2.6.11
5.4.11
30. La Señora
Fielmente la señora se dispuso a recorrer las mismas calles que por setenta años de biografía narran sus nítidas arrugas de colores. Las calles no eran las mismas a la vista de sus desquebrajados ojos, pero no le importa a su mirada, solo camina sin mirar, solo camina sintiendo el abrumador y sofocante calor de la ciudad de Santiago, miente en sus pasos y acelera, aunque latentemente un pensamiento desborda su cabeza: "¿Para que camino tan rápido si el tiempo que poseo es eterno?, tengo setenta largos años y aun no me he ido; una eternidad narran mis arrugas". Comienza a frenar, empieza a observar a la gente y se pregunta el por que de su prisa, el tiempo es eterno -repite y todos lo tenemos. Apresurarse es solo envejecer, correr es solo para sentir que estas vivo dentro de una ciudad que te mata cada día.
La señora seca el sudor de su frente con su pañuelo celeste floreado mientras sigue su camino tranquilamente por la Alameda.
"La sociedad pretende avanzar, eso le hacen creer a la gente, estuve setenta años convencida de ello, pero lo único que provocan en la mente de la gente como yo es solo envejecerla y matarla mientras viven tranquilamente".
Los pasos se hicieron largos, pero ella comenzó a disfrutar la caminata, nunca había sentido tal nivel de libertad al caminar por una ciudad claustrofobica.
Todos los días desde 1939 deambula sola por las calles de Santiago buscando aquella interrogante que cambiaría su vida, cuando la encontró sus arrugas se tiñeron con una preciosa sonrisa que mantuvo en cada paso que dio hasta el día que entró a un camino diferente, después de setenta años dejó de caminar para lograr descansar por fin.
Las calles aun poseen el perfume solitario de aquella señora que comprendio el amor de cada paso dentro de la ciudad sin esencia, sin amor.
14.3.11
27.2.11
28. Febrero 27 (Parte I)
El festival de Viña del Mar estaba casi llegando a su fin, faltaban los Fabulosos Cadillacs y luego me iba a dormir. Previo a todo eso, estuve de jurado en el festival de la voz que se hace cada año en Talcamávida, una grata experiencia aunque agotadora. Con Rodrigo había hablado hace un rato, quedamos de juntarnos al día siguiente en Concepción para ir a comer.
La noche estaba quita y como dije anteriormente, el festival de Viña casi terminaba. El vino de mi caña se había secado y me paré por otra antes de irme a dormir. No se escuchaban trenes ya que el último carguero había pasado a las 3 de la mañana. El reloj marcó las 3:30 AM:
Me paré tranquilo a dejar la caña a la cocina, mi tata estaba ahí sirviéndose la de él y conversamos mientras yo lavaba lo que había ocupado, cuando me dispuse a secar la loza comenzó un ruido extraño, un ruido como el que frecuentemente hacen los trenes pesados al pasar raudos por el frente a mi casa, cuando llegaba a la galería en donde se encontraba mi abuelita tomándose un té de hierbas el ruido latió más fuerte: "Dios mío, ¡se descarriló un tren!" -dijo asustada mientras se levantaba de su asiento, después de que ese ruido hiciera crujir la casa el movimiento se hizo partícipe de un pánico que nunca había sentido antes. Las luces comenzaron a explotar y destellar al compás de la loza que caía al piso súbitamente, atiné a correr la mesa para ir donde estaba mi abuelita, ella se había levantado con rumbo al televisor que sostenía entre sus brazos, gritaba desesperada, nos llamaba con miedo, corrí donde ella y la abracé, yo estaba más lúcido y sólo le mostré mi apoyo. La casa era una gelatina, se movía de arriba para abajo y de abajo para el lado, así estuvieron los segundos más eternos de mi vida, entre el sonido de la loza caer, el microondas hacerse pedazos en el suelo, el piso crujir y los rezos de mi abuelita, los segundos más terribles de mi vida en los que la incertidumbre se apoderó completamente de todo; no sabía qué había pasado y tampoco reaccioné de inmediato, ya no estaba tan lúcido cuando todo se detuvo, ya no estaba consciente. Recuerdo mis piernas que temblaban entre mis pitillos, y las manos me eran casi inútiles al momento en el que vi mi mochila (alumbrada con la ayuda de mi celular) y comencé a llenarla: Computador, cigarrillos, cámara, abrigo, poleras, ropa interior, pantalones cortos y largos, zapatillas, el cargador de mi celular y mi pendrive. Luego comenzamos a llenar bolsos con comida, chombas, pantalones, etcétera. No sabíamos qué pasaba, tomamos nuestros celulares e intentamos discar a varios números, entre ellos puedo nombrar el de Rodrigo, el de su casa, el de mis papás, el de mis abuelos ... Nadie contestaba y las señales murieron quizá en qué segundo. Nuestros celulares sólo sirvieron para alumbrar nuestros pasos, para alumbrar las cosas que estaban dispersas en el piso, los cuadros, la loza que bañaba la cocina en fragmentos de vidrios de diferentes clases y el microondas que completamente destruido descansaba en el centro de la cocina.
Salimos al patio justo cuando otro temblor (casi de la misma magnitud, quizás) azotó nuestros cuerpos, mi abuelita estaba histérica y con mi abuelo la tranquilizamos un poco. Eran las 3:45 AM cuando nos dispusimos a esperar lo que fuese, ya "armados" y con nuestros bolsos en la mano, esperando a que el río se saliese y haya que huir a los cerros cercanos al pueblo.
La calma llegó por unos momentos, nos relajamos, prendí un cigarrillo y recién ahí, en ese momento tranquilicé mis nervios y pisé tierra. Entramos a la casa con precaución mi abuelo y yo. Mi abuelita se quedó tranquila y segura en la entrada a la galería mirando al patio, recogimos algunas cosas con mi abuelo mientras me contaba su experiencia en el terremoto de 1960 -recién ahí asimilé el hecho de que había sido un terremoto- para que yo también estuviera más tranquilo.
La noche era eterna y el sueño nos invadió de golpe, mirábamos la hora a cada hora y el reloj nos engañaba mostrándonos que habían sólo pasado minutos pobres. Cada media hora había un temblor, con los primeros me preocupaba, después me dedicaba sólo a tranquilizar.
