

8.11.12

59.

Dentro de la vida existen muchas etapas las cuales también se dividen en etapas, éstas etapas también están divididas por etapas que son procesos de varias otras etapas ya avanzadas, pero, al retroceder cambian las etapas y aumenta la dificultad. Presione OFF. Vamos otra vez.
Sí, sé que me pierdo entre tanta teoría absurda que construyo para satisfacerme a mí mismo, pero qué más da, me gusta llenar los espacios vacíos con mierda para no acumular tanta materia que a finales me hará daño. No sé por qué, prefiero así, creo que estoy mejor así, creo que soy mejor así.... No lo sé. Últimamente me he cuestionado y he puesto en duda mis procedimientos, dudo haber errado en algo sólo es que ya nada me llena como quisiera satisfacerme, ya nada es lo suficientemente atractivo para que me cause sorpresa, siempre es lo mismo con distintas personas: Palabras que conllevan a una cita, una cita que conlleva a un par de tragos, bastante risa y un poco de contenido entre conversaciones (interés), luego a la cama para después vestirse y regresar a casa. Posterior a eso me aburro y como prostituta hago pasar al siguiente candidato. Mismo proceso, diferente persona, misma mirada, igual sexo. Sin orgasmo. Acabar, limpiar y volver a empezar. 
Ya la gente no trasciende después de la cita o la cama, termino aburriéndome tan rápido como film latero de Tim Burton, creo que los detalles carecen de detalles y las miradas carecen de brillo. Admito que no me falta  gente para satisfacerme, todo lo contrario, pero ya la monotonía de jugar con ellos para saciar mi ego ya se tornó aburrido. No sé si quiero a alguien que trascienda, en todo caso, no sé si quiero conocer a alguien que  después del sexo me haga sentir "algo". Quizás existe un escalafón tan alto que nadie podrá alcanzar, o quizás el escalafón es tan simple que todos se esmeran en reproducir e intentar ser mejores; Fracaso. O sea, yo no fracaso porque siempre soy el que gano, ¿saben por qué?, porque la verdad no me deslumbran. No me siento despechado ni contengo un odio hacia el mundo que me inquiete ni perturbe, no soy (tan) misántropo, ni tampoco espero que el "amor de mi vida" vuelva hacia mí otra vez (ya perdí las esperanzas, debo admitir), sólo que ya siento que es tan absurda la rutina de conocer a alguien que al final todo termina siendo una pérdida de dinero y a veces tiempo. Avanzar.

Siento que pese a todo he estado bien, siento que recordar gráficamente aún sigue siendo un hielo en la espalda, pero a pesar de todo estoy de pie, cada vez me siento mejor conmigo mismo tal y como un buen abrigo en invierno, o como una prenda que te haga lucir más delgado (que por cierto, estoy más delgado). Soy cada vez mejor en algunas áreas y espero mejoras otras. La perfección si existe chicos, cada día es un paso hacia ella y yo ya me puse en camino, cada meta cumplida es un salto. Ahí estoy yo, en camino, sé que llegaré pero no me apuro aún. Quizás algún día elimine mis propios escalafones, quizás algún día aquella mancha de vino tinto salga de mis pensamientos y ya no te sienta, pero lo que es seguro que no te extraño, sólo extraño cómo me sentía cuando estaba contigo.
Acabar, limpiar, volver a empezar... Avanzar.

29.9.12

58.

Una vez hace no mucho tiempo una chica le dijo a mi pena: "tú no puedes seguir llorando, tú no lloras más. Es obvio, ya todas las lágrimas que derramaste fueron suficientes, fueron todas, todas y cada una fueron todas y ya no quedan más". Eso no me hizo sentir mejor pero creo que tranquilizó aquella tristeza que lucha por exteriorizarse. Le encontré razón y sólo he llorado en casi-ninguna ocación.
Dicen que el tiempo es el que cura las heridas, yo pienso que el alcohol de forma desmesurada es el que poco a poco ahoga cada milímetro de los infinitos centímetros que heridos habitan e infectan "lo que queda de mi". Quizás sea una manera patética de abordar la vida y sin duda lo es, pese a ello admito que entre cada vómito derramado una partícula de dolor cae por el escusado.

