Habría preferido que mis palabras te hicieran sentir incómodo y me las devolvieras con aquella mirada odiosa y cansada que te caracteriza. Hubiese preferido que no me hayas perfumado porque aún me siento embriagado con el aroma de tus letras.
Me siento tan estúpido pero no desconozco aquella sonrisa ridícula que en mi cara se tatúa. Mis labios sólo cometen el crimen del silencio pero aún así recuerdo tu boca susurrándome palabras junto a tu aliento con sabor a café y galletas. No sabes cómo te he recordado, sin parar, en este mes asesino. Entre silencios obscuros y los rayos del sol atravesando mis wayfarer. A veces te siento tan cerca y otras veces me haces tanta falta como un cigarrillo junto al café al desayuno. Te he amado desde que en tus ojos descubrí aquella chispa que me paralizaba y me decía "ahora sí", ahora que no la tengo lo sigo haciendo sin dejar pasar ningún segundo, ahora que tus labios sólo mastican las partículas de la quietud, de la responsabilidad y el estresante ajetreo de tu vida sólo me queda resignarme y olvidarte y dejar atrás aquéllos sentimientos que bañaron mis sonrisas en los mejores dos años de toda mi vida.
No construyo mis pensamientos en base a ilusiones o utopías. Siempre he creído en la realidad de los hechos y que el poder de la historia lo determina el hombre. No obstante me contradigo de repente sintiendo aquella ilusión utópica en la que nuevamente te beso y te tengo en cada segundo. Sé que no será así y es claro que es imposible, pero como todas las utopías se caracterizan de imposibles me jacto de tener juicios inalcanzables.
Hubiese preferido que mis palabras no te hayan dado alegría aunque me alegré mucho cuando me lo confesaste. Habría optado por el silencio para ir de a poco desquebrajando aquél brillo que mis ojos admiran de tu mirada distante.
No estoy triste pero tampoco tengo ánimos de seguir luchando o de seguir amándote como nunca he dejado de hacerlo.
Que tu perfume se desvanezca en mi piel y se esfume con el humo de este último cigarrillo entre mis dedos.
28.3.12
22.3.12
13.3.12
9.3.12
51. Carta a NADIE.
10.03.12
Nunca he sabido cómo empezar una carta independiente a quién vaya dirigida ésta. Sean cartas académicas, románticas, familiares o hacia amigos. La verdad es que me cuesta extenderme tanto porque suelo ahogarme entre clichés baratos y vulgares.
He estado fuera del estress durante casi una semana en la que he vuelto a oler aquellos aromas verdes que me embriagan tanto como el vino mismo. He vuelto a observar aquellos trenes que sacan sonrisas e iluminan mis ojos mientras pasan por fuera de mi casa junto a la Estación en donde siempre en la noche veo la gente bajar o subir, gente triste, gente feliz, gente sola o gente acompañada, siempre ha sido así y siempre me he alegrado por las sensaciones que transmite cada personaje desconocido desolado y sentado dentro de un fierro antiguo que camina raudo por las vías metálicas. Volví a bañarme en las aguas del Bio-Bio que hace casi un mes atrás dejé botadas para conocer aguas extranjeras, la verdad es que extrañaba todo esto sin necesitar nada de aquello; Nada se compara a esto, ni siquiera el caribe, ni siquiera Cancún (en donde estuve).
La verdad, estos días me han servido muchísimo para claramente ver imágenes que creí jamás vería entre las lágrimas que me empañaban, incluso he pensado acerca de la utilidad de éstas en mi vida y en cómo no me sirven para nada, absolutamente nada (ya que no favorecen a nadie ni lograré nada), en cómo me ahogaba dentro de un sentir que en el presente no tiene sentido alguno de ser, que no vale la pena ni siquiera para redactar algo referente a ello (aunque sé que terminaré haciéndolo en algún punto de ésta carta dirigida a NADIE).
Nadie dimensiona mis alegrías cuando el tren se siente pesado y rápidamente atraviesa mi ventana sin sutileza alguna, moviendo cada partícula en ésta casa de madera que se encuentra inerte en el tiempo y en el silencio. Esto me hace danzar e incluir un cigarrillo para continuar el ritual y disfrutar a concho cualquier emoción que en el momento pase por mi "corazón". Olor a árboles, vista al río, tren pasando sin sutileza, cigarrillo entre los dedos, cámara fotográfica en el hombro izquierdo y el querer retratar cada sensación que en cada segundo se hace completamente diferente a la anterior. Creo que me falta demasiado aún para hacer eso, pero creo estar bien encaminado, por último caeré en lo vulgar para fotografiar y luego redactar alguna carta o algún escrito aludiendo a lo que voy sintiendo -con afán de orientar a los lectores que nunca leen esto-.
No me siento más fuerte ni más maduro. No me siento más independiente ni menos enamorado. No me siento más grande ni más flaco. Estoy igual, soy el mismo chico que abandonó la ciudad para secar sus lágrimas y estar tranquilo entre árboles y entre silencios, estar tranquilo en el único lugar que amo dentro de la Patria que adoro. Soy el mismo, pero... ¿Qué ha cambiado en una semana?:
No, no soy el mismo, pero aún así no me siento ni más maduro ni menos, más fuerte. Creo que como siempre sigo apreciando y atesorando cada momento que pasa por mis ojos con un afán de querer fotografiarlo, quiero darle olor a aquellos recuerdos que se encuentran pudriendo aquella sonrisa o aquellas ganas de "estar mejor", darle un color, también, verdoso y floreado que me recuerde de por qué estoy vivo en éste espacio tan silencioso y monótono. La verdad es que me he sentido bastante mal por no poder desahogarme como corresponde, de la forma clásica: Junto a un amigo y un cigarrillo; La verdad creo que es lo único que necesito, sólo eso. Me he sentido como creí que me sentiría estándolo: Solo. Es una horrible sensación y sólo tengo ganas de correr a la Universidad para así desenvolverme en lo que más me gusta hacer; desaparecer entre textos y palabras, desaparecer entre fechas y "hechos", desaparecer entre ideales y gente. Lo necesito bastante, aunque, no me quejo por estar acá ya que sé que durante el año no podré venir con mayor libertad tal y como hace una semana cogí el Bus a los minutos después de que el taxi me dejó en el Terminal.
Creo que al mirar el cielo pienso en la belleza de éste, me duele el no compartir aquellas imágenes que vagan por mi cerebro después de haber sido vistas a través de mis ojos. Me duele el no poder comentar acerca de lo grande que están los árboles o lo rica que está su fruta. Me duele no poder decir que mi ojo derecho está pésimo e hinchado y recibir algún consejo irrelevante (que obviamente no tomaré en cuenta) para sanarlo. O alguien que me diga "deja de fumar, mírate como estás". Son cosas tan pequellas que me da para pensar que siempre adorné mi vida con detalles; Siempre fue así. Siempre vi más allá de lo que nunca vi, siempre atesoré cada detalle que deslumbraba en la monotonía de un abrazo o un beso (sobretodo las miradas y las sonrisas). Afirmo, la verdad, que ya no me interesa recibir todo de nadie porque puedo guardarme a mí mismo dentro de cada huella que recorro, cada recuerdo que fabrico; Ahí estoy yo y no cabe nadie más porque no quiero que exista alguien más (soy egoísta y ególatra), creo que la soledad es una compañía bellísima que jamás te dejará solo. Esto no va ligdo a ningún tipo de sentimiento negativo, ni siquiera a alguna posible "depresión", al contrario, lo escribo entre sonrisas y me doy cuenta que estoy avanzando para mí mismo. Soltaron mi mano y supe cómo caminar pese a haber caído varias veces en el intento de pararme. Lo sé, es una realidad que me gusta y enorgullece asumir.
Ya falta poco para cumplirse un mes desde aquél fatídico día en el que nos dijimos adios. En el viaje para acá comenté entre palabras: "son tan pocos días para dejar atrás dos años" y es cierto, son muy pocos días, pero, tal cual como receta médica, primero es aquí y luego es darme de alta allá; Anhelo en demasía volver a estudiar. Me entristezco de repente, pero una caminata hacia el sur de la Estación y rodearme de árboles, cigarrillos, flores y trenes me hace sentir nuevamente vivo, no en una cantidad gigante ni exagerada, claro que no, aún tengo aquella herida que cuido para que no se infecte, es difícil pero creo va bien.
Qué días más extraños han sido estos primeros de marzo: El sol ha pegado tan fuerte que ha obligado a que nosotros camináramos al río que tan cerca de casa nos queda pese a que en las mañanas una chomba abriga mi cuerpo y me salva de no tiritar tanto mientras bebo mi café o fumo mi cigarrillo. Otros días el viento norte vuela nuestros quitasoles mientras que nos da frío entrar en la correntosa agua del Bio-Bio, no obstante, el agua pasa a ser parte de nuestro cuerpo y nos sumergimos igual. Hoy amaneció muy nublado y se mantuvo así por el resto del día, amo los días nublados y amo también el olor de estos; el aroma que emiten las plantas cuando el frío se hace partícipe de ellas. Es tan embriagante que deseo no dejar de sentir aquellas sensaciones jamás, sólo quiero hacerlas mías para por siempre porque es lo único que me ha hecho feliz durante la mi vida hasta ahora.