Cuando sentimos que nada podríamos hacer sentados comenzamos a mirar el prado, estiramos las piernas y nos despejábamos, constantemente nos acordábamos de nuestra gente y la impotencia obedecía sólo a la abstinencia. Le sugerí a mi abuelita ir caminando hacia Talcahuano, quería saber de Rodrigo y su familia, cuando me disponía a hacerlo ella me detuvo y me hizo saber que estaba equivocado, que esperáramos y que era una estupidez gigante el hacer eso. Tenía tanta razón, que al momento en el que me puse a pensar, recordé que mi pueblo está entre cerros, que era inevitable los desprendimientos de tierra y el peligro mismo del río Bio-Bio.
Los cigarrillos comenzaron a consumirse al mismo tiempo en que los minutos comenzaron a pasar rápido, no así la noche. Mágicamente el reloj marcó las 7:45AM y aún estaba oscuro. La luna alta y grande, imponente ante nosotros aterraba con su extraña silueta, nos preguntábamos qué pasaba con ella y con la noche, ¿se habrá alterado el tiempo?, pensamos. Luego se esclareció el día, a los pocos minutos, ahí recién pudimos mirar bien lo que había pasado en la casa; cañerías rotas, trizaduras en el concreto, platos y vasos dispersos al rededor de toda la cocina, marcos rotos y en el suelo, muñecas tristes bajo la mesa del comedor, el microondas, todo estaba abajo. Ordenamos un poco y me mandaron a acostar, eran casi las 8 y sólo pude dormir hasta las 9.
Me levanté intranquilo y ayudé a ordenar un poco. Tomé mi cámara y empecé a fotografiar algunas cosas de la casa que llamaron mi atención. Luego salí a la calle y miré que todo estaba normal, luego miré para la estación de ferrocarriles y noté que las catenarias estaban casi en el suelo y tomé registro de ello. Al rato con mi abuelita subimos al pueblo y con dinero en mano buscamos bencina. En la plaza la gente merodeaba sin rumbo, con ojos desorbitados y desolados, los negocios estaban abiertos. Entramos al negocio de Don Renato y me sorprendí tanto de lo que vi que no dudé en tomar foto de ello; Todo estaba en el suelo, había un río de licores y el olor de las mezclas era casi asfixiante, tomé varias fotografías a la gente en el negocio y al local mismo. La gente con la que nos encontramos comenzaba a hablar estupideces y a asustar a mi abuelita: "Dicen en la 'Bio-Bio' (radio) que viene otro más fuerte a las 15:00hrs", "que se había salido el mar y Talcahuano entero estaba bajo el agua", yo sólo comencé a temblar y a preguntar por la zona en donde vivía Rodrigo, nadie sabía nada, obviamente.
Cuando recorrimos el pueblo entero con mi abuelita, vimos que el teléfono público frente al pub estaba lleno de gente, hicimos la fila expectantes, la gente nos decía que sólo a dos personas les había funcionado (y sin exagerar ya habían intentado otras cien), que estaba malo el teléfono. Llegó mi turno de usarlo, metí una moneda de cien y marqué a mi casa, tenía el corazón en la mano, latía sin piedad casi marcando mi pecho sobre la polera negra que traía puesta... y me contestó mi mamá, estaba yo feliz, estaban todos bien en Santiago, no había pasado nada en casa, les informé que yo también lo estaba y que nada tan grave nos había ocurrido, que estuviesen tranquilos, y cuando el teléfono marcó 59 segundos se corta... Intenté meter otra moneda pero ya fue todo inútil, pero me tranquilicé al momento de escuchar bien a mi madre.
Posterior a ello, pasamos a la estación de trenes a conversar con Don Miguel -jefe de estación, movilizador de la estación de Talcamávida, le solicitamos su teléfono pero también estaba muerto.
Esa tarde, después de haber llegado a la casa, comimos escuchando el radio, atentos a lo que decían, constantemente mirábamos el celular e intentábamos llamar, nada pasó.
Cargamos de bencina el generador que posee mi tata, no alcanzaba para tanto rato puesto, así que racionamos bien el aparato y decidimos que lo usaríamos sólo para ver las noticias en la noche cuando tomábamos once.
La noche llegó rápido y los temblores no cesaron, estábamos más "relajados" dentro de todo, pero no queríamos que llegase la noche, el temor y la incertidumbre aún estaba entre nosotros.
Esa noche, escuchamos una alarma y un camión de carabineros pasar por fuera de la casa, no escuchamos muy bien lo que decía, así que salimos y vimos una fogata que ardía en el medio de la calle, hacía desaparecer toda la oscuridad de la noche estrellada, mucha gente estaba ahí, nos acercamos para saber qué pasaba y qué verbaba carabineros en el camión:
"A todos los habitantes del pueblo de Talcamávida se les solicita resguardar sus casas y protegerlas, de Leonera informan que anda una patrulla saqueando las casas, por favor, A todos los habitantes del pueblo de Talcamávida...".
