1.6.15

86. Un día de aquellos.

Un día abrí mis ojos y roncabas a mi lado. 
Un día abrí mis ojos y te vi en una fotografía que acababa de tomar. 
Un día abrí mis ojos y te vi ebrio afirmándome y llevándome en casa. 
Un día abrí mis ojos y luego lloré después de una carcajada (esas de aquellas).
Un día abrí mis ojos y te fuiste temprano porque tenías cosas que hacer.
Un día abrí mis ojos y olí a café y tostadas con mantequilla.
Un día abrí mis ojos y te miré bien luego de haberte preguntado "¿estoy soñando?".
Un día abrí mis ojos y te molestaste porque prendí un cigarrillo.
Un día abrí mis ojos y nos reímos de esa vez que te caíste (o te boté).
Un día abrí mis ojos y te llamé en el mismo momento en que salí de mi primera clase en UNAB.
Un día abrí mis ojos y te tomé muchas fotografías (y vídeos) cuando jugaste un partido importante.
Un día abrí mis ojos y me molesté por cómo cuidabas los discos que te obsequié.
Un día abrí mis ojos y tuve mucho miedo de conocer a tu madre.
Un día abrí mis ojos y me emocioné cuando fuiste a buscarme a ARCIS (todas las veces).
Un día abrí mis ojos y moría del frío esperándote en la noche después de la clínica jurídica.
Un día abrí mis ojos y tu sonrisa llenaba todos los vacíos que tenía (desde el primer al último día)
Un día abrí mis ojos y me encontraba besando el cuerpo de otra persona pensando que era el tuyo.

Un día cerré mis ojos y tu pie rozaba el mío antes de dormir.
Un día cerré mis ojos para sentir tus dedos que bailaban en todo mi cuerpo.
Un día cerré mis ojos cuando me acosté en tu pecho. 
Un día cerré mis ojos cuando vi tus zapatos café sobre hojas secas y adoquines.
Un día cerré mis ojos porque me diste las galletas con chips más deliciosas del mundo.
Un día cerré mis ojos porque me enojé por alguna estupidez que no recuerdo. 
Un día cerré mis ojos cuando conocimos aquella pastelería que tanto nos gustó.
Un día cerré mis ojos cuando gritábamos las canciones de Nicole en el metro.
Un día cerré mis ojos en la Estación Central imaginándonos a ambos viajando en tren.
Un día cerré mis ojos cuando fuimos a "Huaso Carlos" luego de mucho tiempo.
Un día cerré mis ojos cuando cocinaste pescado y después de diez años quise comer carne.
Un día cerré mis ojos y me burlé de ti por todas las veces que te vencí en Mortal Kombat.
Un día cerré mis ojos y hasta el último día mis errores me pesaban cuando te besaba.
Un día cerré mis ojos cuando nos cortaron aquella película en la Católica.
Un día cerré mis ojos después de haber ido a ese local de sushi que tanto amamos.
Un día cerré mis ojos y nos veía tomados de la mano ya muy viejos.
Un día cerré mis ojos cuando preferiste decirle "te quiero" a otro hombre y no un "te amo" a mi.

Un día en un abrir y cerrar de ojos ya no estuviste nunca más.

25.5.15

85. Blank

¿Por qué cuando tenemos lo que necesitamos, por fin, anhelamos siempre (de una u otra forma) lo que alguna vez hemos perdido? 

11.5.15

84. La Vie en Rose

"[...] Le he dado todo lo que puedo, 
pero no es suficiente. 

Karma policía, 
le he dado todo pero aún estamos en la nómina de pago.
  [...] Y allí por un minuto me perdí, por un minuto me perdí".


              Sentimos vivir sin saber sentir la vida, y la desgastamos a tal punto que no creemos en que algo caótico pueda suceder de improviso. Pasa la noche y en la mañana te levantas, ves tu cara y te duchas, cantas algo o entablas alguna conversación banal con alguien que ves en las cerámicas empañadas del baño. Luego sales de la ducha pensando qué usarás y después te alistas; perfume, pase escolar, las llaves y los audífonos, quizás una leche o un jugo para el camino, y si tienes hambre un yogur con galletas. 
Será un día pauteado, o será un buen día porque harás lo que te propones a hacer. Verás a tus amigos y compartirás el tedio de la cotidianidad. No escapamos más allá de lo que sabemos, porque sabemos que nada escapará de lo que fielmente conocemos. Creemos tener las respuestas en base a la experiencia, pero cruzar la calle sin mirar a ambos lados puede matarte, aunque seas despreocupado y jamás te haya pasado antes. 