Tampoco sé cómo finalizar una carta tan autoreferente como ésta, da igual la forma, da igual el método, sólo lo estoy haciendo de forma correcta. Estoy finalizando las cosas bien y me he dado cuenta de la inconsecuencia de las palabras, eso me ha ayudado a concluír una bonita historia con un "final de película". Las personas no son más que finales por ende hay que aprovechar el desarrollo antes del desenlace; Yo lo hice y ya concluí, nada queda más que la libertad de decir que quiero volver a sonreír solo sin ningún tipo de cadena que quiera arreglar un final que ya no puede cambiarse.
Atentamente,
D.
Nunca he sabido cómo empezar una carta independiente a quién vaya dirigida ésta. Sean cartas académicas, románticas, familiares o hacia amigos. La verdad es que me cuesta extenderme tanto porque suelo ahogarme entre clichés baratos y vulgares.
He estado fuera del estress durante casi una semana en la que he vuelto a oler aquellos aromas verdes que me embriagan tanto como el vino mismo. He vuelto a observar aquellos trenes que sacan sonrisas e iluminan mis ojos mientras pasan por fuera de mi casa junto a la Estación en donde siempre en la noche veo la gente bajar o subir, gente triste, gente feliz, gente sola o gente acompañada, siempre ha sido así y siempre me he alegrado por las sensaciones que transmite cada personaje desconocido desolado y sentado dentro de un fierro antiguo que camina raudo por las vías metálicas. Volví a bañarme en las aguas del Bio-Bio que hace casi un mes atrás dejé botadas para conocer aguas extranjeras, la verdad es que extrañaba todo esto sin necesitar nada de aquello; Nada se compara a esto, ni siquiera el caribe, ni siquiera Cancún (en donde estuve).
La verdad, estos días me han servido muchísimo para claramente ver imágenes que creí jamás vería entre las lágrimas que me empañaban, incluso he pensado acerca de la utilidad de éstas en mi vida y en cómo no me sirven para nada, absolutamente nada (ya que no favorecen a nadie ni lograré nada), en cómo me ahogaba dentro de un sentir que en el presente no tiene sentido alguno de ser, que no vale la pena ni siquiera para redactar algo referente a ello (aunque sé que terminaré haciéndolo en algún punto de ésta carta dirigida a NADIE).
Nadie dimensiona mis alegrías cuando el tren se siente pesado y rápidamente atraviesa mi ventana sin sutileza alguna, moviendo cada partícula en ésta casa de madera que se encuentra inerte en el tiempo y en el silencio. Esto me hace danzar e incluir un cigarrillo para continuar el ritual y disfrutar a concho cualquier emoción que en el momento pase por mi "corazón". Olor a árboles, vista al río, tren pasando sin sutileza, cigarrillo entre los dedos, cámara fotográfica en el hombro izquierdo y el querer retratar cada sensación que en cada segundo se hace completamente diferente a la anterior. Creo que me falta demasiado aún para hacer eso, pero creo estar bien encaminado, por último caeré en lo vulgar para fotografiar y luego redactar alguna carta o algún escrito aludiendo a lo que voy sintiendo -con afán de orientar a los lectores que nunca leen esto-.
No me siento más fuerte ni más maduro. No me siento más independiente ni menos enamorado. No me siento más grande ni más flaco. Estoy igual, soy el mismo chico que abandonó la ciudad para secar sus lágrimas y estar tranquilo entre árboles y entre silencios, estar tranquilo en el único lugar que amo dentro de la Patria que adoro. Soy el mismo, pero... ¿Qué ha cambiado en una semana?:
No, no soy el mismo, pero aún así no me siento ni más maduro ni menos, más fuerte. Creo que como siempre sigo apreciando y atesorando cada momento que pasa por mis ojos con un afán de querer fotografiarlo, quiero darle olor a aquellos recuerdos que se encuentran pudriendo aquella sonrisa o aquellas ganas de "estar mejor", darle un color, también, verdoso y floreado que me recuerde de por qué estoy vivo en éste espacio tan silencioso y monótono. La verdad es que me he sentido bastante mal por no poder desahogarme como corresponde, de la forma clásica: Junto a un amigo y un cigarrillo; La verdad creo que es lo único que necesito, sólo eso. Me he sentido como creí que me sentiría estándolo: Solo. Es una horrible sensación y sólo tengo ganas de correr a la Universidad para así desenvolverme en lo que más me gusta hacer; desaparecer entre textos y palabras, desaparecer entre fechas y "hechos", desaparecer entre ideales y gente. Lo necesito bastante, aunque, no me quejo por estar acá ya que sé que durante el año no podré venir con mayor libertad tal y como hace una semana cogí el Bus a los minutos después de que el taxi me dejó en el Terminal.
Creo que al mirar el cielo pienso en la belleza de éste, me duele el no compartir aquellas imágenes que vagan por mi cerebro después de haber sido vistas a través de mis ojos. Me duele el no poder comentar acerca de lo grande que están los árboles o lo rica que está su fruta. Me duele no poder decir que mi ojo derecho está pésimo e hinchado y recibir algún consejo irrelevante (que obviamente no tomaré en cuenta) para sanarlo. O alguien que me diga "deja de fumar, mírate como estás". Son cosas tan pequellas que me da para pensar que siempre adorné mi vida con detalles; Siempre fue así. Siempre vi más allá de lo que nunca vi, siempre atesoré cada detalle que deslumbraba en la monotonía de un abrazo o un beso (sobretodo las miradas y las sonrisas). Afirmo, la verdad, que ya no me interesa recibir todo de nadie porque puedo guardarme a mí mismo dentro de cada huella que recorro, cada recuerdo que fabrico; Ahí estoy yo y no cabe nadie más porque no quiero que exista alguien más (soy egoísta y ególatra), creo que la soledad es una compañía bellísima que jamás te dejará solo. Esto no va ligdo a ningún tipo de sentimiento negativo, ni siquiera a alguna posible "depresión", al contrario, lo escribo entre sonrisas y me doy cuenta que estoy avanzando para mí mismo. Soltaron mi mano y supe cómo caminar pese a haber caído varias veces en el intento de pararme. Lo sé, es una realidad que me gusta y enorgullece asumir.
Ya falta poco para cumplirse un mes desde aquél fatídico día en el que nos dijimos adios. En el viaje para acá comenté entre palabras: "son tan pocos días para dejar atrás dos años" y es cierto, son muy pocos días, pero, tal cual como receta médica, primero es aquí y luego es darme de alta allá; Anhelo en demasía volver a estudiar. Me entristezco de repente, pero una caminata hacia el sur de la Estación y rodearme de árboles, cigarrillos, flores y trenes me hace sentir nuevamente vivo, no en una cantidad gigante ni exagerada, claro que no, aún tengo aquella herida que cuido para que no se infecte, es difícil pero creo va bien.
Qué días más extraños han sido estos primeros de marzo: El sol ha pegado tan fuerte que ha obligado a que nosotros camináramos al río que tan cerca de casa nos queda pese a que en las mañanas una chomba abriga mi cuerpo y me salva de no tiritar tanto mientras bebo mi café o fumo mi cigarrillo. Otros días el viento norte vuela nuestros quitasoles mientras que nos da frío entrar en la correntosa agua del Bio-Bio, no obstante, el agua pasa a ser parte de nuestro cuerpo y nos sumergimos igual. Hoy amaneció muy nublado y se mantuvo así por el resto del día, amo los días nublados y amo también el olor de estos; el aroma que emiten las plantas cuando el frío se hace partícipe de ellas. Es tan embriagante que deseo no dejar de sentir aquellas sensaciones jamás, sólo quiero hacerlas mías para por siempre porque es lo único que me ha hecho feliz durante la mi vida hasta ahora.
Tampoco sé cómo finalizar una carta tan autoreferente como ésta, da igual la forma, da igual el método, sólo lo estoy haciendo de forma correcta. Estoy finalizando las cosas bien y me he dado cuenta de la inconsecuencia de las palabras, eso me ha ayudado a concluír una bonita historia con un "final de película". Las personas no son más que finales por ende hay que aprovechar el desarrollo antes del desenlace; Yo lo hice y ya concluí, nada queda más que la libertad de decir que quiero volver a sonreír solo sin ningún tipo de cadena que quiera arreglar un final que ya no puede cambiarse.
Atentamente,
D.