La noche estaba quita y como dije anteriormente, el festival de Viña casi terminaba. El vino de mi caña se había secado y me paré por otra antes de irme a dormir. No se escuchaban trenes ya que el último carguero había pasado a las 3 de la mañana. El reloj marcó las 3:30 AM:
Me paré tranquilo a dejar la caña a la cocina, mi tata estaba ahí sirviéndose la de él y conversamos mientras yo lavaba lo que había ocupado, cuando me dispuse a secar la loza comenzó un ruido extraño, un ruido como el que frecuentemente hacen los trenes pesados al pasar raudos por el frente a mi casa, cuando llegaba a la galería en donde se encontraba mi abuelita tomándose un té de hierbas el ruido latió más fuerte: "Dios mío, ¡se descarriló un tren!" -dijo asustada mientras se levantaba de su asiento, después de que ese ruido hiciera crujir la casa el movimiento se hizo partícipe de un pánico que nunca había sentido antes. Las luces comenzaron a explotar y destellar al compás de la loza que caía al piso súbitamente, atiné a correr la mesa para ir donde estaba mi abuelita, ella se había levantado con rumbo al televisor que sostenía entre sus brazos, gritaba desesperada, nos llamaba con miedo, corrí donde ella y la abracé, yo estaba más lúcido y sólo le mostré mi apoyo. La casa era una gelatina, se movía de arriba para abajo y de abajo para el lado, así estuvieron los segundos más eternos de mi vida, entre el sonido de la loza caer, el microondas hacerse pedazos en el suelo, el piso crujir y los rezos de mi abuelita, los segundos más terribles de mi vida en los que la incertidumbre se apoderó completamente de todo; no sabía qué había pasado y tampoco reaccioné de inmediato, ya no estaba tan lúcido cuando todo se detuvo, ya no estaba consciente. Recuerdo mis piernas que temblaban entre mis pitillos, y las manos me eran casi inútiles al momento en el que vi mi mochila (alumbrada con la ayuda de mi celular) y comencé a llenarla: Computador, cigarrillos, cámara, abrigo, poleras, ropa interior, pantalones cortos y largos, zapatillas, el cargador de mi celular y mi pendrive. Luego comenzamos a llenar bolsos con comida, chombas, pantalones, etcétera. No sabíamos qué pasaba, tomamos nuestros celulares e intentamos discar a varios números, entre ellos puedo nombrar el de Rodrigo, el de su casa, el de mis papás, el de mis abuelos ... Nadie contestaba y las señales murieron quizá en qué segundo. Nuestros celulares sólo sirvieron para alumbrar nuestros pasos, para alumbrar las cosas que estaban dispersas en el piso, los cuadros, la loza que bañaba la cocina en fragmentos de vidrios de diferentes clases y el microondas que completamente destruido descansaba en el centro de la cocina.
Salimos al patio justo cuando otro temblor (casi de la misma magnitud, quizás) azotó nuestros cuerpos, mi abuelita estaba histérica y con mi abuelo la tranquilizamos un poco. Eran las 3:45 AM cuando nos dispusimos a esperar lo que fuese, ya "armados" y con nuestros bolsos en la mano, esperando a que el río se saliese y haya que huir a los cerros cercanos al pueblo.
La calma llegó por unos momentos, nos relajamos, prendí un cigarrillo y recién ahí, en ese momento tranquilicé mis nervios y pisé tierra. Entramos a la casa con precaución mi abuelo y yo. Mi abuelita se quedó tranquila y segura en la entrada a la galería mirando al patio, recogimos algunas cosas con mi abuelo mientras me contaba su experiencia en el terremoto de 1960 -recién ahí asimilé el hecho de que había sido un terremoto- para que yo también estuviera más tranquilo.
La noche era eterna y el sueño nos invadió de golpe, mirábamos la hora a cada hora y el reloj nos engañaba mostrándonos que habían sólo pasado minutos pobres. Cada media hora había un temblor, con los primeros me preocupaba, después me dedicaba sólo a tranquilizar.
Cuando sentimos que nada podríamos hacer sentados comenzamos a mirar el prado, estiramos las piernas y nos despejábamos, constantemente nos acordábamos de nuestra gente y la impotencia obedecía sólo a la abstinencia. Le sugerí a mi abuelita ir caminando hacia Talcahuano, quería saber de Rodrigo y su familia, cuando me disponía a hacerlo ella me detuvo y me hizo saber que estaba equivocado, que esperáramos y que era una estupidez gigante el hacer eso. Tenía tanta razón, que al momento en el que me puse a pensar, recordé que mi pueblo está entre cerros, que era inevitable los desprendimientos de tierra y el peligro mismo del río Bio-Bio.
Los cigarrillos comenzaron a consumirse al mismo tiempo en que los minutos comenzaron a pasar rápido, no así la noche. Mágicamente el reloj marcó las 7:45AM y aún estaba oscuro. La luna alta y grande, imponente ante nosotros aterraba con su extraña silueta, nos preguntábamos qué pasaba con ella y con la noche, ¿se habrá alterado el tiempo?, pensamos. Luego se esclareció el día, a los pocos minutos, ahí recién pudimos mirar bien lo que había pasado en la casa; cañerías rotas, trizaduras en el concreto, platos y vasos dispersos al rededor de toda la cocina, marcos rotos y en el suelo, muñecas tristes bajo la mesa del comedor, el microondas, todo estaba abajo. Ordenamos un poco y me mandaron a acostar, eran casi las 8 y sólo pude dormir hasta las 9.
Me levanté intranquilo y ayudé a ordenar un poco. Tomé mi cámara y empecé a fotografiar algunas cosas de la casa que llamaron mi atención. Luego salí a la calle y miré que todo estaba normal, luego miré para la estación de ferrocarriles y noté que las catenarias estaban casi en el suelo y tomé registro de ello. Al rato con mi abuelita subimos al pueblo y con dinero en mano buscamos bencina. En la plaza la gente merodeaba sin rumbo, con ojos desorbitados y desolados, los negocios estaban abiertos. Entramos al negocio de Don Renato y me sorprendí tanto de lo que vi que no dudé en tomar foto de ello; Todo estaba en el suelo, había un río de licores y el olor de las mezclas era casi asfixiante, tomé varias fotografías a la gente en el negocio y al local mismo. La gente con la que nos encontramos comenzaba a hablar estupideces y a asustar a mi abuelita: "Dicen en la 'Bio-Bio' (radio) que viene otro más fuerte a las 15:00hrs", "que se había salido el mar y Talcahuano entero estaba bajo el agua", yo sólo comencé a temblar y a preguntar por la zona en donde vivía Rodrigo, nadie sabía nada, obviamente.
Cuando recorrimos el pueblo entero con mi abuelita, vimos que el teléfono público frente al pub estaba lleno de gente, hicimos la fila expectantes, la gente nos decía que sólo a dos personas les había funcionado (y sin exagerar ya habían intentado otras cien), que estaba malo el teléfono. Llegó mi turno de usarlo, metí una moneda de cien y marqué a mi casa, tenía el corazón en la mano, latía sin piedad casi marcando mi pecho sobre la polera negra que traía puesta... y me contestó mi mamá, estaba yo feliz, estaban todos bien en Santiago, no había pasado nada en casa, les informé que yo también lo estaba y que nada tan grave nos había ocurrido, que estuviesen tranquilos, y cuando el teléfono marcó 59 segundos se corta... Intenté meter otra moneda pero ya fue todo inútil, pero me tranquilicé al momento de escuchar bien a mi madre.