              La vida en rosa fue esta vez distinta, creímos que la experiencia era el motor para caminar las calles conocidas, pisar aquellos adoquines sin miedo de resbalarte a pesar de que llueve. Piensas en todo lo que te ha pasado y sólo quieres caminar más rápido, dejar todo atrás y, toda vez, avanzar. Lo logras, pero la experiencia no te ha contado de la precaución cuando no conoces una ruta, aunque sea similar, e incluso idéntica a las anteriores.
Las horas se vuelven stop-motion cuando, a mitad de la calle, ves un auto que de a poco se acerca y no tendrá piedad en arrojarte al piso, desangrarte, y quieres volver los minutos a la mañana cuando planeas en la ducha tus conversaciones durante el día, ya todo va lento y los segundos se detienen de golpe, cierras los ojos y lo cotidiano ya no es lo que conocías.

              Está todo tan difícil, nos enteramos de pronto que "todo lo malo se devuelve" cuando no necesitas saberlo, cuando tu presente es distinto a tu pasado y tu futuro se oscurece. Quizás me arrepiento de desear cosas malas, puede que en el odio haya refugiado el consuelo a las lágrimas, pero jamás quise el caos para nadie, porque no existe quien merezca perder su cotidianidad, abandonar su pasado y que su futuro se haya detenido en el mismo instante que mirabas aquél auto acercarse a ti, incluso la canción que sonaba a través de tus audífonos en ese momento te abandonó, se silenció. Ese es el instante que recordarás toda tu vida, aquél momento imprudente donde barajaste todo lo que sabías, donde la experiencia te eliminó del juego y la vida ya no fue más rosa. 

              Sentimos vivir sin saber sentir la vida, desgarramos los instantes valiosos, y ya no se puede volver al pasado. Eso no quiere decir que tu memoria no pueda colorear tu presente con la misma sonrisa que haz vestido toda tu vida, quizás es de los aspectos que nunca tendrán una metamorfosis y, tienes que saberlo siempre, nunca deberás cambiarla ni abandonar aquél espacio lleno que generas cuando tu presencia se presenta. Si bien sé que no leerás nada de esto, sabes que estás en mi corazón y en mi cabeza, ya no como antes, ya no como una construcción banal, un apoyo carnal, o una mano en tu cuerpo. Hoy es un paradigma distinto, hoy no quiero ser quién solía, sólo quiero ser y estar para que sepas que la vida, a pesar de todo, sigue siendo rosa, que un nuevo presente dará espacio a un futuro en donde mirarás atrás, reirás, sonreirás, y verás por la ventana mientras bebes un café, sientes la brisa de la mañana en otoño, y todo será mejor a como antes era. Ya sientes vivir, ya sabes sentir vivir. 


6.5.15

83. P.

                 La llegada de las personas no es casualidad, todas (tanto las buenas, como las malas) sirven a una complejidad, y con sus particularidades el mecanismo se activa. Tú, llegaste para iluminar aquel caos que las malas gentes tanto se esforzaron en gestar. Pintar la oscuridad con tus colores bellos, tus ojos perfectos y tus manos seguras. 
Sin darme cuenta secabas mis lágrimas y ahogabas vanos gritos de odio y pena, poco a poco hiciste de aquel caos una tormenta que comenzaba a quedar atrás, bien lejos, ambos la mirábamos en nuestra ventanilla, sólo eran nubes negras y cuando despegamos el cielo era celeste y tranquilo. Siento que asumiste responsabilidades que no te correspondían, he provocado en ti insomnios y lágrimas, mientras que tú solo lograste un campo completamente sembrado, en el que paulatinamente vemos diminutos brotes de colores varios, tus colores, mis colores, con nubes sin amenazas y un cielo limpio. 

                  Admito, no concibo tus colores fuera (lejos) de mi, que tu presencia ha sido lo único que me ha mantenido en dos pies, soportando el dolor de mis botas, por tanto tiempo. Llegaste oportuno y cauteloso, pisaste un terreno quebradizo, y varias veces nos tropezamos, pero tomaste un corazón completamente roto para que éste encontrara la paz que necesitaba, son tus ojos verdes y tu esencia pura los que lograron ponerme de pie para mirar hacia adelante. Avanzar.
Son nuestras horas las que nos han unido, son tus dedos los que en mi cuerpo logran aquel equilibrio necesario para mirar hacia adelante, "te estoy queriendo tanto que te estoy acostumbrando mal".
La tormenta comienza a ver el fin, los colores oscuros se desvanecen.
Disfrutemos juntos este final. 

21.4.15




"Si las copas dan consuelo, aquí estoy con mi desvelo para ahogarlo de una vez. Quiero emborrachar mi corazón para después poder brindar por los fracasos del amor".