2.3.12
1) Sebastián
I
Salió de su casa ubicada en la comuna de Maipú, caminó inseguro al paradero donde pasaba la micro que lo dejaba en el metro mientras secaba constantemente su frente y se aferraba a su Armani con manos sudorosas y encremadas. Caminó un par de cuadras y se dio cuenta que había perdido aquella forma tan segura de caminar y que se había vuelto algo mecánico, algo fingido, algo de "querer ser" y no "seguir siendo", es complejo lo que Sebastián estaba sintiendo en aquellos momentos, una especie de taquicardia o una crisis de pánico, no lo sabía, pero su corazón latía rápido y con tanta fuerza como aquél pensamiento que se le pasaba por la cabeza. Por un momento, mientras casi llegaba al paradero y tiraba la colilla del cigarro al asfalto, sintió que caminando por el centro se toparía con Franco, que se abrazarían e irían a tomar un café, que lo vería por en alguna de aquellas calles que con frecuencia transitaban para juntarse, o para que Franco caminara junto a Sebastián al su trabajo. Tuvo esa idea tan latente que le aterraba que se pudiera hacer realidad, le aterraba la idea de ver a Franco con su caminar despreocupado entre la gente gris de la ciudad. Incluso llegó a recordar aquella famosa escena del film Closer cuando Natalie Portman y Jude Law caminan despreocupados e indiferentes por la ciudad hasta que se logran mirar desde lo lejos y avanzan encontrándose. Estoy seguro que Sebastián quería que lo atropellasen, pero aún así la frase "Hello, Stranger" sería reemplazada por "¡Cuidado estúpido!" (Franco jamás fue tan romántico para expresarse y eso fue lo que a Sebastián le gustaba, le excitaba a veces la dureza, otras veces sólo era indiferente a ello).
Cogió la tarjeta "Bip" del bolsillo de su camisa y subió al taxibus que lo llevaría al metro. Hacía tanta calor que cuando eso pasa los viajes de cinco minutos tardan dos horas; una eternidad entre las brasas de un metal hirviendo, sentía que la vida no podía ser más caótica que en esos momentos, por un segundo se despreocupó y sólo el calor invadía sus pensamientos, había desvanecido un poco ese deseo-no-deseo de ver a Franco en el centro. Sólo se atrevió a mirar por la ventana y escuchar atento a un bebé que lloraba, Sebastián pensó que le gustaría ser ese bebé por algunos segundos, luego sostuvo la opinión de que no le agradaría ser alguien que él mismo detestara -como en el caso de los bebés llorones-; Asintió como conversando con algún conocido.
Caminó galante sintiendo que estaba en una pasarela del infierno, el semáforo estaba en rojo pero los autos no avanzaban y la gente corría al otro lado, Sebastián sólo caminó, tomaba bien tan bien su Armani que se veía elegante y seguro, aunque lo que más le faltaba era seguridad, la elegancia es fácil fingirla en un mundo tan superficial y banal donde todos se creen superiores. Aún faltaba un semáforo pero en el instante cambió a verde para cruzar. Sebastián jamás ha entendido por qué la luz verde dura tan pocos segundos, ya a la mitad de la calle palpitaba el hombre verde para convertirse en rojo. Da lo mismo, estaba bajando las escaleras del Metro mirándose en todos los espejos sin descuidar ningún movimiento y viendo qué podía estar mal en él, quizás su peinado estilo 60s era lo suficientemente alborotado, el sudor hacía que aquellos cabellos ondulados se salieran del curso perfecto de los demás cabellos, pero era fácil arreglarlo sin que nadie se diera cuenta, eso fue lo que él hizo.
Como siempre la gente gris subía y bajaba en manadas las escaleras del Metro, era difícil transitarlas, en esos momentos anheló un poco de brisa fría o que su botella de agua estuviera casi congelada, se le dificultó tanto bajar por aquellos escalones que cuando lo logró se sintió aliviado de llegar al andén en donde cogería el "tren" al centro. Fue el primero en entrar y el primero en sentarse cuando éste llegó, lo primero que hizo fue beber un sorbo grande de agua y secarse el sudor de la frente mientras, por supuesto, se arreglaba también el peinado. Acto siguiente, sacó de su bolso aquél libro que tan fascinado y triste lo tenía, "Los Puentes de Madison County", ya estaba por el final, ya había llorado con el libro y recordando a Franco en algunas frases explícitas que estaban escritas para ellos.
De un segundo a otro el viaje se hizo fugaz, entre las palabras del libro las horas se volvieron segundos cortos y ya estaba en la estación Santa Lucía. Aquí es cuando Sebastián ya estaba con el corazón en la mano, se bombeaba tanta sangre por segundo que ya realmente era una máquina de refrescos sirviendo un vaso grande. El corazón le latía al mil por segundo no-queriendo que Franco caminara por ahí aquella tarde. Salió por la entrada Norte del Metro y se dirigió rápidamente al jardín de la Biblioteca Nacional (era su sitio favorito en la ciudad, el único lugar que reunía todo lo que le gustaba; Un coche de tren, varios naranjos, las palomas y las hojas; todo era verde y tranquilo, todo estaba en su lugar). Se sentó en la misma banca en donde días atrás habían terminado con Franco; respiró hondo y recordó toda esa charla en la que cada palabra (pese a lo hermosas y acogedoras que fueron) destruyó parte de sus sueños y de sí mismo. Se sentó en el mismo lugar pero ésta vez en lugar de Franco estaba sentado el Armani ya ultrajado, Sebastián había sacado el paquete de cigarrillos, el encendedor y su libro mientras que al mismo tiempo observaba a la gente sentada en las bancas a su alrededor y la gente que caminaba de prisa por fuera de la reja que separaba el verde de lo gris de la ciudad. Buscaba inconsciente a Franco en la multitud mientras realizaba las demás acciones y disfrutaba su tan anhelado cigarrillo.Comenzó a leer sin distraerse, la gente murmuraba pero las voces de Francesca Johnson y Robert Kincaid eran más fuertes. Ellos se estaban despidiendo y nada más podían hacer, se amaron, pero luchar por aquél amor que los mantuvo felices por unos días era inapropiado ya que Francesca no quería destrozar a su familia. Las frases y las palabras pasaron rápido y por la cabeza de Sebastián pasaron los diálogos de la película interpretada por Meryl Streep y Clint Eastwood. Por unos momentos se sentía reflejado en "el último cowboy" (Robert Kincaid), sentía la fortaleza y la fuerza de Robert de querer luchar para no destruir lo que habían construido, para seguir amándose pese a todo, de vivir hasta los últimos días sintiendo aquél aroma que tanto embriagó desde el principio. Creo que Sebastián nunca entendió a Francesca y su deseo de no estar con Robert y seguir amándose como lo hicieron, nunca les faltó amor, quizás Sebastián sentía la misma impotencia, pero también sentía la resignación y asumía lo que pasaba. Una vez Sebastián dijo (después de ver por décima vez el film "Los Puentes de Madison County"):
<<Siempre que veo el film tengo la esperanza de que Francesca abra la puerta del auto y se escape con Robert, es estúpido, pero esperaba expectante aquella parte e imaginaba a Francesca caminando entre la lluvia abandonando el caos para poder ser feliz como siempre lo anheló.
Ya llegaba a la peor parte del libro cuando la gente seguía transitando por montones y varias horas habían pasado ya, no se había percatado que habían pasado como 60 páginas ya y los ojos se le humedecían cuando Francesca le dijo a Robert:
"eres demasiado sensible , percibes demasiado bien mis sentimientos como para hacerlo. Y yo tengo sentimientos de responsabilidad aquí. Sí, en cierto modo es aburrido. Me refiero a mi vida. Le falta amor, erotismo, bailar en la cocina a la luz de las velas y la maravillosa sensación de un hombre que sabe amar a una mujer, más que nada le faltas tú..."
Ahí, desde aquél momento a las hojas del libro comenzaron a caerle pequeñas y tímidas gotas que atravesaban el cristal de los anteojos de Sebastián, sentía que las palabras las había escrito él hace unos días atrás, lo que vino después fue lo más desastroso entre sus ojos pardos, fue una frase de bronce que anheló correr a decírsela a Franco, anheló por un momento que caminara por fuera del jardín, se vieran y se saludaran cordial, pero en vez de decir "hola" quería decirle:
"-Sólo tengo una cosa que decir, una sola; nunca volveré a decírsela a nadie y te pido que la recuerdes: En un universo de ambigüedades, esta certeza viene una sola vez, y nunca más, no importa cuántas vidas le toque a uno vivir".