Posterior a ello, pasamos a la estación de trenes a conversar con Don Miguel -jefe de estación, movilizador de la estación de Talcamávida, le solicitamos su teléfono pero también estaba muerto.
Esa tarde, después de haber llegado a la casa, comimos escuchando el radio, atentos a lo que decían, constantemente mirábamos el celular e intentábamos llamar, nada pasó.
Cargamos de bencina el generador que posee mi tata, no alcanzaba para tanto rato puesto, así que racionamos bien el aparato y decidimos que lo usaríamos sólo para ver las noticias en la noche cuando tomábamos once.
La noche llegó rápido y los temblores no cesaron, estábamos más "relajados" dentro de todo, pero no queríamos que llegase la noche, el temor y la incertidumbre aún estaba entre nosotros.
Esa noche, escuchamos una alarma y un camión de carabineros pasar por fuera de la casa, no escuchamos muy bien lo que decía, así que salimos y vimos una fogata que ardía en el medio de la calle, hacía desaparecer toda la oscuridad de la noche estrellada, mucha gente estaba ahí, nos acercamos para saber qué pasaba y qué verbaba carabineros en el camión:
"A todos los habitantes del pueblo de Talcamávida se les solicita resguardar sus casas y protegerlas, de Leonera informan que anda una patrulla saqueando las casas, por favor, A todos los habitantes del pueblo de Talcamávida...".
17.2.11
[Cielito Penquista]
Ahogando el ruido en el silencioso aire fresco que desnuda las miradas humildes
en la bella ciudad empapada del perfume verde con celeste.
Con sus oníricos cerros que alcanzan un firmamento en cada nube
contradiciendo a la realidad, contradiciendo la capital
casi contrastando al respetable y anciano Bio-Bio,
que con sus partículas cristalinas da hogar a Queltehues y Gaviotas libres como hambrientas.
¡Oh!, ciudad hermosa y sus bellas plazas
habitadas de recuerdos de sonrisas y retratos de penas,
llantos y rasmillones,
batallas y guerras;
Experiencia entre sus flores y sus edificios grises.
Una inexistente estación de trenes,
en donde una bella máquina de dos o cuatro coches
transporta nuestras pesadillas a ensoñados sueños,
un carnaval de flora colorida y fauna infinita,
con su gente defendiendo el vaivén de su pueblo,
su alimento y su cielito fresco.
¡Oh mi amado Concepción!
que con tu mar bañas la felicidad del verano,
y te saturas de colores entre las lluvias del frío invierno.
Engranas dos maravillosas ciudades de colores y voces,
de trabajo y esfuerzo innato.
Que nunca te olvide tu gente ni menos te sean indiferentes.
Paisajes propios,
lleno de sabiduría e historia,
llena de personajes y anécdotas,
llena de luchas e invasiones,
Amada Concepción. que don Pedro te bautizó orgulloso,
que nunca te olvide tu gente ni menos te sean indiferentes,
que La Perla del Bio-Bio quede entre tu gente.
en la bella ciudad empapada del perfume verde con celeste.
Con sus oníricos cerros que alcanzan un firmamento en cada nube
contradiciendo a la realidad, contradiciendo la capital
casi contrastando al respetable y anciano Bio-Bio,
que con sus partículas cristalinas da hogar a Queltehues y Gaviotas libres como hambrientas.
¡Oh!, ciudad hermosa y sus bellas plazas
habitadas de recuerdos de sonrisas y retratos de penas,
llantos y rasmillones,
batallas y guerras;
Experiencia entre sus flores y sus edificios grises.
Una inexistente estación de trenes,
en donde una bella máquina de dos o cuatro coches
transporta nuestras pesadillas a ensoñados sueños,
un carnaval de flora colorida y fauna infinita,
con su gente defendiendo el vaivén de su pueblo,
su alimento y su cielito fresco.
¡Oh mi amado Concepción!
que con tu mar bañas la felicidad del verano,
y te saturas de colores entre las lluvias del frío invierno.
Engranas dos maravillosas ciudades de colores y voces,
de trabajo y esfuerzo innato.
Que nunca te olvide tu gente ni menos te sean indiferentes.
Paisajes propios,
lleno de sabiduría e historia,
llena de personajes y anécdotas,
llena de luchas e invasiones,
Amada Concepción. que don Pedro te bautizó orgulloso,
que nunca te olvide tu gente ni menos te sean indiferentes,
que La Perla del Bio-Bio quede entre tu gente.
27. The Iron Lady
Las primeras imágenes de "The Iron Lady", protagonizada por la gran actriz (y mi favorita) Meryl Streep.
Estas fotos las tomé vilmente de Simply Streep, un sitio que se demora casi un mes en actualizarse y la gran mayoría de sus entradas son de Meryl en eventos públicos o apariciones varias (las cuales no son de mi total interés). Pero de repente (como ésta vez) me deja atónito.
Ahora, el día 15 de Febrero han aparecido las primeras imágenes de lo que es la grabación del film que se lanzará en el 2012.
"The Iron Lady" (La Dama de Hierro) será una película dirigida por Phyllida Lloyd, que nos retratará la historia de Margaret Thatcher, la ex-primera ministra británica, con una visión más personal e íntima.
"Es un reto intimidante y apasionante (...) Estoy tratando de interpretar el papel con el mismo celo, fervor y atención'', señaló Meryl Streep.
A esperar no más, ojalá que el film se filtre antes de su fecha de estreno, porque realmente, estoy ansioso (aunque falte casi un año para que se finalicen las grabaciones, pero se entienden las ansias...creo).
"Es un reto intimidante y apasionante (...) Estoy tratando de interpretar el papel con el mismo celo, fervor y atención'', señaló Meryl Streep.
Compartirá créditos con el actor británico Jim Broadbent, quien dará vida al esposo de Thatcher.
A esperar no más, ojalá que el film se filtre antes de su fecha de estreno, porque realmente, estoy ansioso (aunque falte casi un año para que se finalicen las grabaciones, pero se entienden las ansias...creo).
