30.3.14

[2013] Mochileo

[25.02.2013] San Rosendo

[25.02.2013] San Rosendo - Laja

[26.02.2013] Santa Fe

[26.02.2013] Collipulli

[26.02.2013] Collipulli - Viaducto del Malleco

[27.02.2013] Estación FFCC del E de Temuco

[27.02.2013] P.U.A

[27.02.2013] P.U.A

[27.02.2013] Camino a Victoria

[27.02.2013] Victoria

[27.02.2013] Museo Ferroviario Pablo Neruda, 
Temuco

[28.02.2013] Vilcún

[28.02.2013] Lautaro

[28.02.2013] Curacautín

[28.02.2013] Lonquimay

[01.03.2013] Icalma

[01.03.2013] Frontera Chile/Argentina

[01.03.2013] Frontera Chile/Argentina. Icalma.


[01.03.2013] Temuco

[02.03.2013] Gorbea
[02.03.2013] Valdivia

[03.03.2013]  Estación FFCC del E, Valdivia. 
Expreso "El Valdiviano"

[03.03.2013] Huellelhue - Pishuinco

[03.03.2013] Antilhue

[04.03.2013] Niebla

[04.03.2013] Niebla, camino a Corral

[04.03.2013] Fuerte Corral

[04.03.2013] Valdivia

[05.03.2013] Puerto Varas


[05.03.2013]  Petrohué - Lago de Todos Los Santos


[05.03.2013] Puerto Varas

[06.03.2013] Parque Phillipi

[06.03.2013] Canal de Chacao

[06.03.2013] Chacao, Isla de Chiloé

[10.03.2013] Castro, Isla de Chiloé




Recorridos realizados desde el 25 de febrero hasta el 12 de marzo.

28.3.14

73. Sexo



Más existe tanta fortuna 
que cuando cierro mis ojos,
es nuestra novela que yace desparramada en nuestros cuerpos
apropiadamente enredados.

Rechinan mis dientes al mismo tiempo que sonríes.


D.L-R

19.3.14

72. Memorias.



Tus ojos débiles brillaron ante los cristales de tus heridas.
Jamás te vi llorar el pasado,
jamás pensé que lo atesorarías entre mis recuerdos.
Seco tus lágrimas con sonrisas para que tus arrugas dibujen la alegría constante
de nuestras conversaciones.



D.L-R

71. Gracias, vino.

Hasta en las noches más solitarias 
bajo las oscuras estrellas que pretenden ser brillo nocturno
existe un cuerpo desnudo para poseer. 
Brazos de silencio y labios vacíos, 
la noche y sus caminatas ebrias.
Solo, 
totalmente solo.

Labios en tinto.



D.L-R

26.2.14

70. Paredes










 ( ... ) Los colores que ya no son blancos ni rojos, el sol se los lleva de a poco, pero los colores que en tu pasado eran eufóricos hoy se disuelven en tu silenciosa mirada. 

D.L-R

25.1.14

69. Nuestro momento: Viaje infinito.

"Yo seguiré el camino aunque tropiece y recuerde que te quiero conmigo, en realidad"

                                                                                                  El silencio coronó al silencio y las habitaciones lucían más vacías que el blanco de las paredes empolvadas con la tibia brisa anaranjada del atardecer. El cuarto ardía sin ruido alguno y las ventanas parecieron derretirse en algún momento. Es claro el oscuro momento por el que pasamos aquella vez. ¿Recuerdas? Nuestras pisadas no llenaban el vacío al unísono, fueron segundos en los que tus manos cuál vela rociaron de esperma mis ojos color ácido derritiendo la pureza de estos, el blanco se hizo transparente y recorrió mis mejillas por última vez, como prometí, quise perderte porque la batalla estaba perdida. No creo que ese haya sido mi mejor momento pero tampoco el peor, aunque quizás éste marcó un inicio-fin (o viceversa) dentro de ciclos de inmadurez que invitaban aquellos actos de rebeldía que aún no despojábamos de nuestra esencia, o quizás sólo caíamos en el juego cruel de las palabras que vuelan filosas junto al viento que refresca nuestros rostros en estos meses de verano.