82. Tres meses.

                ¿Para qué voy a mentirte? Esto lo esperaba, sin embargo lo quería toda vez nuevamente. Aquél viaje infinito se tornó inconcluso porque en algún momento, y yo sin darme cuenta, falleciste. Sí, en verdad no sé cómo sucedió, menos el porqué, sólo sé que en tres meses dejaste de respirar y tu corazón de latir, no me percaté hasta que, en cierta ocasión, escuché en los adoquines grises tus pasos al ritmo de tu inconfundible alegría, era imposible, eras tú que estabas de vuelta, pero fue sólo el eco de los recuerdos, sólo un momento de vulnerabilidad tras no aceptar tu muerte, sólo el fantasma de días nublados y noches lluviosas. 
Comencé a caminar solo, intenté que tu rostro no se materializara en besos y caricias en mis sueños despiertos, pero fracasé, de igual forma me esforcé para caminar sin mirar atrás, pero cuanto más enfocaba mi vista hacia el frente, más veía lo que ya era pasado, un espejo retrovisor en donde, cuan film, aparecías sonriendo estúpidamente por alguna trivialidad mía, el vacío de tu voz diciendo mi nombre y tus manos pidiéndome que jamás las dejara ir. Verte reír, sólo pensaba aquello cuando tus dedos se enredaban en mis manos, tus ojos que se abrían y cerraban cuando te besaba, y tu cuerpo en el que dibujaba mis huellas me era correspondido. Claro, toda esa imagen el dicho espejo reflejaba, no era más que eso, el pasado al frente de mi presente. Eras pasado, eres pasado, estás muerto, pero de alguna forma tu fantasma estaba aquí. 

                No te mentiré, recorrí el sur buscándome, pero te encontré en una que otra calle, caminabas adelante y yo ya me quedaba muy atrás, pero a veces olvidaba, por un instante que ya no existes (pero igual te vi), aunque eso pareció importarme poco, ya que, me resigné al luto porque creí que seguías acá. Prendí un cigarrillo, borré las lágrimas secas de mis ojos y construí una sonrisa. En ese momento fue cuando oí tu voz diciéndome que estabas cerca. Llegué a Santiago y comencé a buscarte poco a poco, rincón a rincón, y, adivina; te encontré. Traías una cara de niño castigado que me conmovió, corriste a abrazarme, te abracé y en un segundo tu cuerpo frío calentó los pedazos de corazón salpicados en el piso. Tomaste mi mano y te seguí, no dejé de besarte y me olvidé de lo anterior. Fuiste mío como yo también de ti, estabas helado pero no me importó, la ilusión de volver a ser uno gestaba aquella sonrisa que sólo el alcohol sacó antes; génesis de un momento en el que me llevaste a correr y yo te miraba saltar, brillabas ante mí y me sentí feliz por cinco minutos. El cielo nublado era perfecto y se veía llover, esperábamos la lluvia, pero tus dedos suaves me invitaban a continuar el camino. 
Vi adoquines por doquier y nuestros zapatos hacían eco en ellos, te vi adelante y apuré el paso para no perderte, ya el paisaje había cambiado pero la nitidez de tu silueta se hacía borrosa, comenzaban a pasar imágenes del pasado pero, sin embargo, te veía cada vez más difuminado. No entendí nada, pero en ese momento me importaba sólo alcanzarte, tu mano me tomó por última vez pero ahora tenían la misma forma de humo que de mi boca sale cuando fumo, te habías ido. Es desde ese momento en el que comprendí que estabas muerto, me llevaste a tu lápida en donde se inscribía un NN, para que te viera por última vez, descansabas en paz y yo no te dejé ninguna flor. 
                Me devolví a casa y no te oí más, no sé en qué segundo creí que un muerto podría vivir, quizás la ilusión de volver a tenerte jamás me abandonó, y no sé si me abandonará, pero al menos ya sé en donde estás, ya sé que tres o cuatro meses te bastaron para despedirte, sólo sé que tu nombre es un desconocido bajo una cruz rota, en un patio abandonado, ya sin flores ni adoquines, ya sin ilusiones ni viajes infinitos.




4.4.15

81. Como quisiera decirte.



          Un día como hoy (que no coincide con aquel día), hace mucho tiempo eso sí, tanto que la verdad no me acuerdo de la fecha exacta, sentí por primera vez lo que siento hoy. La ilusión de un presente que atañe con cobardía un futuro que suena en lo más profundo de los silencios, de los pensamientos, y de este brillo en mis ojos que, desde el primer día, ha sido el mismo y lo será hasta masticar la última partícula de un nosotros que se refugia nuestros labios de besos infinitos.
Reiterativas son aquellas palabras que usamos siempre para describirnos, igual que las frases que, insistentemente, podemos leer en nuestra novela. Quizás un cliché que define la gallardía de lo nuestro y el afán de los futuros que vemos en el presente, el abandono del pasado y el querer crecer para, toda vez, avanzar.