Etiquetas:
Margaret Thatcher,
Meryl Streep,
The Iron Lady
16.2.11
11.2.11
9.2.11
24. (No)Adiós
(Santiago me espera)
Déjenme contemplar la última gota de silencio sobre esta noche estrellada,
déjenme escuchar a los perros desquebrajando la soledad del oscuro manto estrellado, trizando cada partícula de cielo que humedece mi mirada.
Déjenme sentir la fresca nocturna que eriza mi cuerpo y destella el cigarrillo que inconciente mi boca aspira sin piedad.
Ya las horas se convierten en minutos y los segundos suman lágrimas lejanas, mis campos comienzan a quedar atrás como también el cielo se tiñe de grís y la ausencia de libertad comienza a golpear mi cara con fuerza.
Ya mis ojos se han ahogado lo suficiente y las penas pesan en el corazón.
El tren ya se asoma a en estación y sólo agradezco cada momento en mi maravilloso y verde pueblo, en mi escondido y desconocido pueblo. Agradezco a mi gente, agradezco a mi río, agradezco a mis nubes y agradezco a mi viento, los pensaré entre cada sueño porque las sonrisas no son instantes, son maravillosas marcas de guerra.
El tren desaparece conmigo a bordo y la semáfora que indica la entrada a mi pueblo se hace distante ... Las zarzas cubren por completo el camino y los álamos se mezclan entre pinos. El río Bio-Bio forja mi compañía y las lágrimas comienzan otra vez.
Santiago me espera, vestido de grís y llorando desnudo, Concepción me dice adiós con su cara fría y azul, Concepción me extrañará y yo a él.
Éste no es un Adiós, es un Hasta Pronto.
Déjenme contemplar la última gota de silencio sobre esta noche estrellada,
déjenme escuchar a los perros desquebrajando la soledad del oscuro manto estrellado, trizando cada partícula de cielo que humedece mi mirada.
Déjenme sentir la fresca nocturna que eriza mi cuerpo y destella el cigarrillo que inconciente mi boca aspira sin piedad.
Ya las horas se convierten en minutos y los segundos suman lágrimas lejanas, mis campos comienzan a quedar atrás como también el cielo se tiñe de grís y la ausencia de libertad comienza a golpear mi cara con fuerza.
Ya mis ojos se han ahogado lo suficiente y las penas pesan en el corazón.
El tren ya se asoma a en estación y sólo agradezco cada momento en mi maravilloso y verde pueblo, en mi escondido y desconocido pueblo. Agradezco a mi gente, agradezco a mi río, agradezco a mis nubes y agradezco a mi viento, los pensaré entre cada sueño porque las sonrisas no son instantes, son maravillosas marcas de guerra.
El tren desaparece conmigo a bordo y la semáfora que indica la entrada a mi pueblo se hace distante ... Las zarzas cubren por completo el camino y los álamos se mezclan entre pinos. El río Bio-Bio forja mi compañía y las lágrimas comienzan otra vez.
Santiago me espera, vestido de grís y llorando desnudo, Concepción me dice adiós con su cara fría y azul, Concepción me extrañará y yo a él.
Éste no es un Adiós, es un Hasta Pronto.
8.2.11
23. Hombre
Hombre, hombre de sus cosechas que el sol acompaña, hombre que de sus aires el viento sueña con descanso.
Hombre que de sus ojos el silencio se posa en el trabajo, hombre que de las penas el llanto una buena caña de vino adormece.
Hombre de sus recuerdos que camina por su más que conocida tierra, que los trenes le agradecen las vías y los puentes, los cables y motores, la experiencia y su vida completa.
Los pueblos que lo vieron caminar nunca lo miraron quedarse, el sur de tu país que tanto conoces ya ahora se esconde entre tus más recónditos recuerdos y sólo vives bajo el sol o la lluvia de uno.
Amas reír y hablar, tiñes el ambiente cuando de tus vivencias te acuerdas y relatas, vivencias que ya todos guardamos con cariño, con desagrado o con simple y humilde respeto.
Sencillo y complejo tus ideales y religión portas en tu gran corazón, molesto o feliz agradeces a Dios por tu sonrisa y tus días.
(Eres) Un gran hombre pequeño, un maravilloso hombre pequeño.
Eres grande, viejo.
(Quién más que tú merece el cielo, para sembrarlo entero)
5.2.11
22. Bostezo
Cuando la noche silente amortigua el descanso de las estrellas y el tibio viento desgloza la soledad de mi cuerpo inerte en tantas partículas inimaginablemente incontables, es cuando digo: "Fin del día".
Mi cama se hace gigante con el vacío de mis pensamientos, el aroma que acostumbro desola mis frazadas y esconde la compañía de mi almohada asfixiada entre mis brazos.
Sórdidos segundos se apoderan de mi distancia propia; la tragedia en mis ojos a veces suele ser un océano de ideas incompletas, pero qué más da, por eso son ideas, porque son contradicciones y vacíos.
Sórdidos instantes en los que pienso mi sofoco; las ganas de escapar son inminentes, la tranquilidad de éste pueblo a veces me repele, pero es lo que amo, es donde me mimetizo y es donde más me gusta estar, lástima que mi gente esté tan lejos de mi cuerpo.
Han pasado los días rápidamente, me siento sonámbulo entre minutos en los cuales veo el día completo pasar frente a mis ojos, sin piedad, sin pena, me incomoda, pero ese es el ritmo al cual estoy "acostumbrado".
En estos momentos las palabras son tan latentes dentro de la oquedad de la noche que realmente bostezo de lo trivial de ellas mismas por si solas.
25.1.11
20. Luciérnagas
La noche cae elegante con su abrigo solitario dentro del salón repleto... La noche baila sutil al pie del cálido vals dónde el abandonado campo sureño acompaña su perfume fugáz al compás del canto fértil de las luciérnagas.
Mi tierra cae dormida mientras que el aroma de los árboles despierta la silueta de la tétrica luna gigante que se posa en la pupila de mi mirar. Rechinando de altanería, tragando la saliva soberbia de las estrellas que la contemplan con envidia:
-¡Oh señora!, su galante estampa cubre por completo la pobreza de lo oscuro, su perfume liviano honra la personalidad petimetre de su voz y la resonante alegría que provoca verla caminar al paso fiel del reloj, luciendo su vestido negro-con-puntos, su abrigo de piel que tan bien alumbra.