"No nos rindamos" te pedí, clamé como mi última palabra hacia ti y hacia un nosotros que ya no existía, un nosotros que comenzamos a desmantelar sin motivo aparente. Así fue, no nos rendimos, no creí en tus palabras en esos momentos, durante días aguanté las puñaladas irónicas que brillaban en tus palabras, siempre he pensando en el por qué aguanté tanto, el por qué siempre estuve ahí cuando en la micro repleta pretendías ignorarme pero me mirabas de reojo sin que yo me diera cuenta, por qué mi voz romántica desquebrajada no te alcanzaba aunque te morías por decirme "te amo". La distancia coronó al silencio y el silencio era el leit motiv de los ropajes que vestíamos, silencio, silencio y silencio, nuestras pupilas se ahogaban en lágrimas pero aún así permanecimos sentados uno al lado del otro sin hablar ni moverse por días. Siempre estuve ahí, asumiendo mis errores absurdos queriendo remediarlos, dentro y fuera de esta habitación que ardía estando solo en ella. Una frase que resumía la consigna de la lucha de varios días que creí haber perdido, cuando bajé los brazos volviste con el mismo silencio a tomar mi mano y con esa sonrisa me hiciste sonreír, secamos las lágrimas y continuamos por este camino de adoquines que nosotros hicimos, cojeamos pero pese a las caídas, nos levantamos más rápido. ¿Te acuerdas? Una vez me dijiste que después todo lo recordaríamos riendo, no sé si realmente nos duela tocar nuestras heridas, tampoco pretendo a arriesgarme a hacerlo.
Del paquete semi-vacío cojo uno de los pocos cigarrillos que me quedan. Lo prendo. Inhalo. Exhalo. Sigo hablando.

                                                                                        Y de repente no nos importó nada, absolutamente nada, nuestra habitación comenzó a arder pero ésta vez no era silencio ni me encontraba solo, de repente no nos importó el ruido que pudiésemos haber hecho, la adolescencia se posicionaba en cada uno de nuestros dedos y a través de la experiencia del movimiento los gemidos llenaron cualquier vacío que hubo, llenamos cualquier espacio que pudiésemos haber descuidado y entre gritos y susurros el ser descubierto era algo que era intrascendente, era nuestro momento. Ya eramos uno, y pese a que el sol pegaba fuerte, creamos nuestro propio calor y sudor que desprendían ambos cuerpos que se movían al ritmo de la estabilidad. Fuimos uno, llenamos cada fragmento de silencio y permanecemos. Nuestras sábanas, único testigo de caricias efectivas que trascienden hasta ver el fin, seres complejos que se complementan cada momento, por el bien y el mal permanecemos; trascender, permanecer y pertenecer. Somos y estamos.

Es nuestro momento dentro de éste viaje infinito.