Un guardia se acercó a Sebastián pidiéndole que se fuera porque estaban cerrando. Hizo lo mismo con un grupo de estudiantes y una pareja que se encontraban sentados en las bancas siguientes. Sólo caminó, sin rumbo caminó. Recorrió inconsciente varias calles en las que Franco solía transitar con frecuencia, no miraba a nadie pero abarcaba un amplio cambio visual viéndolo todo. En todas las personas Sebastián veía algo de Franco, cosas tan banales como irreales, buscaba entre toda la gente invisible aquél perfume, aquella forma despreocupada de caminar, aquella mirada cansada y odiosa. Se sentía solo, por primera vez se sintió tan solo e indefenso como un niño que se extravía de su madre en un centro comercial, la gente no lo miraba pero él tampoco quería que lo hicieran. Su forma de caminar ya no era segura desde hace días pero la demostró aún más aquella tarde, era como un extranjero que visita por primera vez la capital o un ciego que no ve sus huellas. Por un momento no sintió nada, sólo miraba ampliamente, había olvidado por algunos segundos a Franco, había olvidado que lo buscaba y que habían terminado ya hace días, Sebastián lucía cansado y ya no pensaba ni sentía nada. Mientras caminaba sin rumbo alguno divisó a lo lejos una cara conocida, era un amigo de Franco que se llamaba de la misma forma, meses atrás habían estado vomitando juntos en el baño hablando de desamores y Sebastián consolándolo, eran dos desconocidos que se conocieron bastante bien ebrios, vomitando en el baño del departamento de Franco (en ese entonces la pareja de Sebastián). Se saludaron como viejos amigos que no se veían (aunque nunca fueron amigos realmente, sólo conocidos) desde hace años, conversamos de la vida y ahí es cuando a Sebastián le llega el golpe y aterriza súbitamente, en ese momento fue cuando recordó hartas cosas. Franco (el compañero de vómito de Sebastián) le preguntó si iría a ver a Franco al trabajo (estaba en la misma calle). Sebastián se limitó a decir mientras pasaron algunos segundos de silencio antes de responder: "Ya no estoy con Franco, terminamos", lo había olvidado porque aún no lo asumía (y creo que le costará demasiado asumirlo). La noticia le chocó y le preguntó las razones por las cuales habían roto, Sebastián fue sincero pero no dijo mucho, no quería que lo vieran mal porque no quería que a Franco le dijeran que estaba mal, quería que se conservara la mentira de que "estaba tranquilo, que podíamos conversar tranquilamente como si nada hubiese pasado", no quería que Franco supiera eso, así que se limitó a decir que todo estaba bien, no terminamos de mala forma y seguimos hablando (no mintió en eso). Bueno, el típico consejo vino después mientras que Sebastián sonreía. Habían conversado un buen rato cuando Sebastián le dijo que tenía que irse. Se abrazaron como los buenos amigos que jamás han sido y se despidieron de forma cálida.
Ya estaba oscureciendo cuando en el "tren" se asomaban las señales de la noche. Creo que jamás disfrutó tanto un viaje en "tren" como ese, la danza de las luces de todo tipo de colores pasando a través de la ventana, las personas pequeñas caminando quedando atrás por la velocidad del transporte. Eran maravillosas aquellas luces tan ordenadas, tan diferentes, tan en su lugar, tan "en donde deberían estar decorando siempre". No importó que el "tren" estuviera lleno de gente y oliera a sudor de hombre en el vagón, se entretuvo viendo las luces y después mirando las clavículas de un joven que dormía frente a él. Sebastián siempre se ha sentido atraído por las clavículas. Estuvo un buen rato mirándolas sin que el joven se diera cuenta, además, tampoco miraba al joven de alguna forma insinuante, todo lo contrario, eran sus clavículas lo que estaba admirando.
El aire un poco más frío golpeó las gotas de sudor que en la frente de Sebastián se aferraban, estaba más cálido y el caminar a casa desde el Metro se hizo tranquilo.
Pensó que debería salir más seguido.
Pensó que debería salir más seguido.
1.3.12
50. En fin
No lloro porque te he perdido, no bebo para olvidarte ni menos sufro porque te fuiste de mi vida. Sé que estás aquí y sabes que estoy acá.
Pasé los mejores dos años de mi vida, aprendí el arte de los detalles, incluí en mi vocabulario palabras que jamás había usado tan seriamente y fielmente construí un "David" más "maduro". Me acuerdo que una vez me dijiste: "Es irónico como siempre tenemos consejos para el resto, pero nunca para uno mismo. Yo creo por eso la gente por sí sola no puede sobrevivir, necesita la compañía aunque sea de un enemigo". Aquellas palabras jamás dejaron mi cabeza, y creo que actualmente me son tan útiles como los recuerdos que juntos aprendimos a construir.
Jamás peleamos fuerte, jamás fuimos infieles a nosotros mismos, a nuestros sentimientos o a nuestra persona. Siempre fuimos uno solo y es algo que disfruté hasta el último día. Siempre te odié de la misma forma de la que te amé en demasía, fuiste el único que me descubrió al cien por ciento tal cual soy, el único que sacó lo mejor y lo peor de mi y creo yo haber hecho lo mismo. Fuimos los únicos seres transparentes que reían y lloraban como personas, como seres humanos que se han conocido desde toda la vida.
Hace días nos despedimos entre llantos mutuos, me dolió verte llorar, me dolió verte sentir culpa por algo que jamás hiciste mal, siempre fuiste bueno y jamás te he guardado rencor por nada, todo lo contrario, siempre he valorado tu forma de ser, inclusive cuando eras frío porque me dabas más espacio para demostrarte cuánto te amaba y cuán cerca estaba de ti.
(Como diría Edith Piaf: "no me arrepiento de nada. ni el bien que me han hecho, ni el mal, todo eso me da igual". Es tan cierto entre cada letra el sentimiento.)
No te arrepientas por llorar que todo es un proceso, no te sientas solo porque no lo estarás jamás. Acordamos no abandonarnos pese a que en estos momentos me es casi imposible pensar en ti. Siempre fuiste un buen chico que nunca hizo nada malo. Siempre fui un buen chico que contigo estuvo en las buenas y en las malas. Sufrimos hambre y sufrimos frío, pasamos incomodidades tremendas en las que el silencio nos hizo crecer dentro de las situaciones horrendas que pasamos. Siempre estuvimos juntos, siempre tuviste un hombro en el cual llorar o un hombre con el cual desahogarte. Lo mismo yo, el estress en mis estudios era compensado cuando veía tus ojos o sentía tu cálido abrazo, aunque fuese una palabra despectiva, ahí estabas.
No quiero seguir llorando porque no te he perdido, pero me es inevitable el anhelar tu esencia en mi cuerpo, tus besos entre mis labios y tus dedos secando mis lágrimas diciéndome que todo está bien, que las hojas de otoño caerán como siempre y las recogeremos y obsequiaremos. Me cuesta seguir hablándote pese a que amo hacerlo, no quiero dejarte solo ni que te sientas solo, lo mismo yo, no deseo que aquella mano cálida que me hizo crecer en sobremanera me suelte para caminar por mí mismo.
No dejaré de amarte, nunca negaré que fuiste, eres y serás el amor de mi vida, que serás el único hombre al que amé tanto como para escribir palabras tan llenas de dolor. Pero, pese a todo, te agradezco todo; Gracias por hacerme crecer, gracias por ayudarme a que me diera cuenta para donde iba mi vida, el enfoque de mi carrera, el amor a mi familia, el amor a mí mismo y mi autoestima. Te agradezco cada momento y cada hoja seca entre tus manos. Cada fotografía y cada paso que juntos dimos.
La vida sigue, no me echaré a morir, pero lloraré y disfrutaré mi luto. Quizá suene masoquista pero no es lo que parece. Sólo quiero dejar de llorar llorando. Quiero dejar de sufrir sufriendo. Quiero seguir viviendo sintiendo. Hay que disfrutar cada proceso de la vida de principio a fin, la experiencia es hermosa, las lágrimas adormecen mis ojos.
Quiero dejar en claro que no estás solo, que yo estaré siempre que me necesites, sé que puedo contar contigo también; eso me hace sonreír mientras lloro, dejaré de llorar cuando éstas palabras terminen, dejaré de sentirme mal cuando ambos le sigamos sonriendo a la vida como siempre lo hemos hecho.
Pasé los mejores dos años de mi vida, aprendí el arte de los detalles, incluí en mi vocabulario palabras que jamás había usado tan seriamente y fielmente construí un "David" más "maduro". Me acuerdo que una vez me dijiste: "Es irónico como siempre tenemos consejos para el resto, pero nunca para uno mismo. Yo creo por eso la gente por sí sola no puede sobrevivir, necesita la compañía aunque sea de un enemigo". Aquellas palabras jamás dejaron mi cabeza, y creo que actualmente me son tan útiles como los recuerdos que juntos aprendimos a construir.
Jamás peleamos fuerte, jamás fuimos infieles a nosotros mismos, a nuestros sentimientos o a nuestra persona. Siempre fuimos uno solo y es algo que disfruté hasta el último día. Siempre te odié de la misma forma de la que te amé en demasía, fuiste el único que me descubrió al cien por ciento tal cual soy, el único que sacó lo mejor y lo peor de mi y creo yo haber hecho lo mismo. Fuimos los únicos seres transparentes que reían y lloraban como personas, como seres humanos que se han conocido desde toda la vida.
Hace días nos despedimos entre llantos mutuos, me dolió verte llorar, me dolió verte sentir culpa por algo que jamás hiciste mal, siempre fuiste bueno y jamás te he guardado rencor por nada, todo lo contrario, siempre he valorado tu forma de ser, inclusive cuando eras frío porque me dabas más espacio para demostrarte cuánto te amaba y cuán cerca estaba de ti.
(Como diría Edith Piaf: "no me arrepiento de nada. ni el bien que me han hecho, ni el mal, todo eso me da igual". Es tan cierto entre cada letra el sentimiento.)