Mi corazón está cansado de bombear la sangre que cada vez más fuerte aquél músculo distribuye por mi cuerpo al momento de aparecer aquella imagen tortuosa en mi cabeza.

Mi corazón está cansado de bombear aquella sangre contaminada de eso que llamamos vulgarmente y tan descuidadamente "amor".

Ya no hay lágrimas pero a veces se extrañan; aquellas eran el único desahogo que tenía, hoy por hoy sólo tengo palabras tan trilladas y dolorosas que tengo el deber de escribir aquí.



28.9.12

57.

Prefiero ante bombas el silencio, discrepo con las palabras cuando sólo destruyen lo poco que queda de una persona.
Simplemente creo que hay personas que lucen mejor entre recuerdos brillantes que en realidades llenas de zarzamora (sí, pinchan fuerte).

Mi ego se destruye cada vez que recuerdo lo que no tendré nunca más, cada vez que siento las frases que escribo. Sólo soy palabras, sólo soy frases encuadernadas, sólo tengo mi frío ego.

23.8.12

56. Cielo Glamoroso

Cielo glamoroso. Días gloriosos. Así se define cada gota que se desliza por entre mis pómulos fríos, así se caricaturizan aquellos pasos inertes que doy de allá para acá y de allí para allá. Es innovador, -la lluvia me hace feliz en un modo extraño. Sonrío. Sigo caminando y mis pasos siguen siendo inertes, siguen siendo parte de aquél momento, de aquél agosto lluvioso, de aquellos días glamorosos de lluvia, sólo lluvia, sólo silencio, nada más que eso, sin extrañar el sol ni las hojas que caen.
No me detengo en ningún momento pese a tener ganas de hacerlo, no me paro en medio del centro a sentir el agua caer en una sola línea recta, quiero hacerlo, no quiero llegar a casa, sólo quiero silencio, no quiero palabras, no quiero miradas, no quiero ladridos, no quiero palabras. Me mojo. Mi chaqueta de gamuza está empapada, ya el color "vino" es más oscuro al igual que el paisaje, sólo veo luces danzar, sólo me veo a mí mismo caminando inerte, me veo a mí mismo pisando las posas de agua sin intentar evadirlas. Mis zapatos son grandes y no se inundan. Sonrío. Camino y camino. Pienso y camino, en realidad no pienso, sólo siento y siento que estoy solo en aquella calle húmeda, no me molesta, sólo no quiero llegar a casa. A veces la gente se humedece y se pudre, a veces siento que me he preocupado tanto por evadir la soledad que pensar en ella misma me reconforta, anhelarla me reconforta; quizás ella sea la única mejor compañía, yo mismo soy la mejor compañía y no me molesta, sólo camino inerte bajo la lluvia, ésta vez las personas pasan como luces en un semáforo; tan irrelevantemente coloridas, tan ridículamente alegóricas. Es avasallador, son avasalladores, pero no me molesta, sólo son gente, pienso que deberían disfrutar la lluvia y la soledad, no es tan malo después de todo sentir compasión por uno mismo, el ego nos mueve, el ego nos condiciona, sin ego no disfrutaría la lluvia, sin ego me preocuparía de las personas, sin ego no sería yo mismo, sin ego no usaría bigote. 
Hoy el Cielo Glamoroso se estanca tal y como me gusta, hoy no caen rosas rojas, sólo está gris e inerte, sólo está cubierto y húmedo en agosto. Hoy soy palabras, mañana seré nuevamente el chico del bigote, hoy soy todo lo que dicen de mi, ya que, sólo me compongo de palabras incoherentes y vacías, no me molesta, sólo camino bajo la lluvia tranquilo, nadie me conoce y espero que nadie logre hacerlo, estoy tan encerrado en mi amor por la lluvia que las palabras no llueven, sólo se deslizan y caen rápido, no son bonitas, ésta vez parecen rosas; son reales pero no viven más de un día, luego se dejan de lado.