          Las horas pasan y comenzamos a detenernos en segundos que trascienden para herir nuestros ojos y alejar los pasos que alguna vez unieron esos adoquines que por las tardes de otoño, al unísono, marcaban nuestras huellas entre sonrisas. Nos hemos distanciado tanto, que los mapas no siguen la línea de la lejanía entre los dos. Me aferro a metas que veo entre ojos lacrimosos, susurro a mis sueños "nunca he dejado de amarte, nunca haz dejado de amarme" pero las palabras sangran en la noche, adoloridas e innatas, casi por inercia gritan y las acciones las callan.  
Son tres meses ya desde que no nos tenemos, desde que decidimos que queremos tenernos pero entre más decimos (reitero) las palabras se desangran y mueren allí mismo. No quiero más frases que sigan aumentando el número de semanas sin ti, siento que comienzo a apartarme, pero viajamos en el mismo tren pero distintos coches; yo miro por la ventana y tú también, pero no hemos notado que, a pesar de todo, compramos un boleto para el mismo tren y que nos bajaremos en la misma estación.

          Un día como hoy me siento triste, borracho y solo, pienso en lo mucho que quiero hacer y en los frenos de las palabras que colorean rojo las luces para avanzar. El hielo suaviza la amargura de este trago con sabor a lágrimas destiladas, teñido del brillo de mis ojos que te esperan en silencio y no tanto, que a veces contrastan con la ventana del vagón en el que miro dichos paisajes y, dibujándote tal y como un recuerdo que cae como aquella gota de la lluvia que choca en el pavimento y se mutila, como esas marcas áridas y desoladas en la ruta entre mis ojos y hacia los labios que te besan de cuando en vez. 
Recuerda que en tus bolsillos se encuentra aquel boleto que indica tu destino, no olvides que estaré allí fumando un cigarrillo en el andén de la estación, quizás no te des cuenta por la neblina paulatina que cambia de momento en situación, pero mi abrigo negro tiene huellas de tus abrazos que indican aquel perfume que ha acompañado los paisajes de tres meses desde aquel día nefasto, pero que en el andén se hacen segundos desde el momento en que no puedo olvidarte y te veo, que debo tenerte y que debo dejar de alzar apresuradamente el pañuelo blanco para despedirte, pero que sin embargo el tren comienza a partir lento sin dejar aún la estación. No me dejes, por favor, sube. Un día como hoy tienes el mismo boleto que yo, vamos por la mismo ruta, es innecesario suspirar más horas sin un nosotros. 





20.3.15

Siempre eres tú.


Esto es lo que se siente,
esto es lo que siente 
cuando acaba, 
cuando lentamente, cuando lentamente te matan.

Habito esta pena, habito esta pena como casa
tu sombra en mi cama
tu sombra en mi cama y no hay nada, nada.

siempre eres tú el que me quiebra, 
siempre eres tú el que me deja
y no quiere volver,
siempre eres tu el que me aleja del sol, 
me deja fría y de morir.

Qué raro es el amor, 
qué raro es el amor cuando me deja
quererte y odiarte,
tenerte y olvidarte, 
como si nada.
pero no es nada

Siempre eres tú el que me quiebra,
siempre eres tú el que me deja
y no quiere volver,
siempre eres tu el que me aleja del sol, 
me deja fría y de morir.

Siempre eres tú, siempre eres tú.



(Siempre eres tú - Francisca Valenzuela)

11.3.15

80. Angustia


Tus palabras cuan gotas de agua vertidas en el río,
se ahogan lentas porque no saben nadar;
Olvidaste hacerlas trascender.
(¿Por qué? ¿para qué?)
Tus frases brillan sin destello 
(otra vez).

En esta calle hay vestigios de ti mismo, 
están en abandono las risas que toda vez se sentían,
también los cuerpos inertes que jamás dejaron de moverse,
pero las palabras son agua que se secan bajo el sol,
son tan sólo un rastro perdido entre los adoquines de Santiago
y no eres capaz de colorearlas con verdades.

Tu sabes que te estoy esperando para el desayuno,
pero ahora la fruta se está pudriendo, 
el pan se puso duro
 y el café se enfría sobre el mantel de flores.
Deberás traer fruta, pan y café,
para volver a ser afortunados
(aunque no esté de moda),
y que sea jamás nunca una casualidad
el estar frente a frente,
y el sentir de ambos cuando no dejemos de decir que mi corazón es su casa.