No te arrepientas por llorar que todo es un proceso, no te sientas solo porque no lo estarás jamás. Acordamos no abandonarnos pese a que en estos momentos me es casi imposible pensar en ti. Siempre fuiste un buen chico que nunca hizo nada malo. Siempre fui un buen chico que contigo estuvo en las buenas y en las malas. Sufrimos hambre y sufrimos frío, pasamos incomodidades tremendas en las que el silencio nos hizo crecer dentro de las situaciones horrendas que pasamos. Siempre estuvimos juntos, siempre tuviste un hombro en el cual llorar o un hombre con el cual desahogarte. Lo mismo yo, el estress en mis estudios era compensado cuando veía tus ojos o sentía tu cálido abrazo, aunque fuese una palabra despectiva, ahí estabas.
No quiero seguir llorando porque no te he perdido, pero me es inevitable el anhelar tu esencia en mi cuerpo, tus besos entre mis labios y tus dedos secando mis lágrimas diciéndome que todo está bien, que las hojas de otoño caerán como siempre y las recogeremos y obsequiaremos. Me cuesta seguir hablándote pese a que amo hacerlo, no quiero dejarte solo ni que te sientas solo, lo mismo yo, no deseo que aquella mano cálida que me hizo crecer en sobremanera me suelte para caminar por mí mismo.
No dejaré de amarte, nunca negaré que fuiste, eres y serás el amor de mi vida, que serás el único hombre al que amé tanto como para escribir palabras tan llenas de dolor. Pero, pese a todo, te agradezco todo; Gracias por hacerme crecer, gracias por ayudarme a que me diera cuenta para donde iba mi vida, el enfoque de mi carrera, el amor a mi familia, el amor a mí mismo y mi autoestima. Te agradezco cada momento y cada hoja seca entre tus manos. Cada fotografía y cada paso que juntos dimos.
La vida sigue, no me echaré a morir, pero lloraré y disfrutaré mi luto. Quizá suene masoquista pero no es lo que parece. Sólo quiero dejar de llorar llorando. Quiero dejar de sufrir sufriendo. Quiero seguir viviendo sintiendo. Hay que disfrutar cada proceso de la vida de principio a fin, la experiencia es hermosa, las lágrimas adormecen mis ojos.
Quiero dejar en claro que no estás solo, que yo estaré siempre que me necesites, sé que puedo contar contigo también; eso me hace sonreír mientras lloro, dejaré de llorar cuando éstas palabras terminen, dejaré de sentirme mal cuando ambos le sigamos sonriendo a la vida como siempre lo hemos hecho.
Éste fue el segundo 27 de febrero más terrible de mi vida, pero como en el anterior salí adelante en éste también saldré sonriente.
26.2.12
49. The Last Beat of my Heart
El alcohol no es fuerte cuando se tiene pena. El alcohol quizás sea indispensable para ahogar y aniquilar aquellas lágrimas que salen sin control cuando sientes que algo es inevitable, cuando algo ya no tiene vuelta atrás. Nadie niega lo patético que es, nadie puede verse tan glamuroso de esa forma aunque los adolescentes crean que así sea y difamen lo que no han vivido.
Creo que el pasado fue grandioso y bebo en el presente por el miedo al futuro, soy cobarde porque fui un niño que está soltando aquella mano que lo cuidaba y protegía, aquél calor que lo hacia sentir seguro y a salvo.
.....Ahora estoy solo.
Me veo bien, me visto bien, soy guapo y me arreglo demasiado para ir a comprar el pan. Nadie me ha visto desarreglado ni despreocupado jamás de mi apariencia. Sé que puedo conseguir a la persona que quiera y cuando quiera y siempre ha sido así. Nunca me han faltado las invitaciones a salir, pero yo siempre he dicho no porque siempre he sido fiel, no a las personas, sino que a mí mismo, a lo que yo he sentido, pensado y dicho; Fiel a mis convicciones políticas, sociales y personales. Jamás he decaído.
Ya ni sé lo que escribir, sólo escucho "The End of the World" de Skeeter Davis y me siento como Daisy Randone ("Girl, Interrupted") colgado en la tina de su baño, sangrando la desesperanza y colgado en la felicidad, ahogado de tranquilidad.
Mi vaso de vodka se ha multiplicado por diez y ya no me quedan más palabras que escribir. Lo único que sé es que me voy de viaje, me voy al único lugar que logra hacerme feliz teniendo sólo cigarrillos y vino, desearía irme de viaje a cualquier lugar desconocido en donde sé que sería feliz en compañía, pero las condiciones climáticas no lo permitirán por un buen tiempo.
Gracias a todos lo que leyeron este blog, aunque sea de pasada, sólo gracias por leer palabras delirantes pero jamás estuvieron vacías.
Creo que el pasado fue grandioso y bebo en el presente por el miedo al futuro, soy cobarde porque fui un niño que está soltando aquella mano que lo cuidaba y protegía, aquél calor que lo hacia sentir seguro y a salvo.
.....Ahora estoy solo.
Me veo bien, me visto bien, soy guapo y me arreglo demasiado para ir a comprar el pan. Nadie me ha visto desarreglado ni despreocupado jamás de mi apariencia. Sé que puedo conseguir a la persona que quiera y cuando quiera y siempre ha sido así. Nunca me han faltado las invitaciones a salir, pero yo siempre he dicho no porque siempre he sido fiel, no a las personas, sino que a mí mismo, a lo que yo he sentido, pensado y dicho; Fiel a mis convicciones políticas, sociales y personales. Jamás he decaído.
Ya ni sé lo que escribir, sólo escucho "The End of the World" de Skeeter Davis y me siento como Daisy Randone ("Girl, Interrupted") colgado en la tina de su baño, sangrando la desesperanza y colgado en la felicidad, ahogado de tranquilidad.
Mi vaso de vodka se ha multiplicado por diez y ya no me quedan más palabras que escribir. Lo único que sé es que me voy de viaje, me voy al único lugar que logra hacerme feliz teniendo sólo cigarrillos y vino, desearía irme de viaje a cualquier lugar desconocido en donde sé que sería feliz en compañía, pero las condiciones climáticas no lo permitirán por un buen tiempo.
Gracias a todos lo que leyeron este blog, aunque sea de pasada, sólo gracias por leer palabras delirantes pero jamás estuvieron vacías.
22.1.12
21.1.12
48. Human
El humano es lo menos humano si se da cuenta que quiere soñar porque no está dispuesto a volar, sólo está dispuesto a desaparecer en sí mismo y no dentro de la vida misma.
¿Quieres desaparecer y ser parte de la vida misma?. ¿Quieres sentirte completamente fuera de tí mismo sin dejar de ser parte de la maravillosa vida que nos rodea?. Te daré algunos consejos:
1) Si sólo quieres relajarte no te desesperes porque la solución es muy simple; Primero mira una luz blanca (una luz que no dañe tu mirar), luego recuéstate sobre tu asiento, sobre tu cama, sobre tu sofá, sobre tu colchón, en el piso, bajo un puente, sobre alguna superficie cómoda que tengas cerca o la que realmente tú sientas que es cómoda. Después de haber visto la luz por un rato no-tan-extenso cierra tus ojos y respira profundo... Inhala, exhala (sin abrir tus ojos en ningún momento). Cuando estés completamente relajado y con los ojos cerrados, tu mirada se pondrá completamente oscura y en ella verás manchitas claras, puntos por todas partes. Cuando sientas que ves esto no te desesperes porque no veas nada y te sientas un completo imbécil, sólo intenta imaginar que son estrellas. Quédate un buen rato mirando con los ojos cerrados y lograrás ver el cielo nocturno completamente despejado, verás muchas estrellas que girarán a tu alrededor o simplemente se quedarán estáticas junto a ti.
2) Si has tenido un pésimo día, si las voces del centro te saturan entre tanto blah-blah-blah, si el sudor no deja de caer por tu frente y estás a punto de explotar te tengo la solución. Sólo cierra tus ojos, bien cerrados y bien apretados, inhala y exhala una y otra vez en reiteradas veces hasta que logres calmar un poco esa casi crísis nerviosa o esa explosión a nivel Big Bang. Cuando ya te sientas levemente relajado (es casi imposible relajarse después de las situaciones que expuse) con tus manos cubrirás por completo tus oidos, no escucharás nada, no oirás más a la señora que te ofrece calcetines a la moda o el mendigo que te pide monedas, no verás a los discapacitados tirados en el centro que te aterran ni oirás más opiniones de Piñera ni de la Concertación. Tampoco oirás los autos ni sentirás a los idiotas gritándole al celular en el centro (porque claro, no hablan). Cuando no escuches absolutamente nada y ya te hayas calmado lo suficiente de esa crísis de pánico que te inyecta el ojo y te provoca deseos asesinos... Oirás la playa, escucharás las olas romper en la arena, sentirás el sonido de ese viento fresco que te envuelve por completo en la playa, luego de la nada lograrás imaginarte en el mar, un fiel observador del vaiven de las olas, del vaiven del viento, de la rutina del agua mojar las costas. Cuando estés un buen rato en el mar será hora de que te des cuenta que estás tranquilo y calmado. A mi juicio es la mejor terapia (aunque no me gusta mucho el mar) ya que es la más efectiva contra los monstruos que llevamos dentro cuando queremos explotar.