-¡Amada dama!, usted no pasa silenciosa a través del silencio, usted suele abrir el delicado sonido del piano en su caminar, ya los ángeles no existen cuando se le mira cada noche, si hasta en el día su pálido rostro juega al sol. Gracias por ser nuestra madre.
Un joven se asomaba por la ventana a echar humo a las nubes. Su mano izquierda escribía derecho cuando miraba al cielo en presencia de la elegante mujer dándole besos unísonos en cada partícula de humo que salió de su nariz y boca. Excitado su texto entre sus dedos se creaba y la ilusión de compañía se reflejaba en el río que podía ver cerca de su casa. Pasó la mirada de repente a la tétrica estación del ferrocarril; oscura y sin sonido bañada por las estrellas y sucia de flojera de las colillas de cigarrillo que descansaban sin permiso en el andén. La gente ya no soñaba el andén, éste era pisado en la mañana y luego al medio día, después en la tarde y más tarde de la tarde, casi en la noche, ya nadie más pisaba el andén, ya nadie más el ferrocarril quitaba alientos cuando pasaba, ya a nadie más le importaba.
El joven que se asomaba por la ventana siempre miraba la estación, a veces pasaban trenes de carga que remecían toda su casa y su corazón palpitaba de júbilo como lo eran otras ocaciones en las que sólo los grillos le daban pasaje a la soledad de la estación, y soledad al joven que entre las estrellas se refugiaba esperando que el perfume lo llevara lejos, donde el imán que atrapó su corazón de metal, donde esos brazos que no poseen segundos de distancia, donde el cigarrillo es una escusa de una compañía desamparada en el abrigo de la noche.
La señora sólo miró, quizás no le importó, pero cuando ella caminaba perfumada con su vestido negro-con-puntos el joven se enamoró aún más de la luna sobre la estación.
Mi tierra cae dormida mientras que el aroma de los árboles despierta la silueta de la tétrica luna gigante que se posa en la pupila de mi mirar. Rechinando de altanería, tragando la saliva soberbia de las estrellas que la contemplan con envidia:
-¡Oh señora!, su galante estampa cubre por completo la pobreza de lo oscuro, su perfume liviano honra la personalidad petimetre de su voz y la resonante alegría que provoca verla caminar al paso fiel del reloj, luciendo su vestido negro-con-puntos, su abrigo de piel que tan bien alumbra.
-¡Amada dama!, usted no pasa silenciosa a través del silencio, usted suele abrir el delicado sonido del piano en su caminar, ya los ángeles no existen cuando se le mira cada noche, si hasta en el día su pálido rostro juega al sol. Gracias por ser nuestra madre.
Un joven se asomaba por la ventana a echar humo a las nubes. Su mano izquierda escribía derecho cuando miraba al cielo en presencia de la elegante mujer dándole besos unísonos en cada partícula de humo que salió de su nariz y boca. Excitado su texto entre sus dedos se creaba y la ilusión de compañía se reflejaba en el río que podía ver cerca de su casa. Pasó la mirada de repente a la tétrica estación del ferrocarril; oscura y sin sonido bañada por las estrellas y sucia de flojera de las colillas de cigarrillo que descansaban sin permiso en el andén. La gente ya no soñaba el andén, éste era pisado en la mañana y luego al medio día, después en la tarde y más tarde de la tarde, casi en la noche, ya nadie más pisaba el andén, ya nadie más el ferrocarril quitaba alientos cuando pasaba, ya a nadie más le importaba.
El joven que se asomaba por la ventana siempre miraba la estación, a veces pasaban trenes de carga que remecían toda su casa y su corazón palpitaba de júbilo como lo eran otras ocaciones en las que sólo los grillos le daban pasaje a la soledad de la estación, y soledad al joven que entre las estrellas se refugiaba esperando que el perfume lo llevara lejos, donde el imán que atrapó su corazón de metal, donde esos brazos que no poseen segundos de distancia, donde el cigarrillo es una escusa de una compañía desamparada en el abrigo de la noche.
La señora sólo miró, quizás no le importó, pero cuando ella caminaba perfumada con su vestido negro-con-puntos el joven se enamoró aún más de la luna sobre la estación.
21.1.11
19. ( ... )
( No suelo llorar, suelo ser muy orgulloso, suelo ser a veces tan solitario y malas pulgas, no admito cosas cuando suelo ser evidente. )
Hoy todo ha sido diferente cuando el semáforo se tiñó de rojo; La desagradable "bocina de camión" del tren que casi siempre pinta de sonrisas mi rostro...
Hoy todo ha sido diferente cuando llegué a casa, sus rostros no eran los mismos, maletas repletas por todas partes, equipaje ordenado, rostros distintos...
Hoy todo ha sido diferente cuando conversé con ellos, sus palabras no eran las mismas, eran más acogedoras y más tristes que de costumbre.
(Ésta vez) Los cigarrillos no reflejaban compañía sino despedida.
(Ésta vez) La casa me pareció tan grande y yo tan pequeño.
El tren viene a la estación y las maletas se arrastran por los cuadros hasta llegar a primerísimo primer plano.
Ellos soltaron sus brazos para apretarlos con mi cuerpo. Me sentí seguro y frágil, me sentí indefenso como un niño y las gafas cubrieron mi expresión solitaria.
No tuve más segundos para seguir abrazando a mi madre y a mi padre, el peso del tiempo se hizo ligero y el minuto se desvaneció.
(El conductor movió su brazo y tocó su pito)
-Peleas
-Discuciones
-Caras largas
-Quejas
...etcétera.
Hoy todo ha sido diferente,
hoy no me da gusto ver el tren partir -las lágrimas no detienen su curso-
hoy no me da gusto mirar el cielo
porque todo eso lo hacía con ellos a cada rato.
Hoy todo ha sido diferente,
me siento como un niño, no he parado de llorar.
(No suelo decirlo, no suelo admitirlo; Agradezco estos días de corazón. Los extraño muchísimo).