Ven, 
que quiero brindar cada una de tus miradas enamoradas,
alzar nuestras copas luego de un beso sincero,
y juntos ver la muerte de las palabras que detienen el viaje infinito.
Ven, 
estoy esperando tu regreso y que nunca nos acostumbremos,
pero la angustia del silencio,
la comodidad de la sombra que pisan tus pies,
tu cuerpo inconsecuente
que todo convierte en vino, 
me embriaga más de soledad que de tu nombre entre mis labios de algún día lluvioso

Un día ayer no había angustia,
no existían palabras vacías ni copas llenas de tinto,
habían ojos que narraban nuestra novela.
Hoy a gritos digo "ven"
(sí, tú, siempre tú),
pero cierro mis ojos para pestañar
y sigues muy lejos
sólo te veo murmurando cosas que ya no puedo oír.

10.3.15

[2015] Mochileo solo

[Hotel Marsano, Temuco]

[Museo Ferroviario Pablo Neruda, Temuco]

[Playa Boca Budi, Puerto Saavedra]

[Lago Budi, Puerto Saavedra]

[Villarrica]

[Estación FF.CC, Loncoche]

[Patios, Estación FF.CC, Loncoche]

[Panguipulli]

[Parroquia San Sebastián, Panguipulli]

[Panguipulli]

[Puente Mecano, Los Lagos]

[Lago Ranco, Futrono]

[Futrono]

[Río Bueno]

[Entrada a Río Bueno]

[Estación FF.CC, La Unión]


[Purranque]





Si bien la idea del viaje era armar camino hacia Punta Arenas, por motivos externos tuvo que suspenderse y acortarse hasta Purranque. Prometo que en el próximo viaje llegaré a PUQ.



23.1.15

79. Aquél beso que no fue.

      Ayer, recuerdo, que no fue un buen día, no sé por qué de repente nació esa valentía de querer verte, quizás me sentía tan solo, o sólo necesitaba ser visto por alguien que realmente supiera y conociera lo que veía, tragué y exhalé aquél orgullo cuan humo de cigarrillo que me daña paulatino, no sé por qué, pero por vez primera fui un adulto, incluso un poco más que tú, pero tuve un segundo de fortaleza que quise ocupar de la mejor manera. No sé por qué.
Estuviste ahí y te recuerdo caluroso, quizás por la tarde o tras el beso que quiso extinguirse. No fue más que un beso entre un par de copas y palabras corto-punzantes, un beso que tu boca no me nombró y al parecer tampoco reconoció. Me nombraste distinto a mi nombre y eso es óxido para el motor de un auto antiguo, óxido que comenzó a carcomer las ilusiones que tenían su génesis tras dedos inocentes en alguna parte de mi brazo izquierdo, o el roce sutil de dos piernas desnudas que se buscaban, al parecer. Un beso; no quise jamás que se detuviera, mis labios estaban tan acostumbrados que sintieron lo mismo que el primer día en aquella roñosa cantina hace dos años, lo mismo que sintió mi cuerpo, lo mismo que mi alma, lo mismo que cada vena que socorre sangre, lo mismo fue por tantas horas que estuvimos juntos en estos años. 

       Sin embargo, el beso no significó más que un beso de despedida, me sentí seguro cuando afirmé que sería la última vez que nos veríamos, obviamente no quería que eso ocurriera pero así será, aunque tus palabras desalentadoras me hayan arrojado al infierno. Por otra parte, sé que mientes porque tus ojos no saben callar, pero mientras seguía la cerveza corriendo por nuestras cabezas, sentí que, al menos por un instante, podrías haberme extrañado y necesitado, la danza de tus dedos por mi piel que reconocía un terreno habitado por ti mismo no fue mentira, no fue sólo una remembranza para olvidar, no fue un recuerdo que se puede desechar, por unos minutos sentimos que aún no existía la palabra "fin" pintada en un letrero que indicaba el término de un "viaje infinito". Pero los segundos se transforman en minutos y estos se desprenden como pétalos de una rosa marchita, quise pensar que podía volver a casa apoyado en tu hombro, sosteniendo tu mano fuerte y mirarte para decirte lo mucho que te amo. Ambos sabemos que eso no ocurrió, y lo que quise, quiero y querré jamás sucederá. 