¿En qué minuto dejó de importarme tan poco la gente?, ¿en qué momento del día comencé a amar más mi soledad que el deseo de evadir la realidad?. Ésta vez no sonrío, sólo disfruto la lluvia, sólo tatúo mi brazo marcando los recuerdos con una frase suicida. Muerte. Amor. Muerte otra vez. Ya no hay tanta lluvia que distraiga mis pensamientos ni tanto amor que se manifieste entre mis letras, no caen las suficientes partículas de perfume que pueda masticar, ya no hay tanto silencio pese a que eso es lo que necesito. Cielo Glamoroso.



Ya mis días son incontables. A veces pasan rápido y el otro se detiene, mientras que el siguiente o subsiguiente es fugaz y ligero. Un, dos, cinco, siete. Tres, seis. No hay orden, no hay sueños, no hay anhelos, sólo días en los que escapar es necesario, donde adornar mi pálido rostro con lluvia es más trascendente. Donde desarmar mi peinado "a lo James Dean" con el viento es más cautivador que el mismo hecho de hacerlo. Vuelvo para desear irme. No hay nada malo acá, la comida siempre está caliente y mi habitación con la neblina habitual. Mis pasos son más veloces pese a que no quiero seguir, sólo quiero detenerme, disfrutar la lluvia. La comida está caliente y me esperan. Yo sólo quiero caminar, yo sólo quiero desquebrajar mis ojos en silencio, contaminar mis pulmones y seguir, tal y como lo he hecho por meses, sin importarme nadie. Yo. Siempre yo. Sólo yo. 

¿En qué minuto la gente se volvió tan irrelevante?, ¿en qué minuto me volví tan desagradablemente solitario?. ¿Por qué perdí mi bigote?. 
Siempre habrán preguntas que no tienen respuestas, siempre habrán minutos en los que prefiero estar solo. Nunca hay que confiar en los muertos (experiencia propia), nadie debería hacerlo, el ego no lo permite. Nunca habrán silencios acompañados ni soledad triste. Mi bigote crecerá en algún momento y la herida de mi tatuaje sanará aunque su significado realmente diga lo contrario. Vida. Sonrío.
No estoy triste, no soy triste. No busco que me entiendan ni que me acompañen, sólo busco silencio. Sólo busco que las palabras de "Las Olas" (V.W) no me lleguen tanto. No estoy triste, sólo estoy muerto. Sólo camino bajo la lluvia en un día de agosto que no pasó tan de prisa, un día de agosto que no tuvo mucho que contar, un día de agosto húmedo bajo un Cielo Glamoroso.





12.7.12

55. Vivir (para) Siempre

Ya los días difieren los unos de los otros, las palabras sólo son silencios que ocupan espacios vacíos dentro de aquellos instantes en los que estoy recostado junto a la excelente y única compañía de mi amado y solitario cigarrillo. 
He visto la poesía de la lluvia durante estos días, he visto las siluetas que merodean los alrededores de los "bosquejos de gentes" que sustituyen a las personas (en sí), sólo entre la lluvia las partículas de miedo se ahogan y esconden; Ya quizás no tenga tanto miedo, ya quizás no tiemblen más mis manos, pero la lluvia en mis ojos aún sigue latente y esporádica, fría y silenciosa, catastrófica y tranquila, tal y como en la ciudad en la que caminan mis pies. 
He escuchado canciones que me describen, he escuchado canciones que me pasan a llevar (sin querer), he bailado con lágrimas en mis ojos pero con una sonrisa que pocas veces se detalla entre mis labios, esa sonrisa que quizás en qué cigarrillo habrá quedado estampada y drogada, quizás entre las mismas canciones que llegan y se van, quizás entre las mismas siluetas que vienen para irse, esas siluetas que no importan realmente, son tan poco trascendentes y tan poco innovadoras que no ocupan tanto espacio entre mis letras. 