Escucha el mar, ve las estrellas.
3) Cuando llegues a tu casa, te saques tus zapatos que por horas hacen palpitar a tus pies, cuando desabroches tu corbata o simplemente te saques esa camisa (o polera) sudada que se pega a tu cuerpo, siéntate. Bebe un vaso de agua bien helada. No, esa no es una solución. Lo que harás es sentarte en tu lugar favorito y prenderás tu ventilador, comenzarás a sentir esas frías brisas que limpian tus ojos de toda la contaminación de tu rutina. Ponte frente al ventilador y cierra los ojos, ponlo en máxima potencia y las brisas terminarán por envolverte en un mundo casi onírico al que necesitas llegar. Bien, ahora cuando tengas un tiempo razonable frente al ventilador inhala y exhala, también en reiteradas ocaciones (hey, todo esto sin abrir los ojos). Cuando estés completamente relajado te sentirás como viajando, te sentirás como escapando hacia ningún lugar al que quieres llegar, te sentirás como un niño sentado junto a la ventana que está abierta, sentirás que tu pelo se rebolotea con el viento y lograrás viajar a ninguna parte, lograrás sentirte como deseas.
No es muy difícil escapar, no es muy difícil darse cuenta que te tienes a ti mismo y puedes imaginarte cosas tan maravillosas con materiales que dispones desde siempre (excepto el ventilador, claro). Puedes ser humano si así lo quieres, puedes relajarte sin usar pastillas, puedes relajarte sin desahogarte con gente cercana a ti.
Asúmelo, eres grandioso porque eres persona y tú mismo puedes evitarte explotar.
8.1.12
47. Atentamente ... Yo.
El presente se queda viejo y el futuro aún no da a luz. Ya el último cigarrillo aún consume el presente, no tarda en acabarse bajo la noche profunda que oscurece cada minuto que pasa hasta que el séquito de las estrellas dance al compás del silencio.
Hoy la noche estuvo tranquila sin quebrantos dentro del ruido, la cama que era alumbrada por luz que provenía de la ventana se encontraba ordenada, los ángulos estaban perfectos dentro de las sábanas que calentaban a dos cuerpos fríos e inertes que juntos posaban sus partículas en la más discreta calma que pudiera haber tras haber cerrado los ojos masticando el perfume de cada uno, aquella boca que se llenó de ti ahora yace apagada, aquella boca que se llenó de mí, ronca sigiloso en mi pecho cobijando aquellos solitarios días en los que tan desesperadamente anhelé por aquella piel que protegía mis huesos del olvido, aquella piel que su perfume me enloquece completamente, aquella piel que me hace soñar el cielo en tu cara.
Ya duermes y mastico las moléculas de esencia que dejaste entre mis labios, ahora descanso en el 'ahora' y más tarde querré nuevamente aquél ahora que se vivió en aquellos segundos, estoy seguro, estoy deseoso de verte a los ojos y reír sobre tu boca. Tocar tus dedos entre mis dedos mientras tu aliento penetra mi respiración.
Te extrañaré, me iré a tierras desconocidas que sólo conozco entre mapas, me iré, conoceré el viento salado de otra ciudad, dejaré una huella en la arena mientras mis pies se bañan en la fría agua de alguna playa. Me iré a recorrer más caminos que el sol da a conocer con su luz, y estoy seguro que en todo y total júbilo estarás dentro de mis pensamientos.
Duerme. Sueña. Sonríe.
El presente se queda viejo y el futuro aún no da a luz, aún no. El primer cigarrillo de la mañana aún se consume dentro del presente, no tarda en acabarse para acortar los minutos que me quedan bajo el cielo de ésta ciudad, se acabaron por hoy los momentos pero en nuestros sueños nos quedaremos en cada minuto que pase hasta que el séquito de las estrellas dance al compás de nuestros cuerpos.
Hoy la noche estuvo tranquila sin quebrantos dentro del ruido, la cama que era alumbrada por luz que provenía de la ventana se encontraba ordenada, los ángulos estaban perfectos dentro de las sábanas que calentaban a dos cuerpos fríos e inertes que juntos posaban sus partículas en la más discreta calma que pudiera haber tras haber cerrado los ojos masticando el perfume de cada uno, aquella boca que se llenó de ti ahora yace apagada, aquella boca que se llenó de mí, ronca sigiloso en mi pecho cobijando aquellos solitarios días en los que tan desesperadamente anhelé por aquella piel que protegía mis huesos del olvido, aquella piel que su perfume me enloquece completamente, aquella piel que me hace soñar el cielo en tu cara.
Ya duermes y mastico las moléculas de esencia que dejaste entre mis labios, ahora descanso en el 'ahora' y más tarde querré nuevamente aquél ahora que se vivió en aquellos segundos, estoy seguro, estoy deseoso de verte a los ojos y reír sobre tu boca. Tocar tus dedos entre mis dedos mientras tu aliento penetra mi respiración.
Te extrañaré, me iré a tierras desconocidas que sólo conozco entre mapas, me iré, conoceré el viento salado de otra ciudad, dejaré una huella en la arena mientras mis pies se bañan en la fría agua de alguna playa. Me iré a recorrer más caminos que el sol da a conocer con su luz, y estoy seguro que en todo y total júbilo estarás dentro de mis pensamientos.
Duerme. Sueña. Sonríe.
El presente se queda viejo y el futuro aún no da a luz, aún no. El primer cigarrillo de la mañana aún se consume dentro del presente, no tarda en acabarse para acortar los minutos que me quedan bajo el cielo de ésta ciudad, se acabaron por hoy los momentos pero en nuestros sueños nos quedaremos en cada minuto que pase hasta que el séquito de las estrellas dance al compás de nuestros cuerpos.
4.1.12
46. Nada
Ya no aguanto más la soledad que irradia por estos días, ya realmente me parece un sonido bastante molesto el silencio, el sonido monótono del inhalar y exhalar el humo del cigarrillo y el toser de mis pulmones negros.
Creo que la gente es más ciega de lo que creí, creo que la gente es más inútil de lo que pensé. Ya en ésta ciudad a nadie le importa nadie ni nada le importa nadie, no sé qué pasó con la neblina de felicidad que cubría los momentos que eran reemplazados por esa neblina de smog que atrofiaba la mente de las personas y las transformaba en robots, bueno, cada día esa "neblina de felicidad" ya se dispersa con los fuertes rayos de sol y los robots se ven aún más brillantes con la luz del sol.
No sé qué pretendes, D., con un vaso de vodka cada noche, no sé qué quieres evadir alcoholizándote de tal manera que tengas que vomitar entre letras y frases tristes lo que estás sintiendo por dentro, gritar en silencio que te estás pudriendo y marchitando. No sé qué pretendes escribiéndole a la nada esperando nada a cambio (si sabes que nadie va a escucharte o leerte nunca), sólo obtienes el frío de la noche que relaja tus huesos y llama a lágrimas de desesperación, creo que ya tienes los ojos muy hinchados de tanto llorar las horas vacías.
No sé qué pretendo con esto, la verdad, quizás sólo desahogarme ya que nadie puede llegar a escucharme, el smog en sus cabezas es tan alto que el silencio abunda en sus oídos, un método suicida de escapar de todo sin abandonar nada, un instante autoreferente para sólo oír mi voz y escuchar aquellos pasos que deambulan por la casa, aquellos pasos que se sienten en la cocina y luego en mi habitación, pasos sigilosos y cautelosos, pasos silenciosos en busca de más alcohol al compás de la música de "Las Horas".
La gente en esta ciudad se transforma en una ameba de mercurio, sólo ellos se pueden moldear a su antojo, sólo ellos saben lo que la felicidad significa tras un computador, un teléfono, un fax, y un billete. Las ideas son invasoras, los sentimientos atentan contra todo el paradigma establecido en su sistema económico, o lo que sea. No sé, no me importan, realmente. Pienso que únicamente soy feliz en mi campo, en mi ambiente, con mis ideas, siendo libre. Algún día necesitaré trabajar, lo sé, y aquí estaré para cuando eso llegue; feliz y preparado para no ser un vacío robot.
27.12.11
45. Un Día
Me he vuelto casi paranoico al mirar que el reloj no avanza durante el día, los segundos son aún más lentos que las horas y los cigarrillos son aún más constantes y eternos que la ruta de la lluvia golpeando el tejado. Inventando en el momento un instante para desahogarme, para arrepentirme, para odiar, para embriagarme de los segundos que pasaron en vano, que se esfumaron y no dejaron jamás huellas porque son tan invisibles como el rastro del silencio, para mirar por mi ventana y notar que todo sigue tal cual está pese a no todo estar en su lugar.
¿Qué hago aquí?, ¿qué estoy esperando aquí?. Sólo silencio responde valientemente como siempre, sólo caras desenfocadas caminando inertes por el centro de la monótona y horrible ciudad gris y vacía, caras con ojos y miradas profundas, miradas que no dicen nada, sólo silencio, sólo inercia, sólo miradas con horizontes, sólo miradas cuadradas.
Yo parado en el medio, yo y mi sombra caminando, recibiendo el agobiante sol que golpea nuestra frente, ese sol que te hace sudar del odio y ennegrecer esa piel que has cuidado por todo el invierno, ¿cuándo se acabará todo esto?. Quiero volver a sentir el frío estremeciendo mis huesos, el tiritar de la mano cuando prendo un cigarrillo, el calor de mi bufanda y mi abrigo, el frío y congelado aire golpeando mi cara cuando camino por la plaza del pueblo al que tanto amo. Extraño mirar desde la calle el río que tan fuerte pasa en el invierno, extraño mirar los cerros cubiertos de neblina que me advierten que lloverá en cualquier momento. Quiero ese frío que me hace extrañar más a las personas, ese frío que característicamente conllevaba a comprar un café donde la "comunista loca". Quiero ese frío que el lugar se me hacía irrelevante, quiero ese frío lluvioso en donde la gente en la ciudad se ve hermosa, donde la gente no habla, sólo camina.
Muchos afirman que el verano trae libertad y vacaciones, a mi me invita a encerrarme y enclaustrarme. Mi verdadero verano comienza cuando éste se termina.
25.12.11

[Nuestra Revolución] - 2010.04.16
Nuestra revolución no dura tres meses, tampoco comenzó con una idea clara ni
un objetivo presente. Pienso que todo acto crea conciencia, y el estandarte con el que luchamos es un sentimiento a una idea, o una idea de un sentimiento. Es revelarse ante uno mismo con la cabeza bien en alto, con una copa de vino y un cigarrito si es posible. Aunque yo tengo mi propia plantación de vides, con la que genero ese vinito con un sabor que te transporta a un mundo onírico, en donde sólo escuchas una voz compleja; en donde el eco del silencio suele ser el ruido más bello de tu existencia, como el de los pinos en el invierno, o la lluvia golpear sus propio conjunto de gotas en el suelo.
Nuestra revolución comenzó sin una canción, sólo con una mirada y varias frases que fueron tejiendo una bella cosquilla en la guata, la música vino después, cuando ambos tomamos un crochet e íbamos creando bonitas formas en espacios vacios, espacios que sólo tenían heridas, y así creamos un chaleco para cada uno, un chaleco que era indeble, pero siempre que nos veíamos lo haciamos más resistente, no nos daba frío entonces.
Te regalé una palabra que cuando me llegó de vuelta me mantuvo con una sonrisa estúpida, yo no comprendía y no sabía si realmente quería poseerla, nunca estuve seguro de un principio, pero al ver ese chaleco tejido por ambos me convencí de que tenía que ponérmelo para así luchar más seguro, sin armaduras ni armas, sólo con una vaga e insegura idea, siempre la usé como bandera
El sol se hacía más bello, y dormir acompañado aún más placentero, el sonido del mar golpeaba mis ojos, mientras el salado vientecito nos acompañaba en cada uno de los pasos con los que tatuábamos cansadamente a la arena. Cuando llegaba la hora en que el sol necesitaba ir a alumbrar otra parte, nosotros nos mirábamos sobre un colchón, a veces brindando, otras veces intercambiando ideas para nuestra revolución, pero siempre observando cada movimiento en nuestro mirar.
Hubo una vez, en que nuestro mundo desapareció, lo cubrió nuestro mar, se destruyó todo, incluso pensé que no volvería a ver ese místico oleaje en tus ojos y que jamás podría deleitarme con tu inmadura maduréz, ni menos con tu voz, esos días no quería vivir, mi figura cambió mucho, mi mente casi no estaba en la tierra, el frío dentro de calurosos momentos de verano era eterno, mi único compañero fue el alcohol, no quería inhundar nuestro mundo, frecuentemente lo visitaba, pero estaba solo, pero aparte de tejerme un chaleco que me cubría del frío, me regalaste tu escencia, eso me mantenía vivo, porque te sentía cerca, estaba perdiendo la lucha, mi bandera se desgastaba, pero todos los días buscaba en la escacéz crayones, no quería que nuestra bandera se destiñera más. Cada segundo fue un martirio, un cáos en la insertidumbre. El sereno no ayudaba en nada, sólo me empeoraba, él fue un imbécil, siempre me dió noticias trágicas, y yo nunca quise asumirlas, hasta pensé en desgastarme completamente para volar hacia tí, sólo para que me dijeras "sigamos luchando, todo está bien", con esa sonrisa habitual, esa sonrisa que desde el primer momento me enamoró secretamente. Mis generales no me dejaron abordar la misión, me dijeron que era inútil, que esperara a que el minuto me regalara noticias, que el tiempo me dijera si realmente seguir luchando. Fue una fea época, y deseo pedirte perdón por no haber cumplido nuestro compromiso, ¿recuerdas que íbamos a juntarnos para volver a ser uno?, mis caballos de acero no me respondieron y necesitaba calmar a mis generales, el pánico era constante, incluso en mí (los segundos en que dejaba nuestra revolución en segundo plano). A las semanas mis superiores me dieron noticias de tí, y supe que seguías sonriendo, pero con los ojos hinchados de tanto llorar de miedo y preocupación.
El sol comenzó a brillar, pero las nubes se anteponian a un bronceado perfecto en nosotros, pasó casi un mes en el que nuestros caballos permanecieron en el establo descansando, no podiamos hacer nada, pero ambos decidimos planchar nuestra bandera y alzarla, dar nuestro discurso y montar a nuestros caballos para un encuentro patriota. Nos dimos un fuerte abrazo, como esos que a pesar de todo lo que ha pasado en nuestro mundo, podemos levantarlo. Y así lo hicimos, reconstruimos puentes que sirvieron de comunicación constante, ahí nadie más nos pudo separar.
¿Te acuerdas cuando estuvimos a punto de renunciar a la lucha?, yo quería seguir, pero tú estabas inseguro si mover tu caballería a otras tierras, intenté darte todo el apoyo posible, pero creo que fue inútil, me resigné, realmente me resingé a tener que guardar nuestra bandera para dejar nuestra revolución sólo en el recuerdo. Lloré, mi figura volvió a cambiar y me asimilaban a un muerto, cada vez se me veía más putrefacto y carcomido por el olvido, el licor era un personaje clave en mis noches de auto-insomnio, el himno de Ángeles Negros no faltaba entre mis lágrimas, y cada suspiro era dedicado anónimamente a tí, no quería más. Dicté una fecha personal para volver a las atalayas en otra tierra, no te dije nada, sólo quería partir. Pero, recuerdo que sostuviste mi mano, fuertemente, ahí comprendí que nuevamente estaba acompañado, y galopamos juntos dejando todo atrás, con lágrimas en nuestros ojos, pero juntos para afrontar a cualquiera.
Hoy en día, nuestra revolución continúa, te insertaste en un círculo del cual no puedes salir, un círculo que realmente me hace un poco de daño, pero lo comprendo, necesitas comer, necesitas avanzar, y nuestro estandarte sostenerlo, pero dejarlo como segundo plano. Créeme que me hiere un poco, nunca me he acostumbrado a la distancia y por primera vez sentí tu distancia física, porque la lucha en nosotros sigue de pie y firme como siempre, pero no te niego el odio que siento por todo, desearía crear un cuartel para que alberguemos juntos, en el que quizás no siempre pueda sentir tu aliento ni el olor de tu cuerpo, pero por lo menos siempre ser apuñalado por tu mirada, esa mirada que el primer segundo estaba cubierta con anteojos oscuros, pero que no dejé de mirar cuando las gafas desaparecieron.
Nuestra revolución, ¿la comprendes?, ¿la sientes?, hemos luchado mucho, pero no estoy cansado de hacerlo, mi bandera dice tu nombre y mi ideal relata el concepto de amor, a nuestra manera, a nuestro modo juntos.
Me arrepiento tanto de haber tenido ganas de abandonar mi lucha, de abandonar la sombra que el sol me regalaba cada vez que me miraba, pero ya no me veo oscuro, porque nuestros colores pintaron varios murales que relatan nuestra historia.
Recuerda algo, para siempre:
La vida es eterna en cinco minutos.
No dejemos que el tiempo nos olvide, no dejemos que nuestras lágrimas y nuestra lucha sea en vano, nunca, porque toda lucha es parte de momentos, aunque ésta acabe tendremos los mejores recuerdos de cada segundo, nunca perdamos esa escencia.
Nuestra revolución no dura tres meses, pero brindo por la que hemos sostenido y créeme que me ha hecho enormemente feliz, no bajemos nuestras banderas, sigamos con la frente en alto, hay varios segundos que ocupar aún.
[Carta] - 2010.17.06
No había mucha gente por los alrededores. Una fría y tóxica llovizna que caía del cielo plomizo borraba los contornos y envolvía a los escasos transeúntes en un manto de niebla que les daba un aspecto fantasmal, como idos de sí mismos, olvidados en la realidad sumergida del sistema que bloquea su capacidad de razonar.
Cada segundo teñía el cielo de un color más oscuro y sólo las ténues luces alumbraban un poco el camino a casa. Ya no se escuchaba nada, ya no veía nada. Sólo prendí un cigarro y compartí el silencio con el precioso humo que mezclaba sus partículas con el frío viento. No paré de caminar.