      Te culpo porque no tienes la gallardía de ser sincero contigo mismo, porque la compañía de cenizas te resulta más atractiva que la mía propia, porque fumando espero en vano, tú te encuentras en otro lugar de tu mapa, mientras que yo procuro mostrarte el camino hacia mí, el camino que no quieres caminar porque está empinado, porque es agotador, y porque es el único que hay. Lo sabemos los dos, pero quemar las naves jamás fue una de las muchas mentiras que dije, ya que lo que por ti siento son las ganas de caminar-el-camino para buscar adoquines cubiertos de polvo, cenizas y lágrimas.
Las palabras de los hechos nos destrozaron a ambos, no hay quien pueda recomponer lo averiado hoy, hay quien dijo cantando: "el tiempo sólo cura en teoría"  y ahora estoy tan de acuerdo. El tiempo sólo ha confirmado lo que ya sabía-que-sentía, he sido conmigo mismo totalmente honesto aunque las palabras en un principio no hayan sido aliadas, quizás no me arrepiento de la génesis de éstas, sino más bien no haberlas dicho en tu cara tras oír alguna explicación del despecho que ambos bebimos e incurrimos. ¿Fue, quizás, un acto de defensa propia? ¿escapatoria? ¿una absurda forma de querer volver a estar juntos?

        Aquí estamos, nuestras piezas no se mueven porque los jugadores no pretenden hacerlo, no sé por qué. He aquí tu cara al frente, mis ganas de besarte, y el alcohol que refrescaba y que rellenó los vacíos de un mes vacío.
Finalmente me besaste, posteriormente te he besado, y aunque preferiste nombrar cenizas antes que mi nombre, logré ver aquél letrero que pinta el "fin" del viaje infinito. Aquél camino empinado, del que hablé, comienza a llenarse de zarzamora y divisamos direcciones distintas en la rosa de los vientos. Preferí escapar, huir y evitar la despedida helada que dibujaríamos entre el abrazo del que sabía que no sería una opción desprenderme. No fue una acción madura y no me arrepiento de haber desaparecido entre las gentes de los espacios, quizás eso no sería tan doloroso como el beso que no me nombró, o el abrazo que nunca apareció. 
Sólo fueron besos entre labios que se conocían y que habían aprendido el arte de estar juntos, sólo fueron besos que no fueron más que eso. No sé por qué.

31.12.14

78. 2014.

      Lo cierto es, que dentro de todas las complejidades que viví en el 2014, de todas formas fue un año en el que comencé a forjar metas y a cumplirlas en su totalidad, recibiendo, incluso, más triunfos que derrotas, pero de igual maneras golpes que brevemente me arrojaron al piso, pero se transformaron en enseñanzas bastante trascendentes en mi formación, tanto personal, como profesional.

      Este año adopté uno de mis desafíos más importantes, que gracias al que fue mi pareja y familia pude llevar a cabo; me cambié de universidad con el fin de ser un profesional completo, y con altura de miras hacia el futuro cercano, pavimentando así un camino que se encontraba fuera de todo mapa. Me propuse cambiar de institución como también, de cierta manera, partir de cero. Atesoré lo que había aprendido en los tres años anteriores y lo utilicé a mi favor, sumado a la gallardía, como al miedo de lo desconocido, pero por sobretodo al fracaso, si bien la experiencia previa  no trascendió como esperaba, ostentaba la base crítica que es muy necesaria para mi carrera, y ésta, inmadura, fue creciendo y floreciendo poco a poco hasta transformarse en el presente. En un principio mis calificaciones no fueron buenas (habiendo acogido un método de estudio similar al que me daba frutos en la institución antigua), lograron darme una cachetada en la que sólo sentí el dolor, por lo que logré cambiar el switch y comenzar realmente a esforzarme como debía, pensando en un futuro haciendo lo que amo.       Una de mis primeras metas fue aprobar todos los cursos con excelentes notas, aunque esto realmente es importante para cualquier estudiante, lo vi en beneficio de las siguientes metas que me propuse, ya que, terminar mi carrera con notas paupérrimas no era una opción. Lo logré, terminé con ojeras imposibles y me volví mucho más exigente conmigo mismo, de igual forma con el resto, por lo que el primer semestre no se asimiló en casi nada al segundo, en donde vi una madurez importante como estudiante y un cambio notable como persona; comencé a realmente luchar por lo que quise (y quiero), a tomar una actitud diferente respecto de lo que significa ser estudiante, como también lo que trasciende de esto al momento de enfrentarse al "futuro", habiendo abandonado casi completamente la experiencia anterior, como también, lamentablemente quizás, a aquella gente que apoyó la idea, y posteriores ganas de irme de ahí.
         