(Las manos que se ven afuera de la ventanilla son de mis hermanas)
15.12.10
18. Nada en Todo

Sinceramente mi tristeza ha llenado la caña y entre hielos varios generaron un mestizaje con dolor y sudor, un sabor solitario que en mi boca obedece a un frío desolador pero en mi cuerpo parece entibiarse, mi mente se desvanece casi por completo en el alcohol.
Ánimos de subsistir sobre cigarrillos varios y rayos de sol desenfocan mi vista hacia mis textos agrupados en el mayor desorden imaginable; matemáticas cercano a la basura variada, lenguaje encima del bolso de viaje inamovible y expectante, e historia, apilados encima mi cama abiertos y entrecerrados funcionando en éste segundo como mantel para el hielo de mis brebajes.
(No estoy bien) Prefiero alcoholizarme antes de pensar en mirar siquiera un posible futuro que añoré con sonrisas ya desvanecidas, o sentir la frustración y la pena que arrebata mis segundos actuales; -¡quería estudiar!, realmente quería estudiar eso y ahí, me esforcé mucho como nunca habría dicho jamás, dije desolado y entre tiritones. Ahora sólo miro lejos una fe en estatuas iluminadas que acompañaron mi incertidumbre pesimista. Sólo un par de días intensificarán mis lágrimas ahora innecesarias en respuesta a mi futuro, no sé qué estará escrito ni se escribirá, sólo espero sonreír y secar esta pena que me ahoga entre tragos y carcome poco a poco hasta un punto vacío.
12.12.10
17. Últimos
Reconfortante e inseguro piso nuevamente la ciudad de Santiago, el extraño clima que baña la ciudad me parece monótono y feo, los edificios grises estructurados y hacinados entre árboles y concreto, y destruidos en el contexto de un día grisáceo-claro.
El paisaje se me hacía similar dibujado en la ventana del taxi, las mismas pinturas y los mismos colores pasando fugazmente sin decir 'permiso' o 'adiós'. Mis abuelos iban conmigo en el asiento trasero y los tres observábamos con desagrado. Me estresé buscando soluciones a incógnitas retrógradas, menos mal que ya estaba cerca de mi casa...
...Mis padres me esperaban con muchas ansias y varios abrazos. Los besé cariñoso y me sumí cómodo al ambiente familiar que esperaba mi presencia (el grato aire familiar), como olas sin el habitual viento que las destruye entre frías y oscuras rocas sin piedad alguna, quebrándolas en silencio tallando una bella armonía en el retrato grisáceo. Mi pareja también estaba entre ellos; sonreí con más fuerzas.
La tarde tenía pinta de lluvia pero ésta pasó sin previo aviso, la noche arreciaba entre las colinas y cordilleras, el murmullo del frío se hacía más elocuente y al compás de ello mi cuerpo se cobijaba entre chombas oscuras y pedía un pequeño abrazo que me hiciera suspirar y no extrañar tanto el lugar de dónde venía.
(...)
No sé cómo ni dónde se fueron aquellos minutos tan bellos, pasaron como brisa de verano por mi cara serena, desperté y me colapsé pensando en mi prueba, no me sentía preparado y realmente
el pesimismo invade mis ganas de sentir fe por mi mismo, no-es-que-no me sienta capaz... No sé la verdad.
La primera prueba tuvo bastantes incidentes indecorosos y casi, pero casi lamentables. Leí lento, muy seguro y atento, respondí acorde a mis conocimientos, respondí dejando de lado las dudas y terminé prudentemente sin destacar.
Ahora otras dos pruebas me esperan en un cajón con llaves, éstas son las que me tienen ahogado en mis conocimientos, quizás sólo me esté ahogando en mis dudas; ¡Siento que no sé nada!.
Como es costumbre de mi mala suerte, tengo muchísimo sueño e intenté dormir para despertar y estudiar hasta la hora que deba partir, ¡pero ni eso puedo hacer!, he cerrado mis ojos y bostezado sin parar pero no me consuela el estar despierto, y ya los bostezos son más recurrentes pero mis ojos no los acompañan.
Vamos, estoy ansioso de terminar ambas pruebas ya, quiero deprimirme con justificación y comerme las uñas que no tengo esperando los resultados que seguramente serán fatales.
Sigo bostezando y aún sin poder compatibilizar con mi almohada...
El paisaje se me hacía similar dibujado en la ventana del taxi, las mismas pinturas y los mismos colores pasando fugazmente sin decir 'permiso' o 'adiós'. Mis abuelos iban conmigo en el asiento trasero y los tres observábamos con desagrado. Me estresé buscando soluciones a incógnitas retrógradas, menos mal que ya estaba cerca de mi casa...
...Mis padres me esperaban con muchas ansias y varios abrazos. Los besé cariñoso y me sumí cómodo al ambiente familiar que esperaba mi presencia (el grato aire familiar), como olas sin el habitual viento que las destruye entre frías y oscuras rocas sin piedad alguna, quebrándolas en silencio tallando una bella armonía en el retrato grisáceo. Mi pareja también estaba entre ellos; sonreí con más fuerzas.
La tarde tenía pinta de lluvia pero ésta pasó sin previo aviso, la noche arreciaba entre las colinas y cordilleras, el murmullo del frío se hacía más elocuente y al compás de ello mi cuerpo se cobijaba entre chombas oscuras y pedía un pequeño abrazo que me hiciera suspirar y no extrañar tanto el lugar de dónde venía.
(...)
No sé cómo ni dónde se fueron aquellos minutos tan bellos, pasaron como brisa de verano por mi cara serena, desperté y me colapsé pensando en mi prueba, no me sentía preparado y realmente
el pesimismo invade mis ganas de sentir fe por mi mismo, no-es-que-no me sienta capaz... No sé la verdad.
La primera prueba tuvo bastantes incidentes indecorosos y casi, pero casi lamentables. Leí lento, muy seguro y atento, respondí acorde a mis conocimientos, respondí dejando de lado las dudas y terminé prudentemente sin destacar.
Ahora otras dos pruebas me esperan en un cajón con llaves, éstas son las que me tienen ahogado en mis conocimientos, quizás sólo me esté ahogando en mis dudas; ¡Siento que no sé nada!.