No sabría cómo describir sin caer, no sé cómo caminar sin recordar, no sé para qué esperar la belleza de las hojas tristes o las mariposas blancas (otra vez); Sólo las veo y trato de no sentir, de no mentir. Es bien difícil, la verdad, es bastante complejo imaginar. No quiero, por Dios que no quiero (no creo en Dios). Lamento haber llegado porque ahora debo irme.
Escuché tu silencio días atrás, habías venido, admito que pretendí no escuchar, quise no escuchar, quise no ponerme de pie y caminar hacia ti que no eres silueta, quise escabullirme entre mis sábanas para aunque sea para verte a lo lejos, fingí, como llevo haciéndolo desde hace meses, fingí; quiero demostrarme a mí mismo que puedo ser fuerte aunque sea de cartón, fingí que no me importaba y me obligué a dormir, quise saber que estabas ahí para no verte, sólo me aferré a la almohada como un niño lo haría, es imposible. Vivirás para siempre:

 "Tal vez nunca seré todas las cosas que quisiera ser, pero ahora no es momento de lamentarse, ahora es el momento de encontrar el porqué. Creo que tú eres igual a mí, vemos cosas que ellos nunca verán. Tú y yo vamos a vivir por siempre."*

Quizás no sientas lo imposible que se me ha hecho soñar con lo posible, quizás ni yo mismo he abandonado las ideas de soñar, pero creo que la lluvia se está llevando todas aquellas hojas muertas que solía recoger y atesorar.  No me gusta soñar, no tengo sueños aunque una vez leí entre tus labios, atravesando tus dientes que no hay lugar para soñadores. 
Lamento haber llegado porque ahora debo irme. Sólo quiero volar.


                               


* (Live Forever - Oasis)









31.5.12

54. Pastilla

... Sé que es complejo el volver a sentir mientras aún se siente algo más fuerte, es difícil y al principio me resignaba a que no quería "traicionar" ese amor que ahora era un vacío con un eco gigante. Lo sé, quizás tuve alguna vez la esperanza de volver a llenar ese hoyo con lo que antes alguna vez hubo, tuve alguna vez aquella absurda ilusión de que todo volvería a ser como antes. Obviamente nada de eso pasó y no me siento decepcionado de ello, todo lo contrario.
Han pasado ya cuatro meses en los cuales siento que he crecido bastante, lo que sentí aún lo siento sólo que ya no me es trascendente en el presente ni tampoco interfiere en mi constante deambular por los días, salvo uno que otro instante en el que imágenes llegan, olores aparecen y el sentimiento florece con algunas lágrimas, pero ya no es constante, ya no estoy triste, ya no estoy mal.

Hoy me llamo tranquilidad y sigo caminando en silencio, me agrada cubrir mi mirada a través de aquellas gafas que tan bien se me ven, me agrada ir paso a paso con mi vida e ir progresando poco a poco. Mi vida académica está progresando; Mis notas están mejorando bastante de la misma forma que lo que absorbo, mi opinión es aún más crítica y quizás hasta más conservadora frente a la vida (jamás desenfocando mis ideales, sólo madurándolos). Creo que voy bien, voy avanzando bien, voy tranquilo pero voy muy seguro de lo que estoy haciendo, cada vez amo más lo que hago pese a haber pasado por una etapa de desmotivación en la cual mi rendimiento era totalmente mediocre. 
Sumándole acontecimientos de la Universidad a esto: Conocí a alguien que me ha hecho aprender más de la vida y mirarla con ojos más jóvenes e inocentes, incluso me siento partícipe de su proceso de formación académica de la difícil adaptación del primer año. Es bastante interesante esta nueva etapa ya que pese a sentirme algo inseguro, en poco tiempo ésta persona ha logrado enternecerme a tal punto de que ambos nos dijimos al mismo tiempo -con miedo- "te quiero". Es agradable y cálido volver a sentirse así. No miro con despecho o reproche los meses anteriores, sólo miro hacia adelante sin importar lo que pase después, sólo rescato una frase que ésta persona me dijo hace poco tiempo: "Es bonito verte reír" . 