      Dentro del segundo semestre comencé a interiorizarme dentro de mi contexto de estudio, ahondando aún más en lo que son los estudios coloniales y a enfocarme de lleno en ellos, analizar las particularidades del periodo, como también a los sujetos (mentalidades, gustos, sexualidad, y un extenso etcétera) y las instituciones, en fin, designé mi contexto de estudio y mis metas académicas en función de estos. A raíz de lo anterior, me motivé (gracias a la ayuda de mis cercanos) para postular a una ayudantía. Como muchos saben, sufro de pánico al momento de enfrentarme al público, por lo que exponer ha sido, sino, uno de los mayores desafíos que, poco a poco he ido venciendo, no del todo, pero continúo trabajando para ello. Respecto de lo anterior, postulé sin mucha fe al puesto de ayudante de "Chile Fundacional", y es aquí en donde encontré la primera barrera que detuvo la velocidad en la que iba; esa cátedra la cursé en la otra universidad, obteniendo nota deficiente para poder obtener al cargo. Ergo, postulé sólo pensando en que realmente la quería y que, si  bien las esperanzas de fracasar y no conseguirla eran mayores a tenerla, me mantuve tranquilo esperando lo peor. Entonces, al momento de postular tuve acceso a la entrevista con mi profesora, e insisto, sin mucha fe le expuse todo brevemente. Lo logré. Días antes de la navidad leo los resultados del concurso y mi nombre aparecía entre los ganadores del puesto, además de aparecer en el horario oficial de la carrera. Esta fue mi segunda meta lograda, por lo que, entenderán, comencé a sentirme orgulloso de mí mismo, puesto que jamás había visto logros con los que pudiera sentirme de esa forma (siempre he sido inseguro de mí mismo). Terminé mi año académico con más desafíos para el siguiente año, habiendo aprendido un montón. Por otra parte, 2015 es mi último año de pre-grado, por lo que seguiré creciendo para continuar sintiéndome orgulloso con aquellos triunfos que tan bien me han hecho, realizar una excelente ayudantía y que mi tesis sea leída. 

      Respecto de aquellas cosas que me arrojaron al piso, la primera fue la muerte de mi gata ("Pepi"). Esto dejó una gran herida, ya que, al ser mi primer gato, la amé como a una hija y más, aunque en un principio, me opuse a recibirla en casa. Hasta el día de hoy la extraño demasiado, y como se encuentra descansando en el jardín de mi casa, la saludo y me despido de ella todos los días cuando salgo y entro. 
      Por otro lado, me encuentro felizmente soltero, agradecido del pasado que me hizo cambiar para ser lo que hoy soy, y tener lo que hoy me pertenece. Cuando algo está muerto es imposible revivirlo, lo bello de vivir es dejar morir y asumir la muerte, y que descanse en paz, permaneciendo las huellas en forma de memoria, y que posteriormente se convierta en historia, admito que, uno de mis agradecimientos al pasado fue el impulso y empuje que obtuve para (vulgarmente dicho) "ser alguien", sin eso continuaría perdiendo el tiempo, pensando en esa adolescencia que se extendió gracias a la bebida y la juerga por tres años, dejando de lado todo vestigio académico que fuere en aquél presente algo que trascendiera. Le agradezco el haberme dado las fuerzas para confiar en mí y toda vez apoyarme dentro de lo académico. A lo anterior, obviamente, sumo a mis padres, quienes en todo momento creyeron en mí, quiénes me daban fuerzas para seguir adelante; mi padre, mi consejero, a quien le contaba sobre todas mis notas y me decía que la siguiente será mejor, o que cuando le daba las buenas nuevas se alegraba y llenaba de orgullo, y a apoyarme en todo cuando le dije que quería ser "más". Mi madre, por escucharme y darme las fuerzas que ella misma imponía en cada relato de superación respecto a sus clases de natación, importante han sido todos tus avances para lograr los míos. A mis niñas, en especial a Amelie y Pepi; siempre estuvieron conmigo cuando más las necesité, en mi cama, molestando o dándome algún cariño, escuchándome sin entender, quizás, conversaciones o bien exponiéndoles cuando debía hablar en público o tenía alguna prueba. A mis padres-abuelos, que siempre me dieron esa fuerza que me levantaba y me hacía sonreír, siempre creyeron en mí y se emocionaban, llenos de orgullo cuando les hablaba sobre mis triunfos.

      Es absurdo pensar que un año, por ser nuevo, cambiará un paradigma de forma radical sin haber hecho más que rezar los "quiero", es por eso que concluyo el 2014 de forma tranquila, satisfecha y mirando metas que van más allá del pre-grado que ya termina. De mis errores y aciertos puedo afirmar que no es necesario soñar por algo, es absurdo soñar, ya que eso significa que jamás lo conseguirás y que, además, esperas a que llegue. Hay que luchar siempre por lo que uno quiere, y lo que te arroja al piso valorarlo, ya que al momento en que te pones de pie, te vuelves alguien distinto al que eras cuando estabas en el suelo.
Bienvenido 2015.