19.12.13

68. Ver el Fin...




No sé en qué momento los adoquines dejaron de pintar aquellas sombras que se desplazaban seguras, y que avanzaban rápido, aquellas siluetas que silenciosas se detenían para un beso tímido mientras hacían danzar algún dedo que no estuviese ocupado con un cigarrillo o un refresco. Era un viaje infinito de miradas eternas y profundas, que a pesar del calor del verano, o el frío del invierno, el ritual era constante. He conocido y sentido tanto sobre esos adoquines grisáceos que realmente mis ojos describirían bellísimas historias cual verdad expresan los latidos de mi corazón al mirarte. 
A veces cogíamos un tren que nos mostraba paisajes, otras veces un bus pero siempre existió un transporte que nos llevaba a algún lugar con adoquines para caminar, y así fue. Llenos de miradas llenas y palabras repletas que nos embriagamos con cada partícula de felicidad que había al final de la botella; aunque el camino no contemplara un atardecer que nos mostrara el final, sabíamos dónde íbamos, sabíamos que debíamos llegar al destino que eligiéramos a partir de algún mapa, pero ninguno de los dos sabía cómo era el camino que seguíamos, ya no habían adoquines y sólo piedras resbalosas, cada desafío fue un despertar para cada latido de nuestros corazones que bombeaban sangre, la sangre fluía más rápido y fina, nuestros dedos continuaron danzando en el roce constante mientras que nuestros ojos no se equivocaban jamás en acompañar sonrisas por segundo. El camino se tornó más difícil y comencé a caer por olvidar caminar, no sé cómo olvidé algo tan simple pero mis rodillas nunca habían sentido ese dolor. Cuando dejé de ver mis heridas tú caminabas un poco más adelante, retrocediste para alentarme y me levantara, lo hice, aún así caminabas más adelante que yo, tu espalda lucía hermosa a algunos metros de distancia, contemplé ese cuerpo del que estoy enamorado y corrí a buscarte para poder besarte, lo hice y seguimos caminando a paso firme al mismo tiempo que el sol se escondía y las luciérnagas despertaban para cantar, sólo que ahora tus pasos eran más rápidos que antes y el frío danzaba en nuestros cuerpos inertes que sólo caminaban sin mirar. 
Nunca pensamos que la noche llegaría y que no podríamos ver nuestros pasos, y que tampoco podríamos ver las piedras gigantes con las cuales ambos tropezaríamos. Eras tan hermoso bajo el reflejo de la luna que tu perfección no se vio nunca opacada vista desde el suelo, aunque estuvieses varios metros adelante de mi, te veía sin problemas, pero al parecer tú no me viste, estabas enojado porque caí pero no apreciaste el hecho de que me puse de pie y comencé a cojear, era difícil caminar con las piernas ensangrentadas pero lo hice sin problemas. Tú sólo seguías con prisa y la noche no concluía.
Seguiste caminando sin problemas pero no mirabas hacia atrás para ver cómo estaba, yo seguía cojo pero intentaba alcanzarte y hacerme notar bajo tus ojos negros, sólo pensabas en la sangre de mis rodillas y en las veces que me caí, pensaste que seguía en el suelo y que la flojera no me dejaba caminar, pero erraste, cojeaba tan rápido que cuando comencé a alcanzarte tú corriste, la luna ya no te coloreaba y el sendero era plano, te vi tan lejos que el frío congelaba mi cuerpo, tiritaba y corría a la vez, en ningún momento pensé si quiera en rendirme para devolverme o coger otro camino que me llevase más rápido a algún lado, no, seguía cojeando pero continué caminando para alcanzarte y rozar tus dedos con los míos que estaban helados, besar tus labios con los míos que tiritaban entre lágrimas, pero estabas tan lejos que ya no podía planear nada, estabas en un camino que no conocía y no sabía cómo alcanzarte. A ratos te veía caminando y alardeando de tus pasos, alardeando de tus conocimientos de excursionista pero también tenías heridas en las piernas porque caíste varias veces sin que yo me diera cuenta, eso creías, porque lograste ponerte muy rápido de pie. Era el fin, veíamos el fin, pero no del camino y tampoco juntos, mis caídas te significaron la impureza de mis pasos y la superioridad de tu inocencia, dabas por sentado que por haberme caído en zonas en las cuales no debí no era confiable continuar caminando juntos. No confiabas en que mis pasos querían ir a la par contigo, que mi cojera se sanaría unos metros más allá, no quisiste más que seguir solo, no quería que el viaje infinito fuera finito pero preferiste continuar sin mi. Tu terquedad y tu ceguera no pudieron más que ignorar que estaba a unos metros de ti, que en cada segundo me acercaba algunos centímetros, la noche era tan bella que tampoco observaste las estrellas que nos adornaban dentro del silencio del desierto en el que nos encontrábamos. 

Me han dicho que sigues caminando por tu cuenta, estoy seguro que te has tropezado varias veces pero no quieres que nadie lo sepa porque crees en la perfección, crees que tus pasos son los indicados y el individualismo ha despojado tus ilusiones. Jamás perdonaste mis caídas y nunca creíste que me pondría de pie, pensaste en algún momento que era demasiado flojo y esperaba tu mano con dedos tibios para que me ayudase, pero nunca me viste cojear atrás tuyo y ver que yo mismo podía ponerme de pie por mis propios medios. 

Vemos el fin de este viaje infinito y ya no somos afortunados, aunque no esté de moda ahora somos dos y ya no uno, dejamos que la casualidad más hermosa quedase extraviada en algún lugar del camino, pero así es, extraño el roce de nuestros dedos y las miradas cómplices que invitaban a un beso o a algo más, aún camino buscando tus huellas en la arena, quizás volaste o desapareciste, pero te sigo, para mi el viaje infinito continúa y cada lágrima es un clamor a tu cuerpo y alma en el silencio. Sigo cojeando pero ya he sanado. Vemos el fin que ninguno de los dos quiere, vemos el fin que ninguno de los dos siente, vemos el fin de la noche y ahora ya es de día, pero ni con ayuda del sol puedo ver tu rastro adelante de mí. 

Yo seguiré el camino aunque tropiece y recuerde que te quiero conmigo, en realidad.



10.11.13




Aunque de vez en cuando nos caigamos, debemos recordar que somos humanos y podemos levantarnos.  


Tú + Yo.







08/12/12 - 11/11/13... sumamos y seguimos.