Sé que es complejo volver a sentir algo siendo que ya hay un sentimiento previo por un fantasma del olvido. Pero nadie ha estipulado aún que el sentir humano sea básico; Es complejo pero no menos interesante ni menos importante. 
Han sido bonitos días y grandiosas semanas en las que ya no tirito al momento que en clases me nombran para decirme alguna nota, todo lo contrario. Bonitos días y excelentes semanas en las cuales un beso ya no era sólo esperando algo sexual y banal para luego fumar un cigarrillo y despedirse para no volver a verse. Bonitos días y grandiosos meses en los que he estado con mis amigos cada vez afiatándonos aún más, siempre estamos los unos para los otros en las malas y en las buenas, somos un círculo cerrado y me agrada que así sea, sin ustedes habría sido (más) difícil todo.

Y lo sé, es bonito verme reír otra vez.



Edit:
Sensaciones que sólo duran una semana, un cigarrillo consumido o la extensión misma del invierno. 

2.5.12

Cuando era feliz escribía de forma más triste
 que ahora que realmente estoy deprimido.
-D.L-R

1.5.12

53. Imagen

...de repente fue cuando el cielo dejó ver todas aquellas nubes que decoloraban el mismo color celeste que minutos antes lo adornaba, fue cuando veía imágenes que transitaban frente a mi en ese preciso segundo del mes de Abril. Imágenes que se volvieron incoloras, inertes y uniformes. Estaban en ese momento en el lugar que deberían haber estado, sólo deambulaban sin mucho que hacer y sin mucho dónde mirar (sin mucho que pensar ni que sentir), así como un cadáver en un cementerio vacío o un caballo galopando libre en el campo. 
     Las nubes se pintaron de agua y ya el paisaje no fue la misma máquina que hace segundos muertos, las hormigas se escondieron caminando en filas y los perros contando las gotas que caían. Yo estaba parado ahí mismo, estaba ahí, sabía que estaba ahí o por lo menos eso es lo que recuerdo porque también caminaba solo sobre un asfalto que adornaba el vacío, caminaba a no-sé-dónde pero recuerdo las sensaciones de cuando todo sucedió, recuerdo de haber acariciado mis esqueléticos dedos con el afán de entibiarlos para coger un cigarrillo de mis paquetes y humear como locomotora en el invierno mientras avanzo por los solitarias y mojados espacios de por acá.


Una lluvia de colores pintaban las luces que sigilosamente comenzaban a salir por la tarde, las gotas seguían cada paso amorfo que empapaban mis zapatos negros mientras que ni yo mismo sabía dónde ir en esos momentos. Sabía que caminar era la solución para evadir aquellos lapsos de silencios que en mi mente resonaban con más frecuencias, cada vez eran más fuertes e hirientes. Sabía que la lluvia de alguna u otra forma limpiaría aquellas lágrimas secas que impregnadas estaban dando forma a mis ojeras. Sabía que en esos momentos las palabras de la lluvia susurraban conceptos que aún no conocía, conceptos que con el tiempo he ido aprendiendo, conceptos que me han hecho sentir mejor. La lluvia coincide siempre con mi ánimo; coincide siempre con mi descolorido aspecto o el carente aroma que desprende mi mirada pese que mi esencia jamás nunca desaparece.
Ya la tarde comenzaba a avanzar mientras que daba cuenta de lo lentos y escasos que fueron mis pasos, disfruté la estabilidad de la imagen, la quietud de la inamovilidad y ahí fue cuando de repente comencé a hablar y el silencio se tornó incómodo y monótono, ya el momento se había alejado y fue cuando el trayecto de la puerta a la salida de mi casa perdióse distancia y relevancia como una minúscula gota pegada al pasto.