He vuelto al punto de partida y había avanzado mucho. El álgido silencio que sentí al momento de llegar a casa, la inseguridad y el terror. Todo se repetía, no quería que sucediera otra vez, no quería caer ... denuevo.
Las palabras "quizás deba devolverme" se tatuaron en mi flemático corazón y sentía como se distorcionaba todo. Suelo ser redundante, pero otra vez me siento terriblemente asqueado de todo (bueno, casi todo). Desearía que aquellas palabras tatuadas dentro de mí fueran sólo algo temporal, algo que yo mismo pudiese borrar, pero creo ser tan inútil. Me encuentro parado, fumando e impotente. ¿Qué puedo hacer?, dímelo. No quiero que te vayas y más aún, no quiero que ambos caigamos nuevamente en el miedo que comenzó a destruirnos hace unos meses, que aquellos cigarros se consuman solos y que las cajas de vino retumben en mi cabeza a tal punto de ahogarme en mi mismo, en esa mierda de mundo que creaba en mi interior cuando me sentía solo.
Dime, ¿qué puedo hacer?.
Hemos superado tantas cosas juntos y ésta no quiero que nos derribe, llevamos tantas cosas construidas que comenzar a destruir sería caótico para ambos.
Las palabras sobran cuando te digo "te amo mucho", es tan limitante a lo que realmente sentimos.
Quizás sería más fácil y más sensato dejarte ir, dejarte descansar y por fin calmar tus lágrimas. Pero no me caracterizo por ser realmente racional al momento de sentir. Sé que puedo hacer mucho más por tí. Sí, soy ególatra y amo serlo, porque gracias a eso la seguridad en mis ojos tranquiliza tus labios.
Entre penúmbras recuerdo que son cinco meses que ambos decidimos estar juntos. Hace cinco meses comenzamos a construir una historia bellísima. Te prometo que al pensar en eso me tranquilizo y a su vez me asusto más; no quiero que la tinta de nuestras plumas se desvanezca, tenemos que seguir escribiendo cada capítulo, porque aún faltan demasiados tomos por redactar.
¿Sigamos siendo fuertes?, no aparentemos que todo está bien, sino que luchemos para que volvamos a estarlo como aquellos días de verano en que las preocupaciones se limitaban a "no alcanzaré a coger el tren".
¿Sigamos volando?, no tengo deseos de rendirme aún, y te llenaré de mi poco racionalismo para que ambos sigamos siendo los que solíamos ser y por sobretodo; lo que somos.
Ámame. Yo lo hago cada segundo, cada instante, en cada partícula derrochada de mi escuálido tiempo.
-Te amo, te amo mucho. Te diré apretándote fuertemente contra mí, así no caerás.
[Yo soy. Yo Estoy] - 2010.29.06
Mientras las nubes continuan su estúpido y bello curso por aquél pañuelo cian inalcanzable yo pretendo existir. También he logrado pensar, avanzar, crear, destruir, imponer, cambiar, razonar, sonreír, llorar, amar, odiar; existir, no es algo que haga habitualmente, pero a veces me es divertido existir, algo interesante tal vez, quizás también intrascendente.
Veamos a la gente ver la nada mientras pretende avanzar, sólo consume ésta rica belladona para que podamos danzar en el sueño de nuestra pasión, hazlo. Existir consiste en eso, en mirar sin ver, en sólo caminar por instinto, por eso te caes, por algo rompes tu nariz y no por nada tus rodillas sudan sangre, ¿acaso tú lo sabías?, ¿o sólo te llenas la cabeza de mierda y aumentas tus conocimientos para forjar tu ideal contestatario?. ¿Eres alguien realmente, alguien más que discernimiento podrido?.
Canta, baila, llora, sonríe, ama, odia, conoce, lee, aprende, opina, pelea, pero nunca; -te dispararé con violencia esto; nunca mueras, es lo peor que te puede pasar más estando en vida, más si tienes tantos sueños, nunca los abandones, nunca olvides que estás soñando constantemente, pero tampoco dejes de vivir por un sueño.
Creo que hace casi seis meses encontré un fuerte ideal para luchar; un ideal se piensa pero lo más importante de éste es que se siente, respiras siempre el olor del ideal, miras tu vida avanzar léntamente o rápidamente al ritmo de tu ideal, ámalo, respétalo, valóralo, pero nunca lo olvides, sólo déjate de soñarlo porque realmente existe.
¿Te confieso algo, David?, creo que nunca había tenido un ideal tan fuerte por el cual luchar, es algo que odio, pero que amo con toda, con toda mi puta alma y podría gritárselo a las nubes, o al pasto, o símplemente al silencio, así quebrantar todo tipo de regla; porque es un ideal, y toda idea revolucionaria va contra las reglas. Pero tú y yo somos uno porque compartimos la misma pasión, por la misma persona, nunca perdamos la lucha, porque estamos de pie gracias a aquél ente.
Ahora, ¿sabes lo que es realmente existir?, miremos las nubes avanzar con su ridículo y lento caminar, mientras la brisa acaricia nuestros cansados ojos. Nunca dejemos de luchar, nunca, más por algo que nos hace sentir completamente atiborrados (en el buen sentido).
...Vamos a jugar al bosque.
[Casi paraíso] - 2010.15.08

Ya los meses pasan completamente desapercibidos, los días y las horas se transforman en segundos atiborrados en bellas hojas callendo de los secos árboles, o de nubes goteando paisajes grises y gratificantes.
Meses en los que cada mínimo detalle es fotografiado por nuestros ojos cansados perpetuos a aquellas luces que tiñen nuestras miradas y cobijan nuestras emociones haciéndolas explotar con un beso, una caricia o simplemente un "te amo".
Me visto para la ocasión, cualquier cosa estará bien, cualquier tipo de ropa es presentable. Mis gafas para ocultar las negras ojeras que el sueño crea en mi cara. No, no están de más.
Las nubes pasan lento; el pasto verde tiñe el contraste de las personas avanzando fugaz y tediosamente; una tras otra. Mientras nosotros detenemos los segundos constantemente para sentirnos entre la gente.
Ya perdí el miedo, ya no me cuesta entregar todo de mí, ya no me preocupa nada. Todas aquellas trancas que sentí en un momento se fueron por el retrete, no existen y me alegra saber que tú fuiste el que las borró.
Son siete meses, cuántos cigarrillos tirados al suelo, cuántos pasos, cuántos cabellos caídos, cuántos segundos al viento ... No lo sé, pero es magnífico pensar en todo lo que hemos construido a base de nosotros mismos.
Te regalo cada lugar que he visto, te regalo cada partícula de aire que he respirado en todos ellos y cada sonrisa que he tenido.
Me encantaría compartirlos contigo, que juntos llenemos nuestros pulmones al mismo tiempo al ver la nieve, el campo o la playa, sería maravilloso compartir mi sueño contigo, ¿salgamos de la vida y vivamos?, te hace falta y creo que a mí también.
Sigamos caminando juntos como lo hemos hecho desde que nos conocimos. Sigamos alimentándonos de nosotros para seguir viviendo. ¿Te parece?.
Felices siete meses, realmente muy felices siete meses. Meses de altibajos notables, pero normales y superables, no opacan nuestras sonrisas ni nuestras miradas.
Te amo, te amo como a mi canción favorita, te amo como a los bellos paisajes de Chile, te amo como siempre lo he hecho e inclusive con más intensidad.
Vamos, no es tarde para aferrar nuestras manos, no es tarde para seguir construyendo nuestra vida juntos, sigamos caminando, pero ésta vez y para siempre; nunca más solos.
Te amo Rodrigo Benavides, te amo con todo mi cuerpo, con cada parte de éste. Te amo con toda mi fuerza y todo mi sueño, hasta con toda mis enfermedades. Eres el mejor, realmente.
Gracias por todo, eres mi vida y lo seguirás siendo.
[Help!] - 2010.24.09
Dejemos de desaturar los colores de nuestras sonrisas que cada día se oscurecen más y más haciendo contraste de un triste y solitario tango olvidado por las rosas.
Entintemos una bonita balada de invierno, donde las pequeñas y frías gotas salpiquen a nuestros labios y se mezclen nuevamente con nuestros ojos.
No escapemos de la realidad, no seamos -tan- efímeros, sólo sigamos viviendo en el mundo que tanto nos ha costado construir.
¿Me regalas esa sonrisa que me embriaga diariamente?, otra vez.
[No-Anorexia] - 2010.27.09
Desayunando lluvias entre mis paisajes;
que grandioso es colorear las sombras,
no así volver a caminar entre segundos descoloridos
que básicamente ya son parte del ténue pasado.
Almorzando sonrisas sinceras y calladas
entre escenas escandalosas,
donde el ruido del cliché se reduce a la compacta luz de nuestros achicharrados besos,
yertos en el tiempo, sólo para nos.
Cenando ya a la luz de las sombras
en donde las partículas vuelan lentamente
hacia nuestros ojos claros de silencio,
siempre encendidos,
jamás obligados,
nunca olvidados.
Nuestras horas perfumadas de nosotros.
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