Como es costumbre de mi mala suerte, tengo muchísimo sueño e intenté dormir para despertar y estudiar hasta la hora que deba partir, ¡pero ni eso puedo hacer!, he cerrado mis ojos y bostezado sin parar pero no me consuela el estar despierto, y ya los bostezos son más recurrentes pero mis ojos no los acompañan.
Vamos, estoy ansioso de terminar ambas pruebas ya, quiero deprimirme con justificación y comerme las uñas que no tengo esperando los resultados que seguramente serán fatales.
Sigo bostezando y aún sin poder compatibilizar con mi almohada...
5.12.10
16. Cristal(es)
He contado los días con total desapego a la realidad, he contado mis días con desesperación y algo de nostalgia. Los besos son cortos como nubes en verano, agua abundante y un pesado bolso con libros varios y textos de estudio. Llevo en mis bolsillos un pedazo de tela con el perfume de tu esencia, quiero que acompañes mis pasos y mi felicidad aunque sea de forma onírica. También mis ligeras ropas que prácticamente no ocupan tanto espacio en la vacía maleta negra que mis manos toman con sutileza y elegancia.
Ha llegado el día tan anhelado desde que llegué acá. Irme. Irme lejos sin decirle adiós a nadie, irme lejos olvidando con (sin) sonrisas éste espacio ocupado en ésta fea habitación incolora. Irme lejos dejando atrás los problemas de árboles que imponentemente desalojan sus responsabilidades en el silencio oblicuo de la posada. Irme por fin de aquí, de éste tan in-anhelado lugar.
Caminaré entre la gente mirándola con desprecios y de forma burlesca,
Me sentiré hermoso, liviano y ligero, no tendré sueños por un rato, ratos malos tampoco, sólo pisaré mi ciudad para luego coger mi verdadero transporte, ese que me hace feliz siempre que lo añoro y lo veo ante mí; mi tren me esperará en la estación y
Mis días se harán tan cortos que no tendré tiempo de extrañar Santiago, y aunque sean extensos tampoco creo que lo extrañaré. Sólo sé que hay personas que me esperan allá y yo a ellos, pero a la ciudad jamás.
Con mi cámara al cuello y mis libros en las manos les digo a todos: adiós.
2.12.10
1.12.10
14. Dos Elementos

Así fue como la oscilación de tu voz culminó en un frío silencio, un silencio que cubrió todo el letargo del segundo eterno creando una atmósfera vacía en tu boca, sólo tus ojos hablaban, tus ojos clamaban por una caricia que aún no regresaba; el viento se la llevó unos momentos.
Tu moreno rostro estaba paralizado y aburrido, quizás asqueado del humo del cigarrillo que emitía mi boca tal como chimenea de fábrica, pero esperabas el momento exacto, aquel momento en el que fuego herviría el agua, y no que el fuego apagase el agua. El humo seguía subiendo, se esparcía por el cuadrado rosado en el que estábamos situados, encerrados y se impregnaba en las paredes como tu perfume en ese cuello que beso cada mañana lentamente (hasta mis dedos se perfuman con aquella esencia materializada en tu cuerpo). Ese cuello que excita mis nervios, que me embriaga y me transforma en el perfecto asesino de tu humilde calor.
El instante llegó y la hora tardó, nuestros fríos cuerpos comenzaron a desnudarse para ocupar ese cómodo espacio en nuestra cama ahora tibia. La pared dio lugar en mi rostro y sentí tu espalda moverse al compás de la mía. Las luces se apagaron y entre bostezos besamos nuestros labios, despidiéndonos por última vez en un extenso letargo hasta el olvido del sueño. Te busqué entre mis sueños, recuerdos se plasmaron entre ellos y realmente no recuerdo nada más que rostros vacíos y aburridos.
El sol aún no salía y no saldrá hasta varias horas más, nosotros no lo veremos, sólo lo odiaremos.
El instante llegó y la hora tardó, nuestros fríos cuerpos comenzaron a desnudarse para ocupar ese cómodo espacio en nuestra cama ahora tibia. La pared dio lugar en mi rostro y sentí tu espalda moverse al compás de la mía. Las luces se apagaron y entre bostezos besamos nuestros labios, despidiéndonos por última vez en un extenso letargo hasta el olvido del sueño. Te busqué entre mis sueños, recuerdos se plasmaron entre ellos y realmente no recuerdo nada más que rostros vacíos y aburridos.
El sol aún no salía y no saldrá hasta varias horas más, nosotros no lo veremos, sólo lo odiaremos.
22.11.10
13. Vómito
(Pasos rotos; Soliloquio solo)
Silencios torturados en silencio y miradas tránfugas que deleitan el aroma del humo ahogarse dentro del unísono pasar de las nubes cubriendo el sol. Sólo eso avanza en el tiempo.
¿Haz escuchado tu voz dentro del vacío?
El reloj se va transformando, casi irreconocible, casi abrumador, casi monótono. Mi cuerpo también tiende a transformarse, aún no es perfecto, pero mi mirada clama por alguna partícula de tu esencia, alguna que te sobre para alimentarme (anorexia). Es tan difícil alcanzar el cielo.
¿Suficiente contra-adicción?
Silencios torturados en silencio y miradas tránfugas que deleitan el aroma del humo ahogarse dentro del unísono pasar de las nubes cubriendo el sol. Sólo eso avanza en el tiempo.
¿Haz escuchado tu voz dentro del vacío?
El reloj se va transformando, casi irreconocible, casi abrumador, casi monótono. Mi cuerpo también tiende a transformarse, aún no es perfecto, pero mi mirada clama por alguna partícula de tu esencia, alguna que te sobre para alimentarme (anorexia). Es tan difícil alcanzar el cielo.
¿Suficiente contra-adicción?
Cerrar los ojos no es suficiente, menos irse hilando oraciones, interpretando. Las horas avanzan de forma espeluznante, el pueblo cada segundo más despoblado. Lágrimas misántropas, sin expresión ni color, como nube de invierno (mala comparación, esas nubes son maravillosas).
Los últimos pasos en esta ciudad, tengo tan poco que hacer acá.
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