                                                                       Gracias.


                                                                            A.



8.6.14

77. Simplemente, Pepi.

Hoy te busqué sin querer,
salí al jardín y recordé que dormías.
Te llamé mientras miraba el tejado y me acordé que descansas.

No sé si alguna vez entendiste lo que te decía,
o si me odiabas cuando procuraba besarte,
quizás no estuve contigo cuando más me necesitaste,
pero te amé en cada uno de los días en los que te acariciaba,
incluso hoy.

Ayer mientras te llamaba sabía que estabas durmiendo, 
pero de igual forma quería decirte "hasta mañana",
no sé si alguna vez entendiste mis palabras,
pero te las dije hasta el último minuto,
te las susurré cuando contenía las lágrimas 
mientras te sostenía y yacías durmiendo entre mis brazos.

En la semana te despediste de todos, 
sabías que hoy llegaría y querías prepararte,
yo no lo sabía pero no dejé de abrazarte,
incluso hoy que duermes en mis brazos.

Es hora de acostarte para que duermas,
no quiero soltarte pero debes descansar.
Hasta mañana Pepi.
Hoy te busco sin querer.
Hoy te extraño tanto como cuando me despedí.



D.L-R




















Pepi
2004 - 2014

Gracias por todo.

13.5.14

76. Pies a la rastra.


 Entonces ante el porrazo de una te pusiste de pie,
no quedaba vino blanco y preferiste irte a dormir. 
La cama grande está caliente, 
tu mujer descansa bajo las sábanas.
La casa grande está en silencio 
pero tu no puedes dormir.

Llega el día siguiente y el subsiguiente, 
pasan de a poco y tus pensamientos gritan;
entre la madera que picas para el invierno,
entre los asados que haces para dos,
entre la bulla del tren que te asomas a mirar.
Prendes un cigarrillo.
Paso a paso por el jardín 
te veo caminar a ratos,
te escondes para descansar y pensar,
me escondo para admirarte
porque cada día que pasa siento que te alejas más.

No te culpo,
me apeno porque los días pasan 
y no asumes que el sol se esconde para salir otra vez.
¿Recuerdas el auto que querías construir? 
Sé que puedes hacerlo,
sé que soy el único que confía en ti,
me encantaría cumplir tus sueños
de igual forma que tú realizaste tus metas.

Llevo en mi sangre orgulloso 
un linaje noble
que no necesita de un título,
porto entre mis recuerdos
las vivencias que me has contado siete veces cada una,
tus pasos entre mis recuerdos,
y la vida que pasó volando ante tus ojos.

Pies a la rastra levantando el polvo de la tierra,
a regañadientes sigues caminando
y de repente te detienes a fumar,
no te culpo y te acompaño,
te miro-mirar y me dices que estás observando,
valiosos tus pensamientos que aún esconden sueños
que a veces concluyen en risas,
otras sólo apagas el cigarrillo en silencio.

Llega el día siguiente y el subsiguiente, 
pero no te detengas sólo a mirarlos,
porque pese a que caminas con tus pies a la rastra
aún te quedan mil pasos por dar.



D.L-R


13.4.14

75. Cierro mis ojos

Amé como jamás amé,
cada día no cerré mis ojos para soñar,
me mantuve despierto para vivir.

Amé como jamás amé,
los paisajes se llenaron de adoquines
para caminar entre lluvias sureñas.

Nuestros momentos 
fueron viajes infinitos,
afortunados los pasos que dimos.

Ahora cierro mis ojos,
la incertidumbre ambiciosa,
la resaca de las palabras.

Tus ojos llorosos y la forma triste de tus labios,
un beso y te digo:
Amé como jamás amé;
te amé y te amo.

Los paisajes se llenaron de adoquines
para continuar el camino,
¡abrígate!
aún faltan inviernos para conquistar.


D.L-R

12.4.14

74. Sin hablar nunca de amor

Dices esperar de mi,
avanzamos juntos.
(Lento)
 Digo esperar de ti,
no existo,
estoy borracho.
(Repetir)
Ambos habiendo esperado
sentados sin moverse
llorando la vida debido a la muerte.

Otro gran trozo de mí muere esta noche.
tu amor de noche me llegó
y un claro día se me fue.

Otra copa, por favor
para un viaje infinito que no llegó.


D